Juan Soto Ivars, fotografiado tras la entrevista. / PEDRO URRESTI

Juan Soto / Escritor y periodista

«Hoy el censor se lleva más aplausos de fans que el artista»

«Nos venden una revolución cuyos logros ya están conseguidos», denuncia. «¿Usted conoce a alguien que no esté a favor de los derechos humanos?»

César Coca
CÉSAR COCA

Juan Soto Ivars (Águilas, Murcia, 1985) es un verso libre. Creador o al menos divulgador del término 'poscensura', lleva años manifestándose en libros, programas de radio y televisión y columnas periodísticas contra la presión social que algunos grupos muy beligerantes ejercen en las redes sociales sobre los autores que se salen del carril de lo políticamente correcto. Ha publicado cuatro novelas y otras tantos ensayos en los que también ha combatido la imagen resucitada de 'las dos Españas'. Su último libro, 'La casa del ahorcado' (Ed. Debate), habla del peligro de establecer tabúes, crear líneas rojas que no hay que rebasar, como si una sociedad adulta no pudiera -y debiera- hablar de todo.

- ¿Cuántas veces le han llamado 'facha' esta semana?

- Facha o podemita. Es lo que más me dicen. Pero han sido pocas porque me estoy quitando de las redes sociales. Las etiquetas las tengo todas y repetidas. Hay gente que no puede soportar que haya individuos sin clasificar. Así que creo que me lo dicen por eso más que por lo que escribo.

- Imagino que según quien le insulte le importará menos.

- En realidad, nunca sabes quién lo hace. Por eso, animo a la gente a estar con la conciencia limpia. Si tú no eres un desaprensivo y hay alguien a quien no le gusta lo que dices o lo interpreta mal, no debe importarte. No eres culpable de nada por eso.

- Se suponía que el ideal era que la identidad no importara. Pero ahora resulta que si no eres negro no puedes traducir a un poeta de ese color y si no eres trans no puedes interpretar a un personaje que lo sea.

- Martin Luther King decía que aspiraba a vivir en una América donde no importara nada ser blanco o negro. Ese ideal es que el que nos ha movido durante décadas. Cuando en España el Gobierno de Rodríguez Zapatero aprobó el matrimonio gay, lo celebré como si me afectara personalmente, y yo no soy gay. Y en el instituto, cuando dieron la serie 'El príncipe de Bel Air', jugaba con otros niños a ser Will Smith. La batalla cultural la ganó Martin Luther King y la perdieron los Panteras Negras, pero ahora es al revés. Y la consecuencia más evidente es que crece el racismo.

Identidad

- ¿Por qué?

- Porque muchos antirracistas con sus actitudes lo que hacen es crear racistas. Yo descubrí que Spike Lee es negro muy tarde. Veía sus películas y me gustaban, y no sabía nada sobre él. Eso me parece lo fundamental, que el color de la piel no tenga la menor relevancia.

- Pero ahora todo gira en torno a la identidad.

- Iremos hacia una sociedad igualitaria cuanto no nos importen nada el género, la raza o la orientación sexual de las personas. Lo que pasa es que ahora todo va en torno a la identidad y la izquierda está obsesionada con eso.

- ¿Toda la izquierda?

- En Estados Unidos, el Partido Demócrata está absolutamente obsesionado. Aquí, Podemos lo está, desde luego, y cada vez más el PSOE. Echo en falta una izquierda más libertaria. También los medios de comunicación dedican mucho espacio a estos asuntos, no hay más que verlos cada día. El resultado de todo ello es que muchos votantes de izquierdas están molestos.

Cuestión de identidad

«Iremos hacia una sociedad igualitaria cuando no nos importen nada el género, la raza o la orientación sexual de las personas»

Valores emergentes

«Hoy, unos pocos activistas que no representan a nadie son los que reparten carnés de corrección política»

- ¿Qué opina, dentro de estos temas de la identidad, de ciertos términos como 'personas sangrantes' o 'niñes'?

- La corrección política es un pensamiento mágico que da por hecho, por supuesto sin prueba alguna porque no la hay, que se puede transformar la realidad social a través del lenguaje. La gente está muy ocupada hablando de forma rara sin darse cuenta por ejemplo de que las multinacionales han adoptado algunos de esos clichés sin el menor problema. Eso debería hacernos pensar. Si una multinacional que quiere ganar dinero hace esas cosas es porque sabe que de ello no se deriva ninguna transformación social. De eso podemos estar seguros.

- Será así, pero quienes se resisten a ese lenguaje sufren críticas severas.

- A Lidia Falcón, con su larga e inequívoca trayectoria feminista de izquierdas, la echaron de IU por lo que consideraron comentarios tránsfobos. Creo que eso lo dice todo. El único que se resiste a ese lenguaje es el obrero pobre. Cuando le acusan de defender el heteropatriarcado y cosas así, se cabrea y decide que por fastidiar va a votar a Vox. Es lo mismo que en Estados Unidos pasó con Trump.

- ¿En qué momento la sociedad se arrojó en los brazos de gente que ha hecho de la defensa de la corrección política su modo de vida?

- La clave está en el sentimiento de culpa. Quienes tienen la sartén por el mango quieren seguir haciendo negocio. Hoy, unos pocos activistas que no representan a nadie reparten carnés de corrección política. Dejamos, y hablo ahora del caso español, que las industrias culturales marquen el paso de una izquierda cateta. Hacen un uso interesado de ese lenguaje simplemente para lavar la cara. Y hablan de afrontar problemas que en realidad no existen.

- ¿Cómo cuáles? ¿A qué se está refiriendo?

- Le voy a poner un ejemplo. ¿Conoce a alguien que no esté a favor de los derechos humanos? ¿Alguien que defienda que una mujer debe ganar menos en el trabajo que un hombre? ¿Alguien que, incluso siendo de derechas, si tiene un hijo homosexual sea partidario de enviarlo a unas terapias de conversión? Seguro que no conoce a nadie. La izquierda posmoderna nos dice que vivimos en un mundo en el que no se acepta la igualdad y por eso es preciso luchar por ella, y no es cierto que no se acepte. Para nada.

Debates públicos

«Si pudiéramos hablar como adultos de algunos temas que son tabú, no tendríamos el problema de la extrema derecha»

Efectos políticos

«Cuando a un obrero pobre le acusan de defender el heteropatriarcado, se cabrea y por fastidiar vota a Vox»

- ¿Y qué consecuencias tiene todo eso?

- Nos pintan un mundo hostil hacia una gente, unos colectivos, unos grupos del tipo que sea, que en realidad ya han ganado la batalla. Alguien habló del derecho de una mujer a volver sola y borracha a su casa por la noche. Todas las que yo conozco han ejercido ese derecho alguna vez. Y cuando se habla de la existencia de una 'cultura de la violación' parece olvidarse que en las cárceles no hay condenado peor recibido que un violador. Pero nadie les discute cuando dicen esas cosas por miedo a que te llamen machista, o racista. Nos venden una revolución cuyos logros ya están conseguidos.

Hablar con tranquilidad

- Acaba de decirlo: en cuanto se ponen en tela de juicio algunas cosas la respuesta por parte de algunos es un insulto.

- Por eso Trump y Vox aprovechan para meternos la xenofobia por la puerta de atrás. Puedes ser un xenófobo por dos razones: la primera, eres un cateto; la segunda, piensas que el sistema te engaña porque determinadas noticias no se dan o se minimizan. Pensemos en lo que pasa con las denuncias falsas de violencia machista. O cuando algunos hechos violentos los protagonizan inmigrantes. Con frecuencia esas informaciones se ocultan o por lo menos se reducen. Si esos temas no fueran un tabú, si habláramos de ello con tranquilidad, como adultos, no tendríamos el problema de la extrema derecha, que se aprovecha de ese ocultamiento y de que en esas situaciones la gente tiende a creer lo que se dice en algunos círculos. Y así consiguen que cale su mensaje.

- ¿Por qué se puede criticar a la Iglesia, las multinacionales o la Real Academia pero no se puede hacer con los líderes políticos, al menos con algunos? A quien lo hace le caen encima miles de hooligans.

- En las redes antes había una absoluta hegemonía de las izquierdas; ahora existe una gran fragmentación. Te podrás meter con quien quieras si tienes un grupo que te defienda. Eso es así porque estamos en una verdadera guerra tribal. El problema es que quien tiene un criterio propio acaba en tierra de nadie. Lo que más usan algunos para insultar es la palabra 'equidistante'. Cuando Podemos dominaba en las redes, vivíamos mejor. Ahora los nuevos 'podemitas' son los de Vox. Otra cosa es que te importe que te insulten algunos, claro.

- ¿Por qué hemos vuelto a un culto a la personalidad que parece de la época de Franco o Stalin?

- Creo que no es de ahora. Los electores necesitan una cara. Cuando nos aburríamos con la política, necesitábamos menos a esos líderes. Veníamos de Zapatero y Rajoy, personalidades poco carismáticas. Ahora hay otros.

- ¿Y por qué hemos recuperado la censura? Ya no existe la censura gubernamental pero hay equipos completos de censores voluntarios.

- Hay una gran diferencia entre lo de antes y lo de ahora: en el franquismo, el censor era el malo; hasta él lo sabía. Por contra, el artista contaba con la complicidad y el apoyo del público. Hoy el censor tiene más seguidores que el creador, se lleva más aplausos de los fans que el artista. Esto es lo nuevo.

Voces y ruido

- Nuevo y peligroso.

- El problema es de la gente. A veces, cuando publico un artículo, me dicen que vaya fregado en el que me he metido, pero luego añaden que piensan como yo. Las personas razonables son muchas más que los fanáticos, pero estos hacen más ruido en las redes sociales. Si hablamos todos, el censor no tiene espacio.

- Hay ámbitos como el cine, donde las voces discordantes casi han desaparecido.

- A ese respecto me parece ilustrativo lo que ha pasado con Timothée Chalamet, el protagonista de 'Dune'. Es un actor de poco más de 20 años guapo, genial... lo está petando. Cuando estalló la polémica sobre Woody Allen, en la que no hay una sola condena ni una prueba de nada, apareció para decir que nunca más rodaría con él. Luego, cuando su compañero en 'Call me by your name', la película que lo lanzó a la fama, fue víctima de un escándalo por unos mensajes con fantasías sexuales, no abrió la boca para defenderlo. ¿Qué necesidad tenía de todo eso?

- Esa es la pregunta que nos hacemos desde fuera.

- Lo hizo, salir a pisotear a Woody Allen y no defender a su compañero, porque su agente le dijo que lo hiciera. Hoy en Hollywood las cosas funcionan así. En la caza de brujas de los años cincuenta, grandes actores hicieron lo que les tocaba en aquel ambiente. Luego han sido señalados. Ya veremos lo que sucede con estos dentro de unos años.