Un fotograma del filme lituano. / c7

Crítica de cine/ 'Piligrimai'

Demonios ocultos

Esta película lituana compite en la Sección Oficial del 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

El duelo por la muerte de un ser querido se puede digerir de varias formas. El dolor, desgarrador siempre, predomina constantemente. Pero el paso del tiempo y asumir algo tan manido como cierto de que se trata de algo natural por el que todos pasamos a lo largo de nuestra existencia, suele ayudar a ir mitigando los daños. Los problemas se disparan cuando el adiós de ese familiar, pareja o amigo querido no es natural, sino fruto de la acción de otro semejante. Resulta difícil de asumir, pero demonios ocultos hay en todos sitios y en mucho mayor número de lo que se piensa. Siempre ha sucedido y sucederá, pero también es cierto que algunos traumas del pasado puede explicar ciertas actitudes contemporáneas.

Estas reflexiones son evidentes durante el transcurso de 'Piligrimai' (Peregrinos, podría traducirse en español), largometraje del lituano Laurynas Bareisa, que se proyecta dentro de la Sección Oficial de la 21ª edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Los peregrinos en este caso son dos. No les mueve la fe, sino el dolor y cada uno lleva a cabo su tránsito en busca de la paz interior que tanto anhelan a su modo.

Paulius ha perdido a su hermano, mientras que Indre a su novio. Matas, que es como se llama el fallecido, ha sido brutalmente asesinado en una localidad lituana que, por lo poco que se muestra durante la película, parece más bien rural y tranquila. Pero no olvidemos que monstruos ocultos y al acecho hay en todos sitios.

Hasta ese lugar se han desplazado en busca de respuestas los dos protagonistas, para llevar a cabo su particular peregrinaje por los últimos lugares de la localidad por los que se sabe que pasó el malogrado Matas cuando ya estaba en manos de su verdugo. Y lo hacen a pesar de que el mismo ya fue juzgado y condenado.

A medida que desarrollan este recorrido, el espectador percibe destellos que permiten hacerse una idea de lo opaca que es la sociedad lituana, al menos en esa localidad. Y las huellas de su convulso pasado en el carácter de sus habitantes.

'Piligrimai' genera más preguntas que respuestas. Cuenta lo justo pero las pistas que lanza son eficaces. Lo hace con un estilo a veces demasiado artificioso pero siempre a favor de una narración cruda. Tanto como el descenso a los infiernos de estos peregrinos que difícilmente encontrarán la paz que anhelan. Pasen los años que pasen...