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Bernardo Atxaga protagoniza una nueva cita de 'El escritor y tú' en Puerto del Rosario. C7
«Lector y escritor forman una pareja indisoluble»

«Lector y escritor forman una pareja indisoluble»

Bernardo Atxaga, Premio Nacional de las Letras Españolas y referente de la narrativa vasca, está en Fuerteventura para hablar sobre su obra

David Ojeda

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 20 de abril 2021, 01:00

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'Obabakoak' fue el ariete con el que Atxaga reventó los goznes de la literatura nacional en 1988. Algo más de tres décadas después, este autor en euskera, afirma haber dejado de escribir novelas pero no de ser escritor. Premio Nacional de las Letras Españolas y referente absoluto de la narrativa nacional, hablará este martes de obra y método en el ciclo 'El escritor y tú' que organiza el Centro Bibliotecario Insular de Fuerteventura y comisaría el periodista Eloy Vera.

-Partiendo del nombre del ciclo, ¿dónde cree que reside en este mundo actual la relación entre el autor y sus lectores?

-Siempre he defendido que el elemento clave de esto que se llama literatura, y que realmente debería decirse leer y escribir o escribir y leer, es cuando el lector se sienta con un libro y se centra en las páginas. En la literatura la relación más importante es íntima. No es así por ejemplo en el trabajo de ustedes como periodistas o para los sociólogos o filósofos, pero en la ficción o la poesía siempre se necesita una vuelta por el interior de otra persona, en este caso del autor. Porque su obra lleva su espíritu.

«En la literatura la relación más importante que se da es la íntima, la vuelta por el interior del autor»

-Aunque no existe un escritor que no sea a la vez lector...

-No existe ninguna posibilidad de ello. Tampoco existe una palabra si no hay alguien que la entienda o la pueda responder. El momento en el que descubrí esta gran verdad tiene que ver con mi sordera, porque no escucho por uno de mis oídos. Fui al médico y le pregunté si era sordo o no. Y él me dijo que era un sordo social. Que quería decir que en un bar, en la calle o en una fiesta era sordo y no iba a escuchar nada. Pero en algo más íntimo no lo era. Y con eso quiero decir que el componente nuclear de toda la existencia es social, por lo que el lector y el escritor forman una pareja indisoluble e irrompible.

-Le he oído hablar de cómo probablemente durante la dictadura se ocultó mucha información a los lectores. ¿Cómo podremos sobrevivir a este efecto actual, en el que estamos suprainformados?

-Creo que es mucho más fácil orientarse en el desierto que orientarse en la selva. Y vivimos en la selva. En cambio, en la época en la que los libros estaban prohibidos había más facilidad para la orientación porque nunca dejó de haber una mínima información. Ahora es una selva enmarañada en la que no hay más remedio que tener la suerte de repente dar con un libro que te guste mucho y luego poder recomendarlo. Porque para esto es muy importante la conversación y aquello que llega de primera mano.

-Viene a Fuerteventura a hablar de su trayectoria, con perspectiva es un viaje largo...

-Suelo decir que estos 70 años que voy a cumplir son como un puesto de observación. Como subir a un montículo y ver tu vida. Creo que he atravesado como escritor etapas muy diferentes, que es algo que también me ha pasado en el plano social. Hasta los 14 años viví en mi universo en el mundo. Luego viví en el País Vasco de los 70 y los 80 en los que había mucha violencia, que es una experiencia que conocí en la Facultad de Ciencias Económicas donde me encontré con que había estado el año anterior Txabi Etxebarrieta que fue el autor del primer crimen de ETA. En las mismas aulas en las que había estado yo, y eso es otro universo que me atraviesa. Y ahora ya en los últimos años ya estoy en la posición de ver mi vida en una madurez física, que se puede entender como una decadencia si quieres. Como en ese soneto muy triste en el que Shakespeare se despedía de la carnalidad. Y ese es el momento en el que socialmente ni importas, porque hay un poema que dice que solo un viejo sabe cuando muere otro viejo. Y ese es el estado en el que estoy entrando, intentando, eso sí, hacerlo con humor.

-¿Es verdad que ya no va a escribir más novelas?

-Ahora estoy cerrando la casa. El año pasado tenía una sección en Eskadi Irratia en la que leía un par de folios. Y ese es el tipo de cosas al que me voy a dedicar. Es como un momento de retirada que prefiero enfocar así. Yo muchas veces leo a gente que utiliza un tono heroico y explica que seguirá hasta el final. Yo un poco antes de eso me voy a retirar. No me pega nada ir como los caballos trotando hasta el final. Ahora quiero pensar un poco y hacerlo tranquilamente para enfocar ese momento lo mejor posible.

-¿Como escritor en euskera entienda que la recepción en general a usar las otras lenguas del Estado se ha ido enfocando de una manera más perversa que décadas atrás?

-Seguramente tengas razón. Este mundo del que tanto se predica que es global, en todas las personas que tengo a mi alrededor y que considero sensibles a estos temas tienen una impresión contraria. Que se cierra mucho más a todo. Eso se percibe en muchísimas cosas. Pasa incluso con la música. Nosotros antes oíamos muchas clases de músicas, italianas, portuguesas. Aunque no entendiéramos nada, porque todo era como una especie de máquina que lo hacía funcionar y ahora es una especie de ruido y contaminación en la que no hay apertura a otras músicas. Siempre están las minorías que tienen que luchar en otros campos. Y esa lucha es mucho más difícil en este momento. Estamos los independientes, porque todos miramos un sistema muy poderoso que se ha inventando estos mecanismos y aparatos pero que nos dejan la sensación de que el mundo es cada vez más estrecho. Y hay que luchar con eso y el corolario de eso es que la gente luche por crearse un mundo dentro del mundo. Tienes que hacerlo porque si no el mundo te va a arrasar y te vas a encontrar silbando la última canción tonta que están promocionando. Hay que tener cuidado para que no te ocupen la mente y el espíritu. Y eso viene al caso de las lenguas. Siempre hay una minoría. Yo siempre he buscado al respecto gente simpática que practique la empatía. Creo que al menos ahora el Instituto Cervantes tiene una dirección, en la que está empeñada en que ahora estén representadas todas las lenguas y eso es un espacio que nos permite a las minorías estar ahí en esa lucha.

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