El escritor Benjamín Prado. / EMETERIO SUÁREZ

«No creo que el alcalde de Madrid haya leído una sola novela de Almudena Grandes»

Benjamín Prado inaugura en la Casa-Museo Pérez Galdós el nuevo taller de lectura que repasará la obra de la autora madrileña

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

A Benjamín Prado y Almudena Grandes les unían muchas cosas, «desde la playa de Rota, hasta la literatura de Galdós», destaca el novelista y poeta. Madrileños y amantes de Madrid hasta la médula, les apasionaba batirse en duelo por los equipos de sus amores. Prado es socio del Real Madrid y Grandes llevaba los colores del Atleti en su corazón, aunque la mayoría de las veces ni siquiera veía los partidos, «para no sufrir», decía.

La muerte a destiempo de la novelista abrió una herida para aquel que se consideraba su hermano. Por eso, no ha dudado en aceptar formar parte de la apertura de un taller de lectura que pretende repasar la obra literaria de la escritora en la Casa-Museo Pérez Galdós. Dirigido por la escritora y periodista canaria Mayte Martín, la iniciativa arranca el próximo día 30 de noviembre, a las 19.00 horas, con entrada libre. Las reuniones se sucederán los últimos miércoles de cada mes.

Tras la trágica y prematura muerte de Almudena Grandes, en noviembre de 2021, Benjamín Prado declaró: «Vengo de enterrar a una hermana». Tal era la intensidad del vínculo que les unía, más allá de su pasión por las letras y el fútbol. « Era una amiga íntima, una persona a la que quiero y admiro, así, en presente: las personas desaparecen, los sentimientos no. Nos unían muchas cosas», recuerda el poeta renunciando al uso del pretérito imperfecto para hablar de su amiga.

El legado

En aquel momento, le dolió profundamente la actitud de ciertos representantes políticos con su figura, como fue el caso del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. No significa eso, sin embargo, que crea que no se ha hecho justicia con el legado de la escritora. «No necesita a los políticos», asegura el escritor. « A Almudena la mantienen viva sus lectores. La opinión del alcalde de Madrid es irrelevante: no creo que haya leído una sola novela de ella, ni que, en general, haya leído mucho. Por lo demás, la clase se tiene o no se tiene», sentencia.

Pese a todo, el multitudinario entierro de la escritora, con cientos de personas portando sus libros, recuerda mucho al de Galdós. Quizás sea ese el verdadero legado de un escritor, llegar al corazón del pueblo. «Llegar al corazón y a la cabeza», completa Benjamín Prado. «Sus novelas, como todos los buenos libros, te hacen pensar, te cambian la mirada».

Al igual que Galdós, Almudena Grandes levantó ampollas al destapar las tapas de las alcantarillas de la memoria de un país, los trapos sucios que casi todos querían lavar en casa, a través de la literatura. ¿Era una revolución necesaria y desconocida en el mundo de las letras en español? «No», responde rotundo el poeta. «Ni desconocida, ni una revolución, porque hay otras autoras y otros autores que han tratado asuntos parecidos en su obra. La obra de Almudena tiene una calidad y una seriedad enormes, no necesita ser original para ser extraordinaria».

Tampoco cree Benjamín Prado, como escritor, que la literatura se deba ejercer como militancia. «No, la literatura puede ser el lugar de expresión de unas ideas, o no, es sólo una de las posibilidades. Para mí una buena novela tiene eso y otras cosas: entretenimiento, hallazgos lingüísticos, acción, misterio...».

Sí que celebra, por el contrario, el espíritu que guía a iniciativas como el taller de lectura Almudena Grandes, que inicia próximamente la Casa-Museo Pérez Galdós de la mano de la escritora Mayte Martín. «Siempre es una buena noticia hacer cosas que reivindiquen y mantengan de este lado del más allá a una escritora tan estupenda como Almudena, me parece digno de celebración».

Su último libro

Como novelista, Benjamín Prado ha publicado este año 'Los dos reyes', la sexta aventura de su detective Juan Urbano, esta vez por Marruecos y en el Sáhara. La relación entre España y Marruecos siempre ha estado en la cuerda floja, más si cabe en estos tiempos. «Son dos países separados por su cercanía, como tantos vecinos», contextualiza el novelista. «Además, cada uno está en un continente y es la puerta de entrada o de salida al otro; la religión, la cultura, el sistema de Gobierno son muy distintos; y, sin embargo, es obligación de ambos convivir».

En la novela, Prado habla del asunto del Sáhara Occidental «y se dan pistas, dentro de una narración entre policiaca y de aventuras, para que se entienda por qué nosotros vemos allí un desierto y ellos un 'río de oro': hay allí dos grandes negocios, los fosfatos y la arena, el segundo bien natural más escaso del mundo, tras el agua, y que se usa para la construcción, las infraestructuras, los teléfonos por el silicio y la regeneración o creación de playas en Canarias, en Andalucía y otros lugares del mundo».