Un instante del montaje teatral. / vanessa rábade

La 'Jauría' nos enseña un espejo

El actor Raúl Prieto nos guía por la obra que se verá en el Teatro Cuyás y que está construida sobre las declaraciones judiciales del caso de 'La Manada'.

David Ojeda
DAVID OJEDA

El 7 de julio de 2016 una joven fue forzada a entrar en un portal de Pamplona y allí fue violada en grupo por cinco amigos que se hacían llamar 'La Manada'. Tres años después, el Tribunal Supremo enmendaba una sentencia por «abuso sexual» de la Audiencia Provincial y tipificaba como violación y castigaba con 15 años a los sujetos que perpetraron aquel horrible ataque en una ya tristemente inolvidable noche de San Fermín.

España se abrió en canal con aquel caso. El país desenterró a sus peores demonios, se organizó un esperpéntico circo mediático, y la ideología, siempre la maldita ideología, intercedió en el debate de lo que básicamente había sido una de las más deplorables formas de comportamiento del ser humano.

Aquellos días son el sustento intelectual de 'Jauría', una escenificación teatral que la próxima semana llega al Teatro Cuyás (noches del 27 y 28) en formato Teatro Documento. El texto es de Jordi Casanovas y la dirección de Miguel del Arco, uno de los más reputados protagonistas de la escena teatral contemporánea.

La pretensión artística detrás de la obra es situar al espectador frente a un espejo. Hacerle partícipe de la reflexión, una inmersión literal y objetiva de aquellos acontecimientos. Esta producción de El Pavón Teatro Kamikaze toma distancia con las pulsiones a las que inevitablemente lleva el suceso al basar su texto únicamente en las frases literales que pronunciaron los implicados en las sedes judiciales.

Raúl Prieto, uno de los actores del momento por su interpretación del agente Elías Bermejo en 'Antidisturbios', es uno de los integrantes del reparto y la persona que arroja luz en estas líneas sobre el proceso de ensamblaje de este complicado reto escénico. «Había que tener cierta valentía porque es un tema delicado. Justo en el momento en el que empezamos a ensayar la obra estaba en un momento muy candente y todavía no se habían producido las resoluciones judiciales que ya todos conocemos. Había una sensibilidad muy exacerbada sobre el tema y se notaba en la gente como una especie de sensación de falta de justicia. En cualquier caso, el tratamiento que se le ha dado ha puesto de manifiesto que nosotros no íbamos a tocar los aspectos más morbosos», indica.

Prieto comparte reparto con Pablo Béjar, Fran Cantos, María Hervás, Ignacio Mateos, Franky Martín, Martiño Rivas y Javier Mora, que sustituye a Álex García, ausente en la isla por razones profesionales. La apuesta, como indica Prieto, era compleja. Pero ha alcanzado el reconocimiento del público y ha sido galardonada con el Premio Cultura 2019 del Ministerio de Igualdad Contra la Violencia de Género, el Premio Ercilla 2019 a Mejor Creación Dramática, el XXIX Premio Unión de Actores a Mejor Actor de Reparto, el Premio Max 2020 a Mejor Espectáculo Teatral y el Premio Max 2020 a Mejor Adaptación Teatral.

El actor salmantino siempre fue consciente de que esta obra manejaba material inflamable. Y lo que eso podría representar a favor, pero sobre todo en contra. Por eso invita a verla con los ojos más abiertos que nunca independientemente de las emociones que el caso produzca en cada persona. «Claro que tenía mi opinión personal sobre todo lo que había visto en los medios de comunicación. A grandes rasgos no me ha cambiado mucho la percepción, porque desde el principio tenía una visión en la que estaba muy seguro de que víctima solo había una y era ella. Quizá lo que me ha hecho ver la obra es que todos formamos parte de esa jauría. No tanto de manada, porque me parece que ese es un concepto positivo, en la que muchas veces colocamos a un violador en la posición de que es una persona que no tiene nada que ver con nosotros y nuestros comportamientos y nuestro estilo de vida. Sin embargo, lo que me dejó claro la obra durante el proceso de ensayos es que yo, y todo el equipo, teníamos más que ver con una sociedad que está enferma y que participa de una masculinidad tóxica que de alguna manera es cómplice de muchos acontecimientos terribles que pasan y de muchos abusos que sufre la mujer. Y darte cuenta de esto es un bombazo», señala.

Y es que incide en la perspectiva que ofrece un relato basado estrictamente en las declaraciones realizadas en los juzgados. «Tuvimos unas críticas previas al comienzo de los ensayos. Cuando la gente todavía no sabía ni que es lo que iba a ver, ni que íbamos a hacer, que es algo muy propio de este siglo. En el que le pegas una patada a cualquier cosa y sale un ofendido. Con esto sucedía que había una sensación de a ver qué sensibilidades íbamos a tocar. Pero el texto ya de por sí es teatro documento, todo lo que se dice y lo que se cuenta, se ha dicho en salas de la Audiencia Provincial o en el Tribunal Supremo. Por otro lado, no sé toca nada desde el punto de vista más morboso, se hace con todo escrúpulo. Y lo más importante es que más que tocar un caso concreto estamos hablando de un problema social que nos afecta a todos», cuenta.

Cuando se habla de 'Jauría' se incide en la metáfora del espejo. De esa interminable persecución de la expresión artística como motor de conclusiones. Y eso es en lo que Raúl Prieto incide cuando habla de lo que se va a encontrar el espectador que acuda al Cuyás. «Lo que tiene que hacer el teatro es plantear preguntas, no dar respuestas. Lo que tenemos que hacer es preguntarnos qué es lo que nos afecta en la vida, qué parte de nosotros se ve interpelada por lo que estamos hablando en la obra. No es ir al teatro para que nos digan y aplaudir exactamente lo que estamos pensando o criticar lo que no pensamos. Si uno va al teatro a confirmar sus ideas es muy poco interesante. Debemos ir con la mente muy abierta para plantearnos cosas que a lo mejor no nos habíamos planteado y cambiar, si es necesario, de opinión», subraya.

Además, el interprete cree que ese es un trayecto de ida y vuelta. En el que el teatro actúa hacia el que lo ve desde el patio de butacas pero también condiciona al que está encima de las tablas. «En todo el proceso de ensayos ese espejo nos lo ponemos también a nosotros mismos. Ese trabajo previo lo tenemos que hacer nosotros porque si no sería imposible meterte de lleno en lo que estás contando. Durante el trabajo de ensayos nos pasó de todo. Hemos atravesado muchas fases en las que hemos llorado o reído, a veces histéricamente como defensa ante la gravedad de lo que estamos contando y darnos cuenta de las zonas oscuras que forman parte de nosotros y darte cuenta de ello cuando lo proyectas.Comportamientos machistas en los que uno de repente se ve envuelto y te das cuenta de lo que los ha hecho toda tu vida», refiere.

Lo que tiene claro, es que esa forma de denuncia que plantea la obra es necesaria todavía. «Está claro que esto no está superado. Haciendo la obra y hablando con ciertos sectores del público te das cuenta de que nos queda mucho camino por recorrer».

'Antidisturbios' y la casualidad.

Raúl Prieto interpreta en 'Jauria' a uno de los condenados por violación de 'La Manada' mientras destacaba en 'Antidisturbios' en la piel de Elías Bermejo, que también tenía el perfil de un acosador. «La verdad que es curioso que me haya tocado ahora ser un actor que refleja una parte de esa masculinidad tóxica.Son distintos tipos de persona, pero una vez más es curioso que los autores y los directores se vean obligados a contar esta parte que nos toca muy de cerca, en especial a los hombres, de los problemas y los mandatos que un tipo de sociedad nos ha marcado y de los que participamos sin darnos cuenta. Últimamente me toca representar ese papel, pero muy a gusto porque, además, creo que es necesario hablar de esto», dice.

El éxito de la serie dirigida por Rodrigo Sorogoyen no sorprende a Prieto, que también encuentra más similitudes entre ambas propuestas. «Uno de las claves de la serie es que vemos a personas detrás de esos chalecos antitrauma. Con todas sus aristas, no son hechos de una vez y con una sola pincelada. Eso nos hace comprender que muchas veces uno es verdugo y, a su vez, es víctima de una sociedad», concluye.