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El poeta David Pulido Suárez. CARLOS ODEH
David Pulido: «La vida diaria rebosa simbolismo si uno la observa detenidamente»

David Pulido: «La vida diaria rebosa simbolismo si uno la observa detenidamente»

El autor grancanario presenta en la Casa-Museo Pérez Galdós nuevo poemario, 'Ni un leve trazo', el día 25 de enero, a las 19.00 horas

Gabriela Vicent

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 23 de enero 2024, 01:00

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Las tres heridas que describe Miguel Hernández, la de la vida, la del amor y la de la muerte son también los ejes cardinales de la poesía de David Pulido Suárez, y se ven plasmadas más que nunca en su tercer poemario, 'Ni un leve trazo' (Cuadernos del laberinto 2023), que presenta el día 25 de enero, en la Casa-Museo Pérez Galdós, a las 19.00 horas. No en vano, la vinculación del escritor y el centro museístico se remonta a sus días como alumno y, más adelante, guía de la casa natal del autor.

David Pulido estudiaba Filología Hispánica cuando se enfrentó por primera vez a las imágenes y símbolos de la mirada del poeta de Orihuela. «Esas tres heridas -vida, amor y muerte- son las de todos nosotros, con independencia del tiempo y el lugar, porque es nuestro fundamento existencial, los tres ejes insoslayables y necesarios en nuestro discurrir. La consciencia que tengo al respecto, su certeza diaria y el hecho de que es algo inherente a mi humanidad me impulsan inevitablemente a escribir sobre ellas», reflexiona el poeta acerca de la esencia de su creación.

'Ni un leve trazo', el verso que da título a la obra, procede del final del soneto de apertura, 'Carne cotidiana', donde la rutina nos evoca a través de imágenes la fugacidad de la vida. «En la poesía hay un recurso que me gusta mucho por cuanto tiene de inagotable: el símbolo; y la vida diaria, si uno la observa detenidamente, rebosa simbolismo», añade el poeta.

Cotidianidad física

«A partir de algo concreto, es capaz de evocar lo abstracto, que es lo que trato de hacer constantemente en mis poemas: recurrir a la cotidianidad física y observable para proponer unas reflexiones que abarcan tanto a la citada fugacidad como los otros aspectos que nos atañen como humanos», desgrana Pulido acerca de su proceso creativo.

Remontándonos en el tiempo, llegamos al germen, a la semilla de la creación poética. «Mi aproximación a la poesía se produce a través del desarrollo de la sensibilidad, de la capacidad de observación y del gusto por el arte. Además, nunca escasearon los libros en casa -cada uno de ellos acorde a mi edad-, de suerte que, sin proponérmelo, empecé a cogerle un gusto especial a las letras», rememora.

«Creo hacer una literatura que traduce al ser humano que soy y que puede ser, en esencia, cualquier ser humano». Pero, ¿por qué prefiere la poesía frente a otros géneros literarios? «Siento que con la poesía (que también se encuentra, ¡ojo!, en cierta prosa, pues lo que importa no es únicamente qué se dice sino cómo se dice), comunico con más acierto mis niveles de introspección. El símbolo, la metáfora, la comparación o la imagen son recursos netamente líricos que todos usamos muchas veces de forma cotidiana, sin percatarnos cuando queremos encarnar un pensamiento o sensación cuya descripción se nos escapa de las manos. La poesía nace, justo, de esa necesidad de darle forma a algo que percibimos inasible y, por eso, porque me ayuda a intentar aprehender lo inaprensible, me siento cómodo en ella», razona el poeta que, a pesar de licenciarse en Filología Hispánica por la ULPGC, ahora trabaja en el ámbito sanitario, muchas veces en el área de Urgencias, donde se enfrenta -de nuevo con cotidianidad- a la vida y la muerte.

La métrica

El uso de la métrica clásica, sobre todo a través de sonetos y décimas, deja traslucir su pasado académico, aunque suele combinarlo con el versolibrismo, a su elección. «No cabe duda de que mi paso por las aulas de Filología Hispánica lo es prácticamente todo en mi formación como autor. Sin embargo, soy del pensamiento de que quien decida adentrarse de veras en la creación literaria (sea prosa o verso) ha de conocer el oficio, venga o no del mundo académico de las letras. Conocerlo implica, entre otras muchas cosas, aprender a utilizar las herramientas del mismo (tanto las del fondo como las de la forma) como se hace en cualquier otra expresión artística», recomienda Pulido.

David Pulido.
David Pulido. Carlos Odeh

Los parámetros por los que se le preguntan no son fijos. «Todo empieza por una idea o una impresión inicial, cuyo futuro molde percibo o intuyo. Siento que a los versos nacientes les irá mejor tal o cual vestido estrófico, conforme a lo que quiero decir; de esta manera, podrá surgir un soneto clásico, otro en serventesios, un poema versolibrista, otro en verso blanco, una décima o un texto en prosa lírica. De uno u otro modo, cuando la elección definitiva está hecha, no ha sido nunca una cuestión de azar o capricho, sino de búsqueda del mejor modo de comunicar lo que a uno le bulle por dentro», aclara.

Su anterior trabajo lírico publicado, 'Décimas de juguete', estuvo escrito íntegramente en décimas, estrofa de tradicional arraigo isleño, pero no exenta de dificultad. ¿Cómo afrontó el reto, sobre todo teniendo en cuenta de que se trataba de un trabajo especialmente destinado al público infantil y juvenil? «Ese fue fruto de mis años como auxiliar educativo con alumnado con dificultades específicas del aprendizaje», contextualiza David Pulido. «Pasaba muchas horas en los colegios, en los patios, y observaba las interacciones entre ellos, sus juegos, sus cantos... y eso me inspiró. Escoger la décima no me resultó dificultoso pues hacía tiempo que venía familiarizándome con ella, leyéndola y escuchándola en las voces de repentistas como Yeray Rodríguez, entre otros muchos. Pero la seleccioné, concretamente, por la musicalidad que tiene y la facilidad que esto da para memorizarla».

María Dolores de la Fe

En 2007, obtuvo el diploma de Estudios Avanzados con la suficiencia investigadora 'Una aproximación a la vida y a la obra de María Dolores de la Fe Bonilla', personaje ciertamente aún desconocido de la historia literaria de Gran Canaria, más allá de su amistad con Carmen Laforet.

«María Dolores de la Fe no era, en rigor, desconocida, especialmente en los círculos culturales», discrepa el filólogo. «Aquel trabajo me permitió acercarme no sólo a la autora, sino a una persona culta, inteligente, aguda, muy bienhumorada, humilde, observadora y curiosa, que valoraba muchísimo la amistad».

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