Gloria Oliva ha logrado el Premio Internacional de Poesía Tomás Morales . / C7

Gloria Oliva: «Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, porque lo fácil es escribir de lo que gusta»

La ganadora de la 26ª edición del Premio Internacional de Poesía Tomás Morales asegura que escribe para que alguien se remueva

ÁNGELA DI CARLO Las Palmas de Gran Canaria

La grancanaria Gloria Oliva (Las Palmas de Gran Canaria, 1964), flamante ganadora de la 26ª edición del Premio Internacional de Poesía Tomás Morales con la obra 'Cazadores de hadas', asegura que no escribe poesía para gustar, sino para agitar. «Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, porque lo más fácil es escribir sobre lo que gusta a todo el mundo, y esa no es mi meta», explica.

«Si no te gusta como escribo, pero te he desestabilizado, ya con eso es suficiente. No pido que te caigas al suelo, pero si puedo, quiero que te caigas sin que te hagas daño y que te vuelvas a levantar, para que te vuelvas a caer al suelo», agrega.

Y es que sus versos no hablan de amor y de flores. «A mí me gusta escribir del desamor; no de lo bueno, sino de lo malo; no de lo limpio sino de lo sucio. Para muchos esa realidad puede ser muy insoportable. Me atrae el dolor, la desgracia, la pena y la injusticia. Hay gente que no lo ve, yo necesito ese desgarro y lo consigo a través de la poesía», explica Oliva. «La gente se asombra cuando digo que escribo poesías y me preguntan si todavía se escribe. Cuando entras a una librería no tienes que preguntar dónde está, porque siempre está al fondo, como los baños», añade.

También asegura que hay que explicarle a la gente que el poeta no siempre dice la verdad, tiene licencia para cazar y decir lo que le da la gana.

«Tiene que haber algo de ti en cada poema, pero no siempre serás tú el protagonista. A lo mejor es tu dolor, pero no el mío, y yo le sé poner las palabras. El poeta es un canal», añade.

La escritora asegura que lo primero que sintió cuando le anunciaron que 'Cazadores de hadas' había obtenido el Tomás Morales fue vértigo, responsabilidad y miedo, a la que vez que se preguntó por qué. Reconoce que aún no lo ha terminado de asimilar, pero que ha sido una satisfacción y mucho más en estos tiempos tan duros que vivimos, no solo por la pandemia sino por lo que está pasando la vecina isla de La Palma. Y está convencida de que seguirá presentándose a otros premios y tiene claro que quien se expone se arriesga a lo bueno, a lo malo y a lo peor.

Era el tercer poemario que presentaba al citado premio que convoca la Casa-Museo Tomás Morales. «Sabía que era difícil alzarse con el galardón, pero estaba convencida de que esta tercera entrega era fresca y nueva». Y es que este trabajo está realizado con la fotografía como excusa y para ello escogió 33 imágenes icónicas de la historia para hacer con cada una de ellas un poema.

Cuando acabó el segundo poemario, 'Horizonte de los dementes', necesitaba una excusa para seguir escribiendo y la encontró en la fotografía. La primera que le inspiró fue la ya mítica foto de la joven afgana con ojos verdes fotografiada durante la guerra de Afganistán, que fue protagonista de una de las portadas más famosas de 'National Geographic', en 1985. Y como la experiencia de escribir sobre una foto le resultó agradable, comenzó a buscar más imágenes que forman parte de la Historia, aunque también le entró la duda de qué más podía aportar ella, si ya estaba todo dicho porque «el fotógrafo se ha adelantado a ti y ha captado ese momento mágico, peligroso, horroroso y terrorífico», explica.

Por eso al poemario le puso de nombre 'Cazadores de hadas', porque «el poeta tiene licencia para cazar y lo puede hacer como si fuera real». Y reconoce que podían haber sido duendes, perros, gatos o lobos, pero que hadas le pareció una palabra etérea, tan simple y tan sencilla, que era lo que quería cazar. «Eso es lo que somos a veces los poetas, cazadores de instantes, de ir más allá. Yo miraba la foto y pensaba: me voy a poner a cazar hadas, tengo esa licencia. Tenía que hacerlo como si fuera real para que todo el mundo creyera en las hadas y eso para mí solo ocurre en poesía», resume.

Sin embargo, decidió seguir adelante y mirar la imagen desde otra posición, ponerse en otra esquina de la fotografía, en otro lado e incluso arriesgarse a mirarla desde donde estaba el fotógrafo. «Eso me llevó a buscar la primera fotografía que se hizo, que fue 'Vista desde la ventana en Le Gras' en 1826», asegura, y siguió con la primera de daguerrotipo, 'Bulevar du Temple'. Así que a la vez que se adentraba de lleno en el mundo poético se sumergió en la historia de la fotografía. Y en ese momento también se dio cuenta que detrás de cada una había una historia a parte de la historia que fotografiaba.

Las muñecas son la nueva fuente de inspiración para otro poemario

La mayor parte de las fotografías que inspiran este poemario la gente las tiene en su mente. Alguna vez las han visto, para usarlas como excusa para escribir de sentimientos, de dolor, de mentira y de pérdidas. La poetisa agrega también que es un trabajo realizado con el máximo respeto a los fotógrafos, porque se ha colado en su fotografía, no solo para hablar de lo que ellos hicieron sino como excusa para hablar de lo que pasaba ahí y de lo que les pasaba a todos los que estaban ahí, antes y después.

«Ellos captan un instante y yo tenía la posibilidad de llegar más lejos», sostiene.

En la actualidad tiene otro poemario a medias. En esta ocasión, su excusa para escribir han sido las muñecas y asegura que es un filón.

A través de ellas puede escribir de todos los sentimientos de la vida y tocar temas como la pederastia, los abusos, la infancia, el feminismo y el machismo, y también de esos niños que han sufrido queriendo una muñeca y no la han podido tener.