«Los lectores se merecen el Premio Cervantes»

Editores y libreros agradecen la renovada pasión lectora, salvavidas del sector en el difícil año de la pandemia, que impide de nuevo la ceremonia de Alcalá

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Los lectores son los grandes héroes del año de la pandemia para los libreros y los editores. Han sido el salvavidas de un sector que atisbó las nubes más negras y que celebra hoy su gran día, sin la solemne ceremonia de entrega del Cervantes en Alcalá (por la delicada salud de Francisco Brines), pero con razones para el optimismo. Hubo incrementos de facturación y de ventas en sellos con menos novedades y en librerías amenazadas de cierre, que esquivaron la catástrofe con esfuerzo e imaginación. Vendieron más gracias a la fidelidad de unos lectores que apostaron por la cercanía del librero y recuperaron el placer por la lectura en lo más duro de la reclusión.

«El comportamiento de los lectores ha sido encomiable. Ellos han obrado el milagro. En marzo del año pasado pensamos en bajar la persiana para siempre, y al final cerramos un ejercicio con un incremento de ventas de un 10%. En algunos meses, tras el confinamiento, las ventas se dispararon hasta un 30% más», cuenta Felicitas Corvillo, Feli para todos, que lleva la friolera de 52 años en la librería Polifemo, en el Parque de las Avenidas, un barrio de clase media alta de Madrid.

«El cariño de los vecinos nos sorprendió. Sin su apoyo estaríamos cerrados. Tengo 68 años y podría estar jubilada, pero gracias al respaldo de los lectores sigo al pie del cañón», dice Feli emocionada. «Habría que darles a ellos el Premio Cervantes. Su apoyo ha sido milagroso», insiste con la voz quebrada.

Como tantos de los 4.000 libreros que hay en España, en Polifemo hicieron de la necesidad virtud. «Repartimos libros por casas y tiendas a unos lectores que vuelven a confiar en nosotros». «Antes esgrimían la palabra Amazon como una amenaza; hoy ya no es así; piden consejo y esperan y agradecen que les localices el libro que buscan», explica Feli.

«Las librerías son como farmacias de guardia emocionales y el libro un bien esencial, como el pan», asegura Patrici Tixis

«También yo creo que los lectores se merecen el Cervantes», coincide María Fasce, editora de Alfaguara, Lumen y Reservoir Books. «En un año que pintaba horrible, la paradoja son los buenos resultados y que el libro se haya consagrado como 'el' entretenimiento», celebra. Sus tres sellos aumentaron su facturación entre un 10% y un 30% sobre lo presupuestado, a pesar de haber reducido las novedades. «Con menos libros, han funcionado mejor los mejores. Se ha comprendido la importancia de las librerías, los lectores han hecho caducar el concepto de novedad y han buscado libros pertinentes», se congratula la editora.

«Ha sido un año bastante mejor de lo que podíamos pensar», coincide Patrici Tixis, presidente de la Federación de Gremios de Editores (FGEE), que destaca la mejora de un punto en libros no de texto pero lamenta la caída de un 10% del libro de texto y de casi un 50% en la exportación a América. Cuando se cierre la facturación global de 2020 podría igualar o superar los 2.420 millones de euros de 2019, aún lejos de los 3.185 millones de 2008, el récord antes la gran crisis.

También agradece Tixis la pasión de los lectores y de los pequeños libreros «que han sabido canalizar y aumentar las ventas». «Siete de cada diez libros se venden hoy en librerías, y el lector ha sido el salvavidas de un sector paradójicamente reforzado». «Cuando en mayo reabrieron las librerías, volvieron con más ganas y salvaron un año sin Sant Jordi y sin Feria del Libro de Madrid. Ha sido casi milagroso», reconoce Tixis. «Las librerías son como farmacias de guardia emocionales, y el libro, un bien básico y esencial, es a la cultura como el pan a la alimentación». Valora, además, que en un año tan difícil «se hayan abierto librerías, al menos una veintena en Cataluña». Optimista, cree que los datos mejorarán, pero reclama un pacto de Estado para el fomento de la lectura que acabe con ese 36% que no lee nada, y que se proteja a las librerías. «Entre quienes leen, no llegamos a un libro al mes. Leemos once libros al año, frente a los 16 de Francia. Somos una potencia industrial, pero estamos lejos de ser una potencia lectora», lamenta.

«Nuestra facturación aumentó este año en torno a un 5%», cuenta Ofelia Grande, editora de Siruela y agradecida al doble milagro de la vuelta de los lectores y de su aprecio por 'El infinito en un junco', el ensayo de Irene Vallejo que sigue dando alegrías y vida al sello, con 35 ediciones y 200.000 ejemplares vendidos. «Yo repartiría el Cervantes entre los lectores y los libreros, que han hecho encaje de bolillos para atender a los lectores con entusiasmo e imaginación», plantea.

Cansados de pantallas

«El año se ha salvado. Hubo un bajón lógico y una recuperación hasta quedarnos en un 10% menos de facturación que el año anterior», dice Silvia Sesé, editora de Anagrama, que redujo su oferta también en un 10%. Como sus colegas, cree que el comportamiento del lector ha sido «heroico». «Pensamos que todo sería tan catastrófico que el hecho de que se vendan libros y se recupere el espacio para la lectura es casi un milagro. Ha habido una reconexión con los lectores. Quizá se deba a cierto cansancio de las pantallas, que, junto al formidable esfuerzo de los libreros, que desplegaron una actividad enorme en redes y en sus locales y enviaron los libros puerta a puerta, se anticiparon a la posible catástrofe y recondujeron la situación», apunta Sesé con un «optimismo cauteloso». «No nos durmamos en los laureles ante unos buenos resultado que no sabemos si irán más allá de 2020. No se ha recuperado nunca lo perdido con la crisis de 2010», señala.

«Con 68 años podría jubilarme, pero gracias al apoyo de lectores y vecinos sigo al pie del cañón, dice la librera Feli Corvillo

«Repetimos las cifras de ventas de 2019 en España, y aunque en América ha caído muchísimo, la media de bajada sería solo de un 10%», añade Joan Tarrida, editor de Galaxia Gutenberg que se deshace también en elogios hacia libreros y lectores. «Hay que agradecerles que confiaran y compraran en las librerías pequeñas. Y a los libreros que aguantara el tirón y repartieran los libros por doquier. Ambos han sido los verdaderos salvavidas del sector», reconoce el editor que redujo un 20% sus novedades.

Siete títulos para hoy

1. Tomás Nevinson. Javier Marías (Alfaguara)

2. Independencia. Javier Cercas (Tusquets)

3. Sira. María Dueñas (Planeta)

4. Transbordo en Moscú. Eduardo Mendoza (Seix Barral)

5. Los ojos cerrados. Edurne Portela (Galaxia Gutenberg)

6. Klara y el Sol. Kazuo Ishiguro (Anagrama)

7. El infinito en un junco. Irene Vallejo (Siruela)