José Antonio Lobato

Fallece José Antonio Lobato, Armando Leiva en 'El Ministerio del Tiempo'

El actor, de 64 años, fue fundador de Teatro Margen y referente de las tablas asturianas

AIDA COLLADO Gijón

El teatro está hoy de luto. A primera hora de la mañana de este lunes, la escena perdía a un actor hasta la médula. A un compañero «como pocos». Al maestro de muchos, en el grupo de teatro Margen, que el mismo fundó. Al hermano de unos pocos que ahora se consuelan recordando el camino compartido. Porque vaya camino. José Antonio Lobato (Soto de Rey, Asturias, 1956) murió en Oviedo, con solo 64 años y una extensísima trayectoria que solo pudo truncar la enfermedad.

Durante su fructífera carrera, hizo de todo. Y aunque indiscutiblemente era hombre de teatro –dio alma a la compañía con la que compartía ya más de cuatro décadas y en la que dio vida a personajes como Otelo, Don Lucas del Cigarral y Edipo–, fue el cine y la televisión las que hicieron crecer su popularidad a nivel nacional como la espuma.

Hace solo un año estrenó dos películas, 'Enterrados' y 'Vitoria, 3 de marzo', aunque la lista de títulos en los que ha participado es muy extensa. 'La torre de Suso', '33', 'El pozu' y 'Humanos con patas' son solo algunos ejemplos. Las nuevas generaciones se acercaron a su trabajo a través de series de televisión como 'La zona', 'El continental', 'La catedral del mar' u 'Hospital Valle Norte'. Y sobre todo por su interpretación de Armando Leiva –«el gran Leiva», le lloraban en las redes– en 'El Ministerio del Tiempo'.

Profundamente respetado por sus compañeros, Lobato deja viuda e hija. Y deja huérfano, también, al teatro asturiano, que hace un par de años concedía a Margen el Premio Oh! de Honor, concedido por la Asociación de Compañías Profesionales de Teatro y Danza de Asturias. Decía entonces Lobato: «Nos empeñamos en vivir de esto de una forma digna y lo conseguimos a fuerza de cabezonería».

Con once años llegó a Oviedo, al instituto Alfonso II y, poco después, al grupo de teatro de la OJE. Allí conoció a la que consideraba «la persona más importante» de su vida teatral, Ceferino Cancio, quien «le metió el veneno en el cuerpo».

Ya no hubo cura. De ahí, al Conservatorio Superior de Arte Dramático, Música y Danza. «Eran tres años y lo saqué en dos. El primer año nos matriculamos de los tres cursos de una tacada», reía. Y, de la escuela, a la carretera, a los escenarios de todo el país.