Imagen de archivo del escritor grancanario JJ Armas Marcelo. / C7

«En España se cree que la cultura es un lastre de muertos de hambre»

El novelista grancanario será homenajeado mañana por la tarde en el tercer Festival Hispanoamericano de Escritores.

VICTORIANO S. ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

El escritor grancanario Juan Jesús Armas Marcelo habla de su adiós a la dirección de la Cátedra Vargas Llosa y sobre cómo lleva la escritura de la segunda parte de sus memorias y su nueva novela.

-¿Qué ha motivado su salida de la dirección de la Cátedra Vargas Llosa?

-En cuanto a los motivos, ya se sabe, la gente habla. Me han llegado noticias de todas clases. Chismes que hasta han terminado por hacerme gracia... La verdad es que le había pedido a Vargas Llosa, que es el presidente, la renuncia voluntaria unos meses antes. Cansancio de materiales. Me dijo que me quedara un tiempo y lo hice, y el tiempo llegó y eso es todo. Voy a escribir todo el tiempo. Acabar 'Cuatro veces mariposa', terminar 'Ulises en la playa'... Muchos proyectos. Mi salida de la Cátedra no implica mi renuncia a la escritura literaria, sino todo lo contrario.

CÁTEDRA VARGAS LLOSA «Mi salida no implica mi renuncia a la escritura literaria, sino todo lo contrario»

-¿Que la abandone significa que deja de estar vinculado a la misma o seguirá dentro pero en un escalafón diferente?

-En fin, ya no soy necesario. La Cátedra camina, a pesar de las dificultades. Es otro tiempo, otra administración, porque ha pasado a la jurisdicción de la Fundación Internacional de la Libertad, en Rosario, Argentina. Y no, no creo que haga nada más con la Cátedra. Dejé proyectos en marcha, cerré el pacto con la Fundación Ortega-Marañón, donde ahora reside la Cátedra; traté con el Instituto Cervantes la celebración de un acto de recuerdo y homenaje a los diez años del Nobel de Vargas Llosa, que se celebrará el 8 de octubre próximo. Y un homenaje, también con el Instituto Cervantes a la FIL de Guadalajara y al Hay Festival, además de poner en marcha el Gran Congreso de Literatura peruana contemporánea. Pero todo eso deben terminarlo mis sucesores.

-¿Afectará esa salida al Festival Hispanoamericano de La Palma o el compromiso de la Cátedra con la organización va más allá de su figura?

-No lo creo. Ese pacto se renueva cada año, con las mismas condiciones. La Cátedra ha ayudado mucho al Festival. Y, claro, en las mismas condiciones, con aportación económica por parte de la Cátedra, como hasta ahora, y con su patrocinio no creo que haya problemas de continuidad.

-¿Cómo se presenta esta tercera edición, marcada por la Covid-19?

-Bueno, con mucha esperanza. Creo que la voluntad de resistencia del Festival está probada. Las circunstancias no son buenas, no han podido venir los invitados de América ni de otras partes del mundo. Pero estoy seguro de que todo saldrá bien. El ambiente que se genera en La Palma es mágico y nos ayudará mucho a hacerlo bien.

-¿Se puede debatir sobre literatura con la mascarilla puesta, sin tocarse y con las manos oliendo a gel hidroalcohólico?

-Claro que sí. Son inconvenientes necesarios en estos momentos. Cualquier ser razonable lo entiende. Mire, creo poco en el género humano, no tengo mucha esperanza en el ser humano de hoy, al revés, soy muy pesimista. Vivo mi vida a espaldas de esa masa que se llama la inmensa mayoría, que la compone una multitud informa y sin responsabilidad alguna. Ya cualquiera habrá visto esa irresponsabilidad de la llamada «minoría», que es cada vez más mayoría.No hay remedio para la Humanidad.

-La parte de encuentro, de fiesta, de intercambio formal de ideas y reflexiones, de estrechar lazos es una vertiente fundamental del festival. ¿Es posible que se mantenga en esta tercera edición por las restricciones a las que obliga la pandemia?

-Esperemos que sí, y que se imponga, siguiendo la ley y las obligaciones, el mismo ambiente que en los anteriores festivales. Estoy seguro de que lo lograremos, y estaría bien que así fuera. Es necesario tener conciencia ahora más que nunca de la fragilidad de la que estamos hecho y de los peligros de los que no hacemos caso. Pero, hombre, reírnos y conocernos, lo haremos, hablar, chismear y discutir, lo haremos... En fin, lo haremos.

-¿Qué criterios tuvo el comité organizador para seleccionar a Ana Rossetti como primera autora para el estreno de la Residencia Aridane?

-Rossetti es una poeta consumada y consagrada. Una poeta seria, con una obra literariamente poderosa. Y esto es un criterio literario compartido. Creo que es una de las escritoras más adecuadas para iniciar la andadura de la Residencia de Escritores. Yo quiero que venga pronto Patrick Deville, que ya estuvo en el segundo Festival de Los Llanos, un gran maestro de la literatura de viajes que podrá enseñar mucho y aprenderá también de La Palma.

-¿Tiene fecha de publicación para la segunda entrega de sus memorias?

-Todavía no, pero puedo asegurar que no será en el año 21. Puedo terminar esa parte de mis memorias a finales del año que viene. Son las de los años 1980 al 2000. Creo que el 22 es buen año para que salgan a las librerías esas memorias. Si el GADU me da la energía y el entusiasmo que sigo manteniendo intactos.

-¿Y cómo va su nueva novela?

-Muy bien. Terminaré a finales de año. Es una novela de hadas, llena de acontecimientos mágicos. Inspirada en la vida de Mercedes Pinto ya no es la persona que fue realmente, aunque tenga que ver con su biografía, sino un ser autónomo y literario que se mueve en un universo literario y es otro ser muy distinto. Sólo se parecen en una cosa: las dos son personas mágicas. Y extraordinarias.

-¿Cómo llevó el confinamiento y cuál fue su principal asidero?

-Muy bien. Casi no cambié de hábitos. Yo vivo en mi casa, cómodamente, rodeado de facilidades y de muchos libros y discos, y con muy buena pintura en las paredes. Las paredes de mi casa huelen a paz. Usted pasa un dedo por ellas y se lo lleva a la nariz y le olerá a paz, a tranquilidad, a serenidad, a plenitud. Así pasé la cuarentena y así sigo, escribiendo y leyendo, ya sin las preocupaciones ni las responsabilidad de ordenar cada día el día en función de la Cátedra. El asidero es siempre la escritura literaria y la lectura. Y en los ratos libres, claro, las buenas series de la televisión. Yo en televisión no veo sino cine. Y un telediario al día, normalmente pésimo de ejecución, imagen y producción. Eso es parte de nuestra manera de hacer las cosas mal. En fin...

-La pandemia ha obligado a parar al sector cultural. ¿Cuando se supere esta crisis sanitaria volveremos a lo mismo o confía en que se partirá de cero para solventar los problemas, que son evidentes, por cierto?

-La cultura, o lo que desde los medios se entiende por cultura, ha sufrido un golpe de muerte, una lanzada de que durante mucho tiempo quedará tocada. Hoy la vulgaridad mediocre se ha hecho cargo de lo que queda del desastre. No, de verdad, no soy muy optimista. Además, los gobiernos de hoy, no sólo en España sino en todo el mundo, creen que la cultura es un lastre de muertos de hambre que piden subvenciones para comer. Y, claro, piensan lo mismo de la educación. Me desgañito en mi propia conciencia todos los días con tres palabras que son una sola: educación, educación y educación. Una minoría gritamos esta consigna todos los días, pero nada de nada. La educación viaja en el furgón de cola de un tren maltrecho y lo que llamamos cultura es un polizón que va en el fondo del excusado soportando vejaciones y malos olores, y resiste sólo por su propia condición de resistente, medió agotada por los golpes que le da la indiferencia de las mayorías, la sociedad del espectáculo mediocre y los medios del entretenimiento propios de analfabetos e iletrados.