«Mimamos al espectador para bien de las películas»

25/03/2019

El director del certamen de la capital grancanaria, Luis Miranda, asegura que se ha alcanzado «una velocidad de crucero» en cuanto a asistencia del espectadores y defiende la «fidelidad» del público de esta cita cultural que organiza el Ayuntamiento. Aspira a recuperar la ediciones de libros en las próximas entregas.

— ¿El público habitual del festival se encontrará con una línea continuista en esta 19ª edición?

— Este año, nuestras secciones fijas mantienen la línea habitual del festival. Es la propia de los festivales generalistas y a la que se han sumado últimamente algunos. Buscamos poner de relieve películas que representan opciones de cine de autor sin los objetivos más comerciales que tiene la programación que se estrena mayoritariamente. Lo que ocurre es que los ciclos de este año sí que cuentan con una línea diferente. Tienen un peso autoral muy marcado, pero exploran territorios que tienen mucho que ver con los géneros, sobre todo el de Cattet y Forzani. Beben de la tradición, pero incorporan cuestiones experimentales. Nos pareció que había llegado el momento de afrontar ese cine de autor, que trabaja sobre los géneros y la tradición cinematográfica. El ciclo de Días de Cine también aborda la tradición cinematográfica. Es un programa decano y lo que han hecho es un ciclo muy centrado en el fenómeno cinematográfico como algo afectivo y pasional, una experiencia incluso pulsional. Conecta en parte con el ciclo Vivir Rodando, de la Linterna mágica, destinado para todos los espectadores y sobre todo para los centros de enseñanza. Después está el caso de David OReilly, un cineasta, porque hace imagen en movimiento, pero que está en los márgenes de la institución cine y del cine de estreno. Está en una zona híbrida, con lo experimental, el videojuego, los videoclips...

— ¿Se puede entender ese ciclo como un guiño para captar espectadores más jóvenes?

— En parte. Tiene valor por sí mismo. Es una linterna desde la que mirar la línea transversal que atraviesa el audiovisual, que pasa por el cine y que abarca muchas otras áreas. Su cine, que es de animación, no es espectacular en el sentido comercial. No hace reproducciones increiblemente fieles de la realidad. Tiende a utilizar diseños aparentemente naif, muy planos, de informática casi de los noventa, pero con conceptos contemporáneos. Que venga y que ofrezca una clase magistral es uno de los acontecimientos del festival. Además, queríamos que su ciclo se concentrara en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología.

— Un espacio que se consolida dentro del festival...

— Sí y queremos reforzarlo. Entre el cine y la ciencia siempre ha habido conexión y entendemos que debe ser uno de los espacios del festival.

— ¿Se consolida la línea narrativa que ha marcado buena parte de los títulos de las últimas ediciones de la Sección Oficial?

— Da esa impresión. Cuando seleccionas una docena de películas, la línea que predomina no es algo que te marcas a priori. Este año, por ejemplo, nosotros somos los primeros sorprendidos de que solo haya una película de no ficción. Lo que vemos es el valor intrínsico de cada película y después se desarrolla un proceso de eliminación. Están las películas que enamoran desde un principio al comité de selección y después están las que superan una criba. En doce títulos intentamos retratar el estado del arte, aunque siempre es relativo.

— También traen lo que consiguen que no se vaya a otros festivales...

— Claro, competimos con otros festivales. Hay muchos condicionantes, como que las películas a concurso sean estreno absoluto en España.

— ¿Se plantean suprimir esa cláusula?

— No. Le da cierto morbillo a la selección. La tensión competitiva no nos interesa con respecto a otros festivales, sino porque implica una pugna que nos permite medir muchos parámetros, como nuestra capacidad de influencia, las apuestas reales de cada agente de ventas... Creo que tiene más ventajas que inconvenientes. Además, si no estuviera, todo se reduciría a coger los catálogos de otros festivales y ya está.

— La concejala de Cultura, Encarna Galván, dijo el año pasado que el festival necesitaba volver a tener un presupuesto de, al menos, medio millón de euros para estar en una línea aceptable de confort. Este año cuenta con 575.000 euros. ¿En qué lo notará el público?

— No creo que lo note. Hemos podido reforzar un poquito el personal, que nos hacía mucha falta. Y apostar por David OReilly, que no es barato, así como replantear La linterna mágica y potenciar la proyección mediática. Este año viene más prensa y habrá más invitados para presentar las películas al público. En el Mecas se notará la presencia de más personas de la industria, que creo que es fundamental. Una de las cosas que nos gustaría recuperar es la publicación de libros, pero eso no solo requiere de dinero, sino de tiempo y planificación.

— Planificar hoy el libro que se edite en 2021, por ejemplo.

— Sí, más o menos. Tenemos un proyecto, desde hace mucho tiempo, que no acabamos de concretar. Es una idea arriesgada y no sé si finalmente se llevará a cabo.

— ¿La conexión más popular vuelve a ser el apartado musical?

— Sí. La función del Monopol Music Festival (MMF) es muy importante. También están las Monkey Nights, para intentar revitalizar las noches. Es importante para cualquier festival. Esta ciudad no es tan divertida como se cree. Sobre todo, de domingo a martes es difícil generar un cierto ambiente.

— ¿La música le puede restar público a las proyecciones?

— No. El público de las salas es fiel. Puede fallar por razones coyunturales. Lo que nos inquieta realmente, como cinéfilos y estudiosos de este arte, es la evolución y la demografía en cuestión de edad. Se trata de saber si cultura cinematográfica que representan los festivales tiene arraigo o no en los nuevos espectadores. Es una reflexión de fondo que trasciende al festival y de lo que siempre hablamos cuando nos reunimos los que tenemos contactos con los jóvenes. Tenemos que ser nosotros los que reconstruyamos ese relato para atraerlos. Pero si ese relato no es útil para ellos, para qué hacerlo...

— A nivel de cantidad de espectadores, el objetivo es mantenerse, no bajar, porque subir es difícil, ¿no?

— Es coyuntural. Que haya dos o tres películas que se conviertan en un pelotazo hace que las cifras varíen. No mucho, pero varían. Te puede llevar a pasar de 15.000 a 17.000 espectadores. Creo hemos alcanzado una velocidad de crucero. Tenemos el público que tenemos. Tengo la impresión de que este año creceremos un poco.

— ¿Percibe que el festival está conectado con la ciudad?

— ¿Eso qué significa?

— No lo sé. ¿Es un tópico?

— Tampoco lo sé. ¿Estoy yo conectado con la ciudad? Pienso que sí. ¿La ciudad lo sabe? No lo sé. Creo que es un tópico, sí. El festival está conectado con su público y ese público es de esta ciudad. Nada está conectado con toda la ciudad, ni siquiera el carnaval. Que éste representa en cierto modo a la ciudad, pues sí. ¿Ante y quién y para qué? Esa es otra cuestión. Todos los festivales trabajan para las películas. Queremos mimar al espectador para bien de las películas. No los necesitamos ni para nuestro bien ni para el del propio espectador, sino para las películas. El espectador es libre y soberano, pero las películas son objetos frágiles. No sabemos si se van a diluir o no en la ingente cantidad de producción audiovisual anual o si van a subsistir y quedar en la memoria. Necesitamos crear una memoria del cine que se hace ahora. Es una misión de todos los que hacen festivales. Trabajamos localmente con una visión global.

— Esa visión global la ha tenido el festival desde sus inicios.

— Es que debe tenerla. Después de 19 años, si no conectamos con la ciudad sería raro. Lo que sí defiendo es que mostramos un retrato fidedigno del arte cinematográfico actual.

— ¿Se han planteado abrir el festival a las series, siempre desde un punto de vista de producciones independientes y menos comerciales?

— Sí, pero las series no nos necesitan. Otra cosa son los grandes festivales. Recibimos hace unos días una propuesta de una serie pero finalmente ha sido imposible acomodarla dentro de la programación.