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Gay Talese, el pasado miércoles, a las puertas de su casa de Nueva York. EFE
Gay Talese se despide con una obra maestra

Gay Talese se despide con una obra maestra

El escritor, creador del nuevo periodismo, publica 'Bartleby y yo', una última declaración de amor a los personajes secundarios que han construido la historia de Nueva York

Álvaro Soto

Madrid

Domingo, 28 de abril 2024, 15:13

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Gay Talese, creador y maestro junto a Tom Wolfe de aquel revolucionario género que se dio en llamar nuevo periodismo (aunque a él le sobre lo de 'nuevo' porque asegura que siempre ha hecho periodismo, nada más), se despide de sus lectores en plena forma. El escritor norteamericano (Ocean City, 1932), que ha dejado a lo largo de seis décadas su sello en los mejores medios de su país y del mundo, cuelga la pluma con 'Bartleby y yo. Retratos de Nueva York' (Alfaguara), unas memorias en las que recorre sus reportajes más brillantes y firma el último de ellos, 'El browstone del doctor Bartha', que está a la altura de los mejores.

Superados ya los 90 años, Talese ha escrito un libro que es una delicia no solo para sus seguidores, sino para todos aquellos que aspiren a entrar ahora en la bibliografía de un periodista que supo captar como nadie, a través de la música, el deporte o la cultura, los cambios de la sociedad norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial.

En 'Bartleby y yo' este hijo de sastre que sufrió el acoso de sus compañeros por su origen italiano comparte sus hábitos de trabajo (por ejemplo, cuenta que siempre ha tomado notas en las etiquetas que le devuelven con los trajes en la tintorería) y desvela los entresijos de sus grandes artículos, como el ya legendario 'Frank Sinatra está resfriado', elegido por los lectores como el mejor reportaje publicado jamás por la revista Esquire. El reconocimiento demuestra el talento de Talese, que se pasó meses persiguiendo a una sombra, Sinatra, a la que nunca pudo de verdad acceder. Y sin embargo, solo con los testimonios de los secundarios de la vida del cantante pudo tejer un artículo que ha marcado el periodismo contemporáneo. La referencia del título a Bartleby, el escribiente de Herman Melville que «preferiría no hacerlo», no es casual, por supuesto. Durante sus siete décadas en el periodismo, Talese siempre ha disfrutado retratando a los Bartleby, y sobre todo, a los Bartleby de Nueva York, los personajes secundarios que han construido la Gran Manzana.

En este último libro, sin embargo, Talese habla más de él que nunca: recuerda su primer reportaje en el New York Times sobre un operario que cambiaba las luces del rótulo eléctrico que mostraba a la ciudad las noticias que se elaboraban en el periódico; revive la alegría de saber que una pieza suya iba a ver la luz, en un momento en que la competencia entre los reporteros era feroz y los jóvenes lo tenía muy difícil; y sobre todo, hace gala de una memoria prodigiosa (o de un archivo de notas sin fin) en el que vuelve a contar, como si fuera el primer día, sus entrevistas, con ese amor por los detalles que es la marca de la casa. «No pretendo sugerir que poseo una 'memoria absoluta' -algo que Truman Capote se atribuyó durante el proceso de documentación de 'A sangre fría'-, sino que considero que haberme pasado décadas entrevistando a gente sin la ayuda de una grabadora me ha provisto de una alta capacidad de retención», escribe el autor de decenas de reportajes en The New York Times, The New Yorker, Time, Harper's Magazine o la ya citada Esquare, y de libros como 'Honrarás a tu padre', 'Los hijos' o 'El puente'.

Pero no se conforma Talese en su última obra con vivir de las rentas. Para el final de 'Bartleby y yo' deja un tesoro, la historia del doctor Bartha, un eminente médico de Manhattan, corroído por las deudas y por un divorcio problemático, que hizo volar por los aires, con una explosión de gas, su lujosa casa en el Upper East Side antes que dejársela a su exmujer. No podía cerrar mejor su carrera Talese que con esta demostración de amor a Nueva York, la ciudad con la que se mimetizó para auparse al podio del periodismo.

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