Detalle del Papiro de Turin, un 'Kamasutra' egipcio de hace 3.000 años. / R.C.

Egipto, una isla de igualdad y libertad sexual en el mundo antiguo

La exposición 'Hijas del Nilo' revisa el papel de la mujer en la era faraónica a través de 300 piezas que cubren cuatro milenios

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

En el antiguo Egipto las mujeres de la élite se acostaban y casaban con quienes querían. Podían reinar, ser sacerdotisas, heredar, viajar, desempeñar cualquier oficio y emprender negocios sin someterse a la voluntad o el capricho de los varones. «Egipto era una isla de igualdad en la antigüedad, algo que no se dio en Grecia ni en Roma», resume Nacho Ares, comisario junto a Esther Pons de la muestra 'Hijas del Nilo. Mujer y sociedad en el antiguo Egipto', organizada por el Grupo Eulen y el cartel hasta fin de año en el madrileño Palacio de las Alhajas.

Recorre 4.000 años para mostrarnos el activo y libérrimo papel de las egipcias de alta cuna -también sexual-, a través de 300 piezas cedidas por 27 museos e instituciones públicas y privadas de doce países. Explora la influencia de diosas y reinas y recorre todos los ámbitos del mundo femenino, desde la vida religiosa a la cotidiana, pasando por los atuendos o la cosmética. Hay esculturas, relieves, documentos, utensilios domésticos, monedas, instrumentos musicales, joyas y objetos religiosos y funerarios, como ataúdes, cartonajes, amuletos y vasos canopos.

Muchas de las piezas se muestran por primera vez. Entre las más llamativas está el Papiro de Turín, una suerte de 'Kamasutra' egipcio de hace 3.000 años. Un antecedente de la pornografía que muestra la osadía de las orgiásticas prácticas sexuales de los egipcios. «Mezcla sexo y comicidad, con falos y senos gigantes, y nos demuestra que nuestros instintos han variado poco en 30 siglos», ironiza Ares. «El concepto de sexualidad era libre y abierto. No se etiquetaba la homosexualidad, que se tenía por un comportamiento normal», precisa el periodista y egiptólogo.

Diferencias por zonas y estatus

Pero no todas las egipcias gozaron de plena libertad sexual y social. «A lo largo de 4.000 años la estructura social, económica y religiosa evolucionó en un vasto territorio, por lo que habría diferencias según la zona y el estatus», acota Ares. «Había una mentalidad abierta en los estratos altos. El matrimonio entre hermanos se practicaba por razones dinásticas y de Estado y no se consideraba incesto, pero no se daba en los estratos bajos de la socidada», señala.

«Lo que es innegable es que hombre y mujer eran iguales ante la ley. La mujer era la compañera del hombre, su complementaria. Un concepto muy alejado del existente en la sociedad griega, donde se consideraba al mujer era como un menor de edad», dice el comisario.

Recuerda que Egipto «era una teocracia y por ello el derecho al trono era divino». «La mujer transmitía ese derecho y otorgaba la legitimidad» explica rememorando a reinas no consortes, como Hatshepsut (1479-1425 a. C.) o Cleopatra VII (51-30 a. C.) la última faraona tras Nitocris, Neferusobek, Hatshepsut, Semenejkara y Tauser, «La Gran Esposa Real ejercía una gran influencia en el faraón y en la política», apunta Ares recordando los casos de Tiyi (1390–1340 a.C.), su nuera, Nefertiti (1353–1332 a. C.) y Nefertari (1279-1255 a.C.).

La muestra incluye reproducciones a tamaño real de la cámaras central de la tumba de Sennejdem y un audiovisual inmersivo que recrea la cámara funeraria de la reina Nefertari. El diseñador Lorenzo Caprile aporta dos vestidos inspirados en el antiguo Egipto.

En un año cargado de efemérides para la egiptología -100 años del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por Howard Carter, 200 del desciframiento de la Piedra de Rosetta por J. F. Champollion y 50 años de la inauguración del Templo de Debod, en Madrid-, el Grupo Eulen ha querido celebrar su 60º aniversario amparando esta muestra que estará en cartel hasta a el 31 de diciembre en la madrileña plaza de San Martín, de Madrid.