Los dirigentes chinos, junto a un retrato de Mao en la plaza de Tiananmen. / reuters

China, puente y nueva hegemonía

El profesor canadiense Timothy Brook analiza la historia del gigante asiático en 'El Gran Estado'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

«Es una desgracia para la mente humana que las naciones pequeñas piensen que la verdad les corresponde solo a ellas -con 'naciones pequeñas' se refiere a las europeas- y que el vasto imperio de la China está en el error». La frase pertenece al filósofo francés Voltaire y la recoge ahora el historiador Timothy Brook (Toronto, 1951) en su nuevo libro, 'El Gran Estado' (Alianza Editorial), para mostrar que la relación entre Europa (y también Estados Unidos) y China no solo se ha regido durante siglos por las suspicacias, sino también por un interés en tender puentes entre las dos grandes visiones del mundo, la occidental y la oriental.

En 'El Gran Estado', Brook, profesor de Historia de China en la Universidad de British Columbia (Canadá), recorre la historia del gigante asiático a través de personajes y lugares de ensueño: Gengis Kan, Marco Polo, Xanadú, la dinastía Ming, Buda, el Tibet... Y lo hace mostrando el proceso, lento pero continuo, de unificación de un territorio al que ya solo le falta Taiwán para convertirse en la China unificada que sueña desde hace siglos.

Brook fue, en 1974, uno de los primeros estudiantes extranjeros en viajar a China gracias a la apertura que iniciaron entonces los dirigentes del país y que se bautizó como la 'diplomacia del ping-pong'. Casi cinco décadas después, China es el segundo gran actor del mundo, batalla por convertirse en el primero y se alza como uno los ejes de la «creciente bipolaridad estructural del orden mundial», afirma el historiador, «entre un régimen de normas internacionales basado (si bien con cierto desorden) en leyes y derechos», en referencia a Occidente, «y el nuevo régimen de normas autoritarias que menosprecia los mecanismos del derecho internacional».

«El peligro de esta ronda de neohegemonía» (así llama Brooks al papel ya casi predominante de Pekín en las relaciones internacionales) «no sólo para China sino para el mundo, es que está diseñada para impulsar la actual emergencia global de la neoautocracia, tras la cual se oculta la guerra», advierte el sinólogo.