Réplica de la tumba de Tomás Morales en su Casa-Museo en Moya. / COBER

Leer al poeta con un siglo de distancia

El año en curso alumbra conmemoraciones y revisiones sobre la vida y la obra de Tomás Morales, fallecido prematuramente hace 100 años

David Ojeda
DAVID OJEDA

Hace un siglo que el verso atlántico de Tomás Morales enmudeció su arrullo, silenciado por la temprana muerte del poeta. Un centenar de años en los que su legado eterno de modernista innovador probablemente no haya encontrado el eco que ameritaba, arrinconado por académicos con ceguera que no fueron capaces de asir su nombre a un movimiento que le debería tener bien arriba en su escalafón fundacional.

Tomás Morales Castellano, nacido en Moya el 10 de agosto de 1884 y fallecido en Las Palmas de Gran Canaria el 15 de agosto de 1921. Esa será la fecha, mediado el año y con los rigores del verano, en el que los custodios de su obra y memoria lanzarán una serie de acciones para reivindicar su valor en las letras isleñas. Y en las universales.

Morales fue considerado el poeta del mar. Su obra bebió de aquellas influencias de su era, en las que Gran Canaria se abría al mundo desde su puerto. Ese realismo sin ataduras estéticas fue probablemente la forja que consolidó su obra. Pero como afirma Oswaldo Guerra en el texto introductorio de la reedición de 2008 de 'Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar' eso «no pasa de ser un mero encasillamiento, una simple etiqueta, a la vista de los numerosos y más profundos planteamientos críticos del momento entorno a su obra».

Interior de la Casa-Museo del poeta. / cober

El centenario del fallecimiento de Tomás Morales ya ha tomado forma en distintas iniciativas institucionales. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria sirve la descarga gratuita de su obra 'Las Rosas de Hércules' desde el pasado primero de enero.

Sin embargo, será dentro de unos meses, cuando la efeméride se estreche, cuando comiencen a desarrollarse la mayor parte de las iniciativas conmemorativas. La Casa-Museo que lleva el nombre del poeta, radicada en el municipio de Moya, el que le vio nacer, será un eje catalizador de estas acciones.

Así las describe su responsable, Guillermo Perdomo. «Estamos diseñando propuestas que lleven a Tomás Morales más allá de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria o de la Villa de Moya. Intentar que los 21 municipios de la isla se impliquen en tener presente y reconocer su labor, en realizar actividades que le tengan presente a él y al modernismo. Se da un hecho curioso. En el año 21 se da el aniversario y la isla tiene 21 municipios, como eslogan podría funcionar. Creo que la isla le debe un mínimo homenaje a Tomás Morales, funcionar como una piña para reconocerle como uno de nuestros más grandes escritores y uno de los poetas más representativo de nuestras islas», señala.

Y es que el director de la Casa-Museo incide en que hay razones de sobra. «Es un nombre que suena muy potente y que está muy arraigado al pueblo canario pero necesita mayor visibilidad. Darse a conocer de una forma más preclara. Merece la pena porque es un personaje que hizo las cosas de una forma distinta y permitió cierto cambio en la forma de expresar Canarias», aduce.

Personal de la Casa Museo. Guillermo Perdomo, su director, es el primero por la izquierda. / cober

Regresando a 'Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar', salido de la madrileña Imprenta Gutenberg en 1908, se puede hablar de una obra absolutamente rupturista. Aseguran los especialistas que la edición de aquellos poemas supusieron un giro estilístico inusual en la sensibilidad poética de su tiempo, tanto en las formas como en el espacio geográfico en el que se localizaba la influencia de sus versos.

Eso es algo que también acredita desde su posición de custodio en la Casa-Museo Guillermo Perdomo. «La poesía de Tomás Morales es una poesía que rompe con el modelo bastante clásico que se venía dando. Él interpreta el mundo clásico con el mundo contemporáneo aplicando nuevas técnicas, el modernismo. Todo el modernismo hispánico, que tiene una fuerza muy grande, no fue comprendido en España. Ni podían entenderlo porque necesitaba un trasfondo distinto. Surgió aquello que llamaron la generación del 98, muy del terruño, de Castilla y de la defensa de España. Pero el modernismo arraigó muy fuerte en Canarias a través de la figura de Tomás Morales, con ritmos, modos y vocabularios nuevos. Y todo eso abrió las puertas a que se dejaran de hacer las cosas de la forma antigua», explica.

Esa influencia azul del mar es evidentemente la veta más clara en la que localizar las musas del poeta. Su verdadero factor diferencial ante sus contemporáneos e, incluso, ante los que le precedieron. «El Atlántico es para Tomás Morales su mito. Y ese es su mayor reconocimiento», explica Perdomo.

Ese reconocimiento viene dado desde la irrupción de los 'Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar', donde el malagueño Salvador Rueda entinta en un poema a modo de prólogo que Morales es el «ígneo faro (...) para guiar las almas, la luz de la poesía».

En esos textos iniciáticos del poeta hay invocaciones a las tabernas del muelle, a nuevas botaduras, a el mar «como al viejo camarada de mi infancia».

Pero como refería la introducción de Guerra anteriormente citada, en la obra de Tomás Morales hay más asideros que la localización de sus musas. «Ahora predominan los lectores de lenguaje rápidos, que van a la emoción y no van tanto a la estética o al lenguaje. En ese sentido, él es un grandísimo poeta como un gran trabajador del lenguaje. Y consigue cosas que otros no han conseguido», señala Perdomo.

El legado de Tomás Morales parece constreñido en estos tiempos a las referencias físicas y geográficos. A una calle y a un instituto que llevan su nombre en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad en la que vivió y murió. Pero no hay una formación relacionada con su obra en la isla que ayudó a describir en su tiempo.

La Casa-Museo trabaja en la digitalización de su biblioteca. / cober

Guillermo Perdomo insiste, por su parte, en que el eco de su trabajo es mucho más perdurable de lo que parece. Por su influencia en el momento de su irrupción y por la continuidad que facilitó a sus sucesores. «Eso se verá cuando se haga una revisión auténtica, que no se ha hecho nunca porque el modernismo nunca le ha interesado a España, ya que es un movimiento que se asocia a la distancia de las colonias o de las posesiones con respecto a la metrópoli. Los modernistas van por la línea francesa y se alejan de lo que tiene que ver con Madrid. Por eso arraiga también en ese momento con Canarias, porque es un territorio que busca alternativas distintas. Aunque el éxito de Tomás Morales es rotundo y nadie lo cuestiona. Cuando aparece en 1908, siendo un estudiante de medicina, la gente no se cuestiona que eso es algo grande a través de unas formas magníficas. Por eso digo que el problema es que hay que revisar todo el movimiento porque el modernismo no es que acabe en una época, sus límites cronológicos se extienden mucho más allá como demuestra el caso de Morales junto al de Alonso Quesada o al de Saulo Torón. Ellos estaban cerca de la vanguardia, por eso no hay enfrentamientos entre ellos, porque los modernistas habían comenzando a hacer una ruptura a través del lenguaje musical, la musicalidad de esos versos», manifiesta en la sede del museo en la Villa de Moya.

Conservar y difundir.

Más allá de las medidas que se desarrollarán hasta el verano de 2022 para dar a conocer mejor la figura del poeta eterno, la Casa-Museo trabaja en la conservación y difusión de su obra. Su apertura se produjo el 25 de octubre de 1976 y desde ese momento han intentado dinamizar ese legado.

En este momento se encuentran en un ambicioso proyecto de digitalización de toda su obra, trabajando en el escaneo de prácticamente todo el material literario del que disponen en la biblioteca. Además, tratan de bordear los obstáculos impuestos por el coronavirus, que ha cortado el flujo de centros educativos con los que realizan actividades de visita durante el año. El objetivo en este momento es tratar de acercar la Casa-Museo a los centros de alguna manera.

También indica Guillermo Perdomo que la pandemia ha traído la aparición de más visitantes. La imposibilidad de viajar fuera de la isla en muchos casos ha multiplicado el número de visitas que se suelen recibir, un descubrimiento interior necesario.