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Javier Marías, pasión por la vida

A mí me fascinaba la capacidad del autor de «Corazón tan blanco» de penetrar en el alma humana. Javier Marías era nuestro Dostoievski. Conocía todos los abismos humanos: la traición, la soledad, el amor, el tiempo, la mentira, el poder

MANUEL VILAS

El ejercicio de la literatura requiere un lento aprendizaje. La vejez de los escritores no existe. Que Javier María se haya muerto con 70 años es como si un deportista se muriese con 30. Marías era nuestro portento español y nuestro más destacado aspirante al premio Nobel, pues sus novelas estaban traducidas a muchas lenguas y su prestigio internacional era sólido. En todos los países europeos y en Estados Unidos las novelas de Javier Marías eran leídas y aplaudidas por la crítica. A mí me fascinaba la capacidad del autor de «Corazón tan blanco» de penetrar en el alma humana. Javier Marías era nuestro Dostoievski. Conocía todos los abismos humanos: la traición, la soledad, el amor, el tiempo, la mentira, el poder. Nos duele esta muerte porque todos intuimos que a Marías le quedaban aún muchas novelas extraordinarias que escribir. Muchos de los mitos de la literatura se actualizaron a través de su vida, como el mito del escritor indomable, independiente. Recuerdo, por ejemplo, su rechazo del Premio Nacional de Narrativa, que se le concedió en el 2012 por su excelente novela titulada «Los enamoramientos». Fue construyendo un prestigio alejado de los avatares políticos españoles. Pertenecía a la Real Academia de la Lengua, tal vez porque su padre, el filósofo Julián Marías, también formó parte de la misma. A mí siempre me conmovió esa fidelidad y amor a su progenitor.

Era un escritor orgulloso de su arte y muchas veces se mostró desdeñoso con la herencia española, pero escritor en español era. De los escritores españoles poco hablaba, más allá de Cervantes, y prefería hacer hincapié en sus influencias anglosajonas. Javier Marías fue un reformador de la novela española. Le dio una épica nueva, la llevó a zonas insospechadas. Fue, en ese sentido, un colonizador de nuevos territorios ganados al vacío. Con el magisterio de Juan Benet de por medio, Marías dio esquinazo al realismo español y llevó la novela a otros mares, esa operación de ensanchamiento fue un éxito y con ella se enriqueció nuestra literatura. La novela española, con Javier Marías, adquiría el mismo brillo internacional que lo hacía la democracia española en los años ochenta y noventa del siglo pasado, tras la larga noche del franquismo. España entera, y su literatura, se homologaba a otros países europeos. La muerte de los escritores es especialmente terrible. Es como si muriese la vida. Un escritor es, antes que nada, un defensor de la pasión de estar vivo.