'El tercer día de la Creación' (exterior del Tríptico del jardín de las delicias) de El Bosco expuesto en el Museo Nacional del Prado.

El cosmos que hay en el Prado sale a la luz

Más de 20 obras de la colección permanente del museo se entrelazan con la astronomía para enseñar la evolución del universo a través del arte

JOHANA GIL BOLAÑOS Madrid

Viajar en el universo a través del arte es la nueva propuesta del Museo Nacional del Prado con 'Reflejos del Cosmos'. Veinte obras de la colección permanente del centro emblemático de Madrid forman parte de un itinerario expositivo para mostrar la evolución de la ciencia desde los ojos de importantes autores como Patinir, Rubens, Goya y Tiepolo. El tercer día de la creación (El Bosco, 1490-1500) encabeza la nueva forma de leer los tesoros del museo.

El recorrido guiado, que estará disponible hasta el 16 de octubre, aborda las respuestas visuales que se han dado a preguntas sobre cómo es el universo y el lugar que ocupa el ser humano en el mundo. Es una forma de integrar a otras ramas del saber, ha resaltado el director del museo, Miguel Falomir.

«Es el resultado de una invitación a los profesionales ajenos al arte que han pasado por el icónico espacio en numerosas ocasiones como visitantes, y hoy nos brindan un punto de vista distinto como creadores», ha mencionado Falomir en la rueda de prensa desarrollada en una de las salas de la pinacoteca nacional.

Desde una perspectiva diferente se rescatan aspectos que suelen pasar desapercibidos al observar la colección: la creación del universo y su constante descubrimiento. El proyecto había sido planeado para hace dos años, pero tuvo que ser aplazado por la pandemia. La lectura respaldada por la Astrofísica estuvo pendiente hasta que el museo abrió totalmente sus puertas al público.

La mirada científica ha sido dada por la doctora en Astrofísica en el Centro de Astrobiología, Montserrat Villar, creadora del itinerario. «El arte es un vehículo de conocimiento», asegura. La veintena de obras del Prado ubicadas en catorce salas del museo se han integrado para crear cuatro escenarios que explican cómo era la visión del mundo a medida que pasaban los siglos.

'El paso de la laguna Estigia' de Joachim Patinir expuesto en el Museo Nacional del Prado

'El mito de la Tierra plana', 'Mitos en las estrellas', 'Cuando la Luna perdió su pureza' y 'La revolución del telescopio' son las cuatro secciones que articulan el recorrido temático. La selección de las obras ha implicado colocarse las «gafas de astrónomos» para reconocer en las pinceladas cuáles eran los avances de la ciencia del momento. Resaltar creencias y leyendas que surgieron hace miles de años y la manera en que se iban desmintiendo entre ellos con cada descubrimiento es un proceso justo de admirar, ha señalado Villar.

La necesidad de entender al cosmos y de interpretarlo ha quedado plasmada en 'La Inmaculada Concepción' de Pedro Pablo Rubens; 'El nacimiento de la Vía Láctea', también del pintor barroco, y la grisalla de 'El jardín de las delicias' de El Bosco, que son las tres joyas del museo que protagonizan este acercamiento.

El Bosco marcó un hito, no solo en la historia del arte, sino de la ciencia. Con su interpretación de la tierra generó un revuelo a finales del siglo XV por saber qué quería decir exactamente. Ahora, se aprecia esa mirada revolucionaría como hilo conductor del itinerario. Aunque la primera obra del recorrido es 'El paso de la laguna Estigia' de Joachim Patinir, la fachada de 'Reflejos del cosmos' es la grisalla que plasma «una extraña forma de acomodar el universo y es poco conocida por estar en el exterior del tríptico», reflexiona Villar.

«Es un viaje en el tiempo» que permite observar más allá de los cuadros. Proyecta las diferentes culturas y sociedades de diversas épocas, cuando la concepción del cosmos estaba dotado de sesgos políticos y religiosos, según la comisaria.

Dentro de la propuesta y casi al final de la senda, las tres estrellas pintadas en el 'Saturno devorando a un hijo' de Rubens resalta por encima de la escena «desgarradora y violenta». Pinturas como estas revelan uno de los hallazgos gracias a la irrupción del telescopio de la mano de Galileo. En este caso, se afirma que el planeta no era un único cuerpo celeste, sino triple. «Una vez más, el artista reflejaba estar al tanto de los descubrimientos». Así, la comisaria explica el lado oculto del arte que conserva el Prado: la ciencia.