El novelista grancanario JJ Armas Marcelo, en la Casa de Colón. / ÁNGEL MEDINA

«Galdós no sería hoy un escritor de vanguardia, pero en su tiempo lo fue»

El autor grancanario despieza en la Casa de Colón el día 10 de mayo la visión de Vargas Llosa sobre Galdós en su ensayo 'La mirada quieta'.

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

-Llega a la Casa de Colón dispuesto a desgranar 'La mirada quieta' de Vargas Llosa sobre Benito Pérez Galdós, una reflexión que no es, en todo caso, complaciente. Parte de una premisa: «Galdós no fue un escritor de vanguardia...».

-No estoy de acuerdo con Vargas Llosa, a pesar de mi admiración y mi amistad de 50 años con él. Él es liberal y yo soy socialdemócrata, ideológicamente. A mí me gusta mucho Proust y a él no. Detesto a Sartre, me parece un inteligentísimo vendedor de humo y a él, durante mucho tiempo, le pareció un escritor modélico, para después confluir los dos en Camus. Creo otra cosa: que Galdós hoy no sería, de ningún modo, un escritor de vanguardia, pero que en su tiempo lo fue. Un periodista de vanguardia y un escritor de vanguardia en aquella época. Discutido, por supuesto, y todavía, pero muy leído y comentado. Es uno de los escritores que tiene cátedra con su nombre en varias universidades norteamericanas. Bueno, ya se sabe, yo fundé hace once años la única Cátedra Vargas Llosa que hay y que aún subsiste, luego de haberla dirigido durante diez años.

-¿Cuál es entonces la premisa de su propia mirada sobre Galdós?

-Galdós es invariable, como Balzac, y tal vez como Dickens, muy superior a Zola y en la misma línea.

-Esa visión crítica, sin veneración, de Vargas Llosa hacia Galdós, ¿se puede extrapolar a la suya hacia Vargas Llosa?

-Claro que sí, lo que pasa es que yo he leído a Vargas Llosa durante más de 50 años, con lentitud y reflexión, y Vargas Llosa es un lector tardío de Galdós. Y creo que lo leyó todo demasiado rápido. Lo bueno es que se haya atrevido, como suele, con ese gigante y haya escrito un libro sobre su lectura.

-El Nobel también asegura que Galdós «ignoró» al narrador invisible de Flaubert. Dice que «se presentaba a sí mismo como personaje y luego se olvidaba de él». ¿Qué tipo de narrador es usted?

-Bueno, ni siquiera lo sé del todo. Pero, en fin, las 'interferencias' de Galdós en sus libros como narrador son muchas, pero todo depende de las ideas del lector, hay a quien le gusta y hay a quien no. Vargas se involucra en sus personajes, es visible su biografía en sus mejores novelas, y él siempre cree en el narrador que lo sabe todo. No todos los novelistas son así. Todo depende. Yo creo que al escribir está siempre la duda de lo que se recuerda, la experiencia, y la fundación de la ficción. Ahí estoy.

-¿Por qué abandonó la cátedra Vargas Llosa, que usted mismo impulsó, después de una década al frente del proyecto? ¿Se trata de una jubilación?

-Se han dicho y escrito algunas estupideces... La verdad es que le pedí la renuncia a Vargas Llosa en febrero de 2020, al inicio de la pandemia. No me gustaban los nuevos gerentes y sus maneras, no me gustaban sus planes, no me gustaban sus gestos. Mario me dijo que aguantara unos meses. Aguanté lo que pude, pero hice mis propuestas que no fueron aceptadas. Y entonces forcé mi salida. No estaba, a estas alturas de mi vida, para gastar el resto de la energía que me queda en discusiones para mí sin interés. Yo tengo mi experiencia y mis criterios y no los cambio por nada. Bueno, quería también jubilarme, para que esas energías fueran a la escritura que me queda. Y lo conseguí, eso es todo. No tengo hoy por hoy ninguna relación con la Cátedra, cuyo camino ya no me interesa nada.

-Usted explica que fueron sus primos venezolanos quienes le cambiaron el nombre a 'Juancho'. ¿Este guiño a América Latina fue una especie de premonición literaria? No ha dejado de tener presente al continente americano en su obra...

-Ese es un detalle. América, Cuba, Venezuela, Argentina (fui lector infantil de la gran revista 'Billiken'), estuvo muy cerca de mí, en mi casa y en mis estudios. Es una pasión vocacional, que se ha visto recompensada a lo largo de mis años de trabajo. Y sigo en esa batalla, voy con frecuencia, he viajado a América 263 veces en mi vida. Y me atrae mucho su literatura, el conglomerado intelectual, su historia y su leyenda.

-Cuba es otro lugar recurrente de su imaginario literario. ¿Cuántas cosas han cambiado desde las reflexiones que hizo en 'Así en La Habana como en el cielo' (1998)?

-A peor la mejoría... Hablo con frecuencia con escritores cubanos. Me recomiendan que no vaya, que me quede con la imagen que tengo de La Habana. Me dicen que todo está mucho peor. Además, han muerto muchos de mis amigos íntimos y otros han terminado viviendo en España. En fin, es un delirio de estupidez que todo esto esté pasando, como si el tiempo no le diera de frente a Cuba...

-Acaba de aterrizar de República Dominicana. Ha asistido a la Feria del Libro de Santo Domingo, un evento que ha definido como «la gosadera». ¿Todo en América latina se vive como una gran fiesta, hasta la cultura?

-Claro que no. América es un desastre político, económico y social, pero es un paraíso en la cultura y un museo vivo de la literatura en lengua española. Para mí es una 'glosadora', porque aprendo mucho escuchando a los paisanos de la calle, voy a cantinas, me siento en bancos de cualquier plaza popular, me acerco a la gente, hablo con ella... Pateo las ciudades que visito y eso sí es una fiesta que me hace reflexionarla y se me queda dentro.

-Cuenta entre su círculo a los mejores escritores del siglo XX. ¿De qué se habla en esas reuniones entre los 'popes' de la literatura? Supongo que no todo será Tolstoi y Balzac...

-No, claro. Hablamos mucho de literatura, de cine, de la vida. De política, de la realidad de lo último, de lo que está ocurriendo, y damos nuestros criterios sobre todo ello. Se aprende mucho. Siempre quise estar en mi vida con los maestros, aprender de ellos, y lo conseguí. De eso, que es un paraíso, a estar en un 'lloradero', borracho siempre y quejándome del mundo y del olvido en el que me tienen hay una diferencia filosófica tremenda. Soy un privilegiado, lo confieso.

-¿Qué le queda por contar? ¿Hay alguna cuenta pendiente en el tintero que aún tiene opción de verse impresa?

-Hay novelas que tengo por escribir. Estoy en 'Cuatro veces mariposa', la novela inspirada, sólo inspirada, en Mercedes Pinto, mi pariente directa, y en mi segundo libro de memorias, y seguiré, si el GADU (Gran Arquitecto Del Universo) me da vida y energía, con 'Ulises en la playa' y 'Las noches del Oliver'. Mucha tela que cortar todavía...

-¿Actualidad o ficción? A estas alturas, ¿sigue vivo el periodista crítico o prefiere evadirse en el mundo literario?

-Sigo siendo crítico con el mundo que vivimos, en el que, por regla general, mandan los locos imbéciles y activos. Se ha llegado a un grado de mediocridad intolerable para cualquier adulto con sentido común. La ficción escrita es un refugio para la libertad personal y un reto para un escritor con eso, como soy yo en estos momentos. Pero, lo siento mucho, hoy por hoy, estoy sano y fuerte.