Un fotograma del filme. / c7

Crítica de cine/ 'Geographies of Solitude'

Cine para salvar el planeta

Este documental canadiense se proyecta en la Sección Oficial a concurso del 21º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Alertar sobre los efectos devastadores de las acciones del ser humano sobre el planeta es una labor de la que nadie en su sano juicio debe estar al margen. De seguir como hasta ahora, el planeta se va al garete sin remedio. Los cambios climáticos, cada vez más evidentes, son un claro aviso. Pero afrontar esta temática desde un punto de vista cinematográfico y autoral es casi una hazaña.

'Geographies of Solitude' es un documental, pero no un documental al uso. Es cine de autor y se sitúa en una galaxia que está a años luz de los productos televisivos o cinematográficos convencionales. La cineasta Jacquelyn Mills experimenta, sorprende y, sobre todo al principio del metraje, llega a descolocar al espectador. Pero poco a poco, lo que puede parecer una extravagancia acaba cobrando sentido. Y es que el personaje real que protagoniza esta aventura medioambiental también vive en los márgenes convencionales.

Se trata de la conservacionista Zoe Lucas, que dedica su vida a la isla Sable, donde vive en solitario. Se trata de una lengua de tierra a 100 kilómetros de Nueva Escocia, en Canadá. Un paraje perdido, natural, ventoso, frío y habitado por ella por caballos salvajes y focas.

'Geographies of Solitude' fija su mirada en un principio en la flora y fauna del enclave. Lo hace con imágenes bellísimas, sobre todo las nocturnas de cielos estrellados y las de los caballos campando a sus anchas, que por momentos se complementan con detalles microscópicos de reacciones del material cinematográfico al contacto con elementos naturales.

El círculo se va cerrando a medida que comienzan a cobrar sentido la enorme cantidad de objetos que al principio se muestra que pueblan parte de la casa de Zoe Lucas. Ni está loca ni padece el síndrome de Diógenes. Se trata de restos plásticos, de todos los tamaños y pelajes que recoge en la arena y que han llegado hasta este remoto enclave natural gracias al mar y por los vientos –el apartado de globos es sorprendente–. Los cataloga con la misma minuciosidad que detalla la flora y fauna, incluida la invertebrada, que cohabita con ella la isla Sable. El pase de este martes para prensa y jurado popular fue despedido entre aplausos.