Pablo Arribas saluda desde la furgoneta con la que recorre España desde hace un mes. / R.C.

«Buscar la seguridad es lo más arriesgado»

Instagrammer y viajero contumaz, este madrileño es el nuevo apóstol del desarrollo personal y la «vida valiente». En el Himalaya lloró pensando en todos los que le habían dicho que nadie se gana la vida haciendo lo que le gusta

Sergio García
SERGIO GARCÍA

Vaya por delante que tratar de comprimir las rutinas de Pablo Arribas dentro de unas coordenadas razonables es como ponerle puertas al campo. Él se esfuerza, ojo, pero la conversación no tarda en saltar de Compostela a Tokio, de Talayuela (Cáceres) a la cumbre del Kala Patthar, en el Himalaya nepalí. Después de tres años dando la vuelta al mundo, este 'instagrammer' con 78.300 seguidores y amigos hasta en el infierno, ha publicado el libro 'Vive de forma que te duela marcharte', que ilustra su facilidad para mimetizarse en los escenarios más improbables. Vive en Bali, pero desde hace un mes recorre España en furgoneta promocionando su trabajo y poniendo rostro a esa gente que los últimos años le ha apoyado, ya sea con un post o comprando un libro, como quien sigue un rastro de miguitas de pan que llevan siempre nombre de mujer.

Sábado

8.30 horas. El despertador me devuelve a la realidad. Duermo desde hace semanas en una Mercedes Sprinter que alquilé en Valencia, customizada y recubierta por dentro de madera. Tiene una cama doble, una nevera eléctrica y cajoncitos varios, lucecitas y hasta plantas. Paro en los cámpings para poderme dar una ducha y desayunar algo salado. Longaniza, huevos, beicon... siempre acompañado de alguna ensalada.

12.00 horas. La idea es sencilla. Estoy haciendo una gira de promoción por toda España para llevar la experiencia que recojo en mi libro a la gente que vive donde no llegan las presentaciones ni las firmas de ejemplares que organiza la editorial. A través de mis redes sociales, pregunto a mis seguidores qué quieren hacer. Una vez escuchadas las propuestas, elijo un 'embajador' que gestiona el plan y los demás nos sumamos a la iniciativa. Por ejemplo, mi primera escala fue en Zaragoza... y acabamos en un parque de atracciones.

13.30 horas. He quedado para comer con una amiga y vamos al mercado de abastos, en el casco antiguo de Santiago de Compostela: percebes, berberechos, tartar de caballa y atún... No tengo palabras.

Domingo

11.00 horas. Estoy en Vigo, porque los seguidores han organizado un plan para ir a las Islas Cíes. Nos juntamos 26 personas, es subir al ferry y abrirse paso el sol. Genial. El día transcurre paseando por los senderos que llevan a la cumbre, mientras hablamos de desarrollo personal y del coraje que exige.

19 horas. Toca regresar después de ocho horas en ese rincón idílico que bate el Atlántico. Vamos a cenar los que quedan de la excursión y alguno más que se ha unido, y acabamos de fiesta en los bares de Vigo bebiéndonos hasta el agua de los floreros. Cuando me quiero dar cuenta está bien entrada la madrugada.

Lunes

14.00 horas. ¡Menuda resaca! Si es que me lían... No estoy para muchas historias, así que ducha y carretera y manta. Conduzco hasta Zamora con la idea de irme acercando a Sevilla, donde toca presentación el jueves. Estoy atento a la radio y todo lo que escucho me parecen burbujas. Me hacen gracia las formas. Este es un país donde la política se vive como el fútbol: hay que ir con un equipo o con otro cuando lo realmente importante son los problemas de los ciudadanos. Hemos entrado en un bucle completamente polarizado, de dimes y diretes. Cuando te pilla cerca pues quizá te afecta, pero si estás a 10.000 kilómetros, ya sea en Bali o en California, todo suena bastante absurdo.

19.00 horas. Nada más llegar a Zamora, me pongo a trabajar. Como estoy de gira, eso significa responder muchos mensajes, preparar contenidos para Instagram, planear las siguientes paradas, anunciar destinos para que la gente proponga planes y se nombren embajadores... Son muchos seguidores y es cierto que al principio sentía un poco de vértigo, pero ya no. Me da un poco igual, lo digo de corazón. Disfrutas más cuando lo vives con naturalidad. Ahora miro más por la calidad que por la cantidad: busco fidelizar, usuarios que sean activos, afines a la causa. Es más difícil lidiar con uno mismo que con la multitud, aunque ahora que estoy encontrándome físicamente con ellos te aseguro que trabajo no me falta.

Martes

10.30 horas. Me dirijo a Talayuela, un pueblo Cáceres donde abundan las plantaciones de tabaco y vive mi amiga Marta. Mucha gente me dice 'jo, qué suerte tienes'. No estoy del todo de acuerdo. Vivimos en una cultura donde ciertas actitudes se toman como una excepción, cuando el ser humano ha nacido completamente libre, y si no lo siente así es porque a lo largo de la historia se ha ido construyendo sus propias cárceles. Soy de los que piensa que no hay nada más arriesgado que vivir siempre a seguro, lo que yo llamo la 'zona media', que ofrece control y donde todo son certezas. Claro que la seguridad es importante, pero si quiero cumplir un sueño voy a tener que exponerme, porque de lo contrario me iré apagando. Sucede en todos los ámbitos, desde el que tiene un trabajo que no va con él, una relación por la que no arriesga todo lo que debe o un entorno de amigos que no le llena pero no busca otros nuevos... Y siempre la razón para no hacerlo es el miedo.

19.00 horas. Conocí a Marta en las Elecciones Generales de 2011, durante un evento. Quedarme en su casa me viene fantástico, así aprovecho y pongo una lavadora. Trabaja en un catering y cenamos en ese plan: crema fría de melón con virutas de jamón, y carrillera en salsa con puré de patata. Al final te refugias en el cariño de las personas.

Miércoles

12.00 horas. De vuelta en la carretera me viene a la cabeza un momento crucial. Fue en el Kala Patthar, un pico que hay camino del campamento base del Everest, a 5.365 metros de altitud, un trekking de dos semanas. Subir ahí arriba y comprender que era lo más alto que podría llegar me llenó de una paz serena, de plenitud. Recuerdo romper a llorar después de años escuchando que de escribir no se vivía, que los sueños no bastaban para ganarse el sustento.

12.01 horas. Bueno, no todos los recuerdos son reconfortantes. Una noche me drogaron en Tokio, alguien puso burundanga en mi bebida y desperté en la azotea de un séptimo piso. Cuando poco después llegué a Los Ángeles y quise pagar con la tarjeta , descubrí que me habían vaciado la cuenta precisamente aquella noche de la que no recuerdo nada.

20.00 horas. Paro en un Carrefour de Camas, el pueblo de Sergio Ramos, y aprovecho para preparar la cita del jueves en el mismo parking con una hamburguesa del McDonalds. No me hace falta mucho. Para mí hay tres pilares que conducen a una filosofía de vida valiente: la autenticidad (fundamental para conseguir relaciones auténticas y conexiones profundas), la implicación (ser el protagonista de tu propio camino) y coraje (hay que aprender a integrar el miedo en nuestro relato y a gestionarlo).

Jueves

14.30 horas. Recojo a mi amiga Elena García, una crack especialista en miedos dentro del desarrollo personal, que me acompañará hasta el lunes en los tres eventos que tengo por delante: Sevilla esta tarde, Málaga y Cádiz.

19.00 horas. Firma de ejemplares en el FNAC de Sevilla, que me gusta prolongar para intercambiar impresiones. Luego voy con los seguidores donde me lleven, tomando lo que se tome por aquí, lo mismo da tapas que rebujitos. Y si hay gazpacho, ni te cuento.

- Antes los filósofos se asomaban al ágora y sentaban cátedra, ¿ahora viajan en furgoneta?

- Ahora hacen cosas, inspiran con la acción. El gurú de sólo palabras ya no sirve. La gente, para sentirse inspirada, necesita el ejemplo de alguien también vulnerable.