La escritora Teresa Iturriaga. / C7

«Escribir y cocinar cuentan con muchos ingredientes en común»

Teresa Iturriaga Escritora La escritora, traductora y amante de la gastronomía presenta este jueves en la Casa Museo Tomás Morales de Moya 'Palabra de gourmet'

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

Teresa Iturriaga Osa tiene una máxima en su vida que sigue a rajatabla: «Que no se me queme la comida mientras escribo». Efectivamente, escribir y cocinar son tareas simultáneas en su quehacer cotidiano. La cocina y el despacho son sus lugares favoritos «de refugio y de creación». La conexión no es casual. No hay muchas hijas que puedan presumir de tener un padre con una estrella Michelín. Lleva con orgullo su genética hostelera desde su Mallorca natal hasta las puertas del museo Guggenheim, donde su familia regentaba un restaurante, aunque se confiesa una enamorada sin remisión de la playa de Las Canteras. Este maridaje, aliñado con su trabajo como traductora, socióloga, periodista y, sobre todo, exploradora incansable de nuevos paisajes y sabores culinarios ha culminado en 'Palabra de gourmet', un libro de ocho relatos que suponen un viaje culinario, pero también geográfico por culturas y, sobre todo, por su gran pasión, la literatura. 'Palabra de gourmet' (La flor de lis, 2021) se presenta este jueves, a las 18.30 horas, en la Casa-Museo Tomás Morales de Moya, con la presencia de un padrino de excepción, el rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, además de especialista en Salud Pública, Lluís Serra Majem.

-Comida y literatura. ¿Con cuál de las dos corre más peligro de quemarse?

-Con la comida, por supuesto. No sería la primera vez que, enfrascada en un poema, se me pegan los pucheros. A veces son tareas simultáneas. Escribir y cocinar para mí tienen muchos ingredientes en común. Ambas pasiones me ofrecen soluciones abiertas y creativas. El cuidado del detalle, el conocimiento del fondo y del punto, la paciencia del tiempo de cocción, el enigma del sabor que se recreará en paladares conocidos y desconocidos... Una combinación de la imaginación con los sentidos, elevados a la máxima experiencia artística a partir de elementos opuestos y, a la vez, complementarios.

-¿'Palabra de gourmet' ha sido escrito por la mano de una crítica gastronómica, una amante del buen comer o una cocinera?

-Soy una mezcla de las tres. En realidad, una amante de la estética. 'Palabra de gourmet' juega con términos de cocina porque los relatos que en él se incluyen tienen mucho que ver con mi forma de sentir la existencia. Una vida enlazando los vapores de los quehaceres cotidianos con los de la escritura. A medida que se va entrando en su lectura, puede comprobarse que hay una rica amalgama de visiones, donde se mezclan en revoltijo mis vivencias personales con el sabor a salitre del Mediterráneo, el Cantábrico y el Atlántico, los mares que salpican mi labor creativa.

-¿Comer es viajar?

-Así es. La cocina y la restauración han marcado mi trayectoria vital y esa actitud ha sido el hilo conductor que, en mi ámbito profesional, tanto como traductora como escritora, siempre ha guiado mi búsqueda de la diversidad como criterio unificador. Además, en lo que a mí respecta, la cocina, mezclada con las letras, siempre ha sido enemiga de la rutina. Me encanta viajar y entrar en los mercados, los zocos, probar sus recetas...

-¿Qué aprende un verdadero gourmet de los platos que prueba?

-Aprender a ser gourmet es atreverse a abrir la mente a sensaciones desconocidas. Es un modo de expandir los clichés tradicionales que atrapan el cerebro y, por consiguiente, nos ayudan a entrar en valores culturales diferentes a los propios. Estimula el hemisferio creativo, el territorio de la improvisación, eso es algo que mi padre me enseñó desde pequeña. Precisamente, este libro de relatos es reflejo de diversas coreografías vitales que se sirven en la mesa del lector como platos decorados. Por eso, el gourmet abre las puertas de la percepción ante el asombro.

-¿Necesita viajar para escribir?

-Viajar es un impulso que llevo en mis genes. No he hecho otra cosa que viajar desde que nací y dondequiera que voy, aprendo, vivo, amo, sueño. Después, escribo los trazos que ese viaje ha dejado en mi interior.

-Lo femenino es otra constante en sus escritos. ¿Cómo se ubica dentro del feminismo?

-No concibo un feminismo que me enfrente al hombre 'per se'. Hay aún mujeres machistas y también abundan los hombres que luchan por la justicia. No todo el monte es orégano. Ni blanco ni negro. No me incluyo en ningún radicalismo. La sensibilidad y la dignidad humana no tienen que ver con el sexo. Ahora bien, sabemos que las estructuras patriarcales político-religiosas han configurado el mundo antiguo y han contribuido a crear desigualdades entre hombres y mujeres. Ya es hora de normalizar la condición humana en ese sentido con las herramientas jurídicas y laborales de las que dispone la civilización. Tampoco debemos olvidar a las mujeres del mundo pobre y subdesarrollado. Hay que conseguir una sociedad global más solidaria. Sin distinción.

-¿Poeta por encima de escritora?

-Sinceramente, creo que la palabra puede encontrar caminos de expresión en cualquier género. Como diría mi maestra Zinaida Lvóvskaya en la interpretación de mi idiolecto: mis textos están plagados de marcadores evaluativo-apelativo-expresivos, tanto en prosa como en verso. Y sí, lo confieso, es mi naturaleza. Escribo. Huyo de las clasificaciones que nos separan y pertenecen al viejo orden. Lo interdisciplinar se impone en la evolución humana.