Música de cine desde El Confital

20/01/2019

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha deslocalizado físicamente muchas profesiones. No hay que estar ya en el mismo enclave para trabajar en un proyecto común, gracias a internet. Difícilmente se puede encontrar un lugar mejor para crear la banda sonora de un largometraje o una serie de televisión hollywoodiense o europea que junto a unos ventanales enormes que dan al Atlántico y a El Confital, en la capital grancanaria, donde se ha instalado el australiano Johnny Klimek.

«Cuando vinimos por unos meses a Gran Canaria, en 2016, estuve trabajando desde aquí con los hermanos Wachowski que estaban en Estados Unidos con la serie Sense 8, conjuntamente estaba con Jungle, de Greg Mc Lean (Australia), y Babylon Berlin, de Tom Tykwer, en Alemania. Descubrí que desde la isla podría trabajar sin problemas para cualquier lugar», explica Johnny Klimek en la oficina de Wave Productions and Films SL, que ha instalado junto a su mujer, la productora grancanaria Guacimara de Elizaga, en el paseo de Las Canteras, donde tiene su propio estudio de grabación y composición.

Klimek trabaja en la actualidad en cuatro proyectos diferentes. «Estoy componiendo la banda sonora de la película que se ha rodado de la serie DeadWood, de Hbo. También estoy con la serie Jett, del mismo canal, así como con la serie Messiah, que dirige para Netflix James McTeigue, el director del largometraje V de Vendetta. El cuarto proyecto es la banda sonora de la tercera temporada de Babylon Berlin, a lo que sumo la composición de la música para una gira de conciertos internacional, que se va a hacer por todo el mundo, inspirada en la serie», explica, tras lo que Guacimara de Elizaga reconoce, entre risas, que «trabaja casi las 24 horas de los siete días de la semana».

Tuvo dudas, como es lógico, antes de abandonar Los Ángeles, a donde llegó en 1999, para trasladarse con su familia a Gran Canaria. «Pensé que igual sería malo para mi carrera, pero cuando tomas una decisión importante para tu vida tienes que respetar lo que sientes y seguir tu intuición», subraya.

A día de hoy, apunta, su carrera «ha explotado», ya que trabaja «en el doble de proyectos que antes de llegar a la isla».

El responsable de la música de títulos como Lola, corre, Lola (1998) y El perfume. Historia de un asesino (2006) reconoce que cuando echa la vista atrás recuerda cómo, con apenas 20 años, «miraba quién es quién dentro de la industria». «Ahora soy uno de ellos, aunque no me gustan los focos y prefiero quedarme siempre detrás, haciendo mi trabajo».

Reconoce que a la hora de trabajar se guía por «su olfato» y por la afinidad que percibe en sus encuentros previos. «Según la psicología de cada uno decido si entro o no en el proyecto. Si un director es inseguro, los estudios pueden ser muy duros y prepotentes y sus ideas se caen muy rápido, como si fuera un dominó. Trabajar con un cineasta con el que no conecto sería una pesadilla».

Con el cineasta, guionista y compositor alemán Tom Tykwer comenzó a trabajar hace más de 20 años y juntos ha saboreado los principales éxitos de su carrera. La fórmula de trabajo es clara. «Primero leo el guion y después le pido al cineasta que me deje estar solo tres semanas. Entonces me meto en mi laboratorio y pienso en lo que hay que transmitir, tras leer esa historia. Cuando la película se ha rodado, comienza el trabajo a picture, con ésta. Ahí acaba mi creatividad en solitario, ya que la música se adapta y se recoloca con las imágenes. Por ejemplo, con Babylon Berlin escribí la música cuando la primera temporada se estaba grabando, sin ver nada. Solo tuve que añadir dos piezas más, después, para todos los episodios».

Esta fórmula sorprendió a los hermanos Wanchowski cuando trabajaron para El atlas de las nubes. «Me dijeron que estaba loco. Cuando vieron el resultado final, por el que nos nominaron para los Globos de Oro, me dijeron que sería su nueva forma de trabajar con la música para sus películas», apunta este «enamorado» de la playa de Las Canteras, en cuyas aguas nada «a diario».