Cristina Déniz posa delante de una de las pieza que integran la muestra. / C7

Cristina Déniz, una artista visual que convierte los exvotos en elementos de fascinación artística

Exhibe en la Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista su última entrega en la que emplea piezas de latón de gran formato

GABRIELA VICENT Las Palmas de Gran Canaria

Un exvoto es una ofrenda que los antiguos hacían a sus dioses. Podían ser, por ejemplo, figurillas que representaban personas o animales, armas y alimentos, normalmente elaboradas en bronce. Tienen su origen en las civilizaciones egipcia y mesopotámica. En la cultura cristiana aún pueden verse en la entrada de algunas iglesias. Son piernas o brazos de cera que la gente compra para ofrecerlos a sus santos correspondientes. El abuelo de Cristina Déniz se dedicaba a hacer esos exvotos. Cristina no lo supo hasta que su madre se lo reveló cuando ella misma emprendió el proyecto de reinterpretar y adaptar esta práctica al lenguaje artístico actual.

El resultado es 'Exvotos', una exposición simbólica y conceptual que se exhibe hasta el 3 de julio en la Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista.

Déniz ha convertido los exvotos en elementos de fascinación artística. En su muestra exhibe seis piezas de latón bidimensionales de gran formato.

«Cada una de ellas hace referencia a un tipo habitual de exvoto, pero con símbolos actuales. Por ejemplo, el brazo lo he sustituido por el icono del popular 'like' de Facebook; los ojos por un ojo tipo 'Gran Hermano', la pierna por una prótesis... Aparte, muestro en vitrinas pequeños exvotos de bronce y materiales orgánicos, así como unos específicos que he hecho para esta entrega que están vinculados con una pintura de Antonio Padrón, 'Mujer infecunda II'», explica.

Peso social

Según la creadora, los exvotos jugaron un papel en la sociedad canaria tradicional. «Antiguamente, en las entradas de las iglesias (aún puede verse en algunas), se podían encontrar puestos donde se vendían exvotos de piernas y brazos de cera que la gente compraba para ofrecerlos a sus santos correspondientes. Mi abuelo materno, que no llegué a conocer, los hacía. Por otro lado, los exvotos están vinculados a la historia de las islas; por ejemplo, en la iglesia de Fontanales, la figura de San Bartolomé lleva unas cigarras de plata y de oro que alude a la plaga en el siglo XIX y se le ofreció al santo una cigarra de plata si acababa con ellas... y así fue. Otro caso podemos encontrarlo en el Museo de Arte Sacro de la Basílica de Teror. Allí podemos ver distintos tipos de exvotos y, entre ellos, algunas representaciones de animales (vacas y burros, mayormente), que se ofrecían para la encomienda de éstos, sustento principal de la familia», señala.

«Aparte de estos ritos religiosos, se practicaban muchos ritos paganos, como nos muestra Antonio Padrón en alguna de sus pinturas. Se ofrecían elementos orgánicos, como una aulaga, un lagarto o granos de trigo, entre otros. Estos rituales, relacionados con la fertilidad, los llevaban a cabo las santiguadoras o curanderas», comenta.

Otras incursiones

No es la primera vez que la creadora se interna en la interpretación artística del mundo espiritual. En la muestra 'Sacer. Rituales, sacrificios y ofrendas', exhibida en el Centro de Artes Plásticas en 2021, planteó una lectura de la naturaleza como reliquia.

«Utilizo la estética religiosa y sustituyo el contenido por restos animales para visibilizar su situación. Muchos de los restos animales que mostré en esa exposición, como por ejemplo en la obra 'El jardín del Edén', eran de especies protegidas. Cada vez quedan menos y es debido a nuestra relación insana con la naturaleza. Algunos ejemplos son la pardela cenicienta o los caballitos de mar. En otras, como 'Pasión' o 'Sagrada Vértebra de Todos los Huesos Rotos', hablo de la explotación animal en la industria ganadera. Mi opinión sobre lo que preguntas es que una cosa no quita la otra: normalmente van unidas, o por lo menos es así en mi caso», avanza la artista, que no se considera una fetichista.

«Utilizo lenguajes identitarios que creo que pueden ser visualmente identificables para muchas personas con la finalidad de trasmitir otro mensaje, pero no creo que le otorgue virtudes extraordinarias porque precisamente carece explícitamente de ese mensaje religioso. Simplemente visibilizo un problema de nuestro tiempo, aunque utilice esta estética o terminología porque entiendo que facilita la lectura de la pieza», subraya.

Con significado

«Es importante para mí que el material con el que trabaje tenga un significado implícito, relacionado con su contexto natural, y que tenga el menor impacto ambiental posible. Por eso me gusta trabajar con materiales encontrados y darles otra vida», avanza Cristina Déniz, que se declara vegetariana y que en trabajos anteriores ha utilizado ramas y corales y actualmente se encuentra trabajando con cenizas de los últimos incendios forestales ocurridos en las islas.

Es común en su trabajo la apropiación de los lenguajes visuales identitarios y contemporáneos «desde una perspectiva irónica y que a su vez intenta ser poética». En su exposición de la Casa Museo Antonio Padrón se traduce en adoptar símbolos con una tradición de cultoy adaptarla a un lenguaje más actual, pero al mismo tiempo intentado simular la estética tradicional.

«Desde un 'like' de Facebook a un corazón de aplicaciones para buscar pareja con los exvotos originales. Al fin y cabo siguen teniendo una finalidad parecida: manifestar el deseo de conseguir algo de lo que se carece».