Ken Follett. / Olivier Favre /Vídeo: EP

Ken Follet: «Me encanta la fidelidad histórica, pero también es divertido inventarse algo»

«No uso mis libros para mandar mensajes», dice Ken Follett, que acaba de publicar 'Las tinieblas y el alba', precuela de 'Los pilares de la tierra'

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

«Intenté documentarme acerca de qué ropa interior se usaba en la Edad Media y resulta que nadie lo sabe. Me encanta la fidelidad histórica, pero inventarse algo y utilizar la imaginación también puede ser muy divertido». Es un ejemplo del detalle casi enfermizo al que Ken Follett (Cardiff, Gales, 1949) ha tratado de llegar en 'Las tinieblas y el alba' (Plaza & Janés), su nueva novela.

Desde ayer en las librerías de todo el mundo, el escritor regresa a su imaginada Kingsbridge, 150 años antes de los sucesos que acontecieron en 'Los pilares de la tierra'. A lo largo de sus 936 páginas, el autor cruza los destinos de Edgar, un constructor de barcos; Ragna, una noble normanda casada por amor, y Aldred, un monje, con el de un malvado obispo, mientras los vikingos permanecen siempre al acecho.

«Cuando empecé a pensar en el libro», explica desde la biblioteca que el escritor tiene en su casa de Hertfordshire, «tenía dos ideas claras. Por un lado, quería contar el final de la Edad Oscura y el inicio de la Edad Media, con ese renacer de la civilización europea». Tres pueblos, el anglosajón, el normando y el vikingo, se disputaban entonces el control de buena parte de Europa.

«Por el otro -continúa Follett-, quería contar cómo el pequeño pueblo de Kingsbridge se transformaba en la ciudad próspera medieval que acaba siendo». Dice el escritor, que ayer reunió a más de cien periodistas durante la rueda de prensa virtual, que el conflicto que a menudo se produce entre quienes quieren avanzar y quienes no quieren el progreso, «un conflicto perenne, que existe en todos los países del mundo», podía dar lugar a las escenas dramáticas que, a su juicio, «necesita toda novela». «Las historias -argumenta- tienen que estar constantemente despertando el interés del lector y una escena solo es buena si el lector quiere seguir avanzando para ver qué pasa después».

A Follett le ha llevado tres años dar cuerpo y alma a 'Las tinieblas y el alba'. Durante el primero, se documentó y planificó casi al completo la estructura de la obra. El autor, que ha vendido más de 170 millones de libros en todo el mundo y ha sido traducido a 33 idiomas, visitó para ello catedrales en ruinas o museos como el que Oslo tiene dedicados a los vikingos. Tallas, tapices y arquitectura fueron claves para hacerse a la idea de cómo vivían. «No escribían mucho y si uno no tiene esos detalles, se los tiene que acabar inventando», desgrana. Utilizó el segundo año para escribir un primer borrador que compartió con sus editores y con expertos de cara a subsanar los errores históricos. Finalmente, «el tercer año, más que editar el libro, lo reescribo en su totalidad». Es así, comenta, como «obtiene estructuras más bellas» y mejora «la calidad literaria» de la novela.

De actualidad

'Las tinieblas y el alba' transita de la oscuridad hacia la luz, pero es curioso cómo algunos elementos de la novela, que tocan aspectos como la esclavitud -«en el mundo anglosajón, el 10% de los ciudadanos eran esclavos, pero es algo que los historiadores no mencionan cuando hablan de la historia de nuestro país», afirma-, pueden tener su correlación con lo que está sucediendo en EE UU. «Gran parte de mis relatos versan sobre las personas que luchan para conseguir algún tipo de libertad y en éste es la lucha por la justicia, porque entonces quienes impartían esa justicia eran los dirigentes locales y lo importante era tener buenas relaciones. Esto resuena mucho ahora que los gobiernos se están cuestionando el imperio de la ley. No utilizo los libros para mandar un mensaje a nadie pero es curioso que tengan resonancias y ecos en el mundo actual», dice contundente.

Frente al resurgimiento de los nacionalismos y los populismos, Follett es optimista: «Creo que es el pequeño paso atrás que hemos dado siempre a lo largo de la historia, para después dar dos pasos al frente», apunta quien decidió cambiar el 'thriller' y la novela de suspense por la novela histórica porque quería que sus libros «perduraran en la memoria». No cabe ninguna duda de que Follett lo ha logrado.