Fachada del Cavern Club, en Liverpool, donde los Beatles debutaron el 9 de febrero de 1961. / Efe

Los Beatles invitan a viajar... con imaginación

Se cumplen 60 años del debut en el Cavern Club de una banda a la que se puede seguir el rastro en Londres, Hamburgo, India...

ISABEL URRUTIA

Mal que le pese a Mafalda, que los adoraba, los Beatles están hasta en la sopa. Son como la energía. No desaparecen, se transforman. El último fenómeno se produjo durante el confinamiento, con el vídeo casero de un músico de Florida, Colt Clark, y sus tres hijos. Los chicos aparecen tocando la guitarra y la batería y la niña sale bailando al son de 'Come Together'. Pura magia. Las coletas, la sonrisa y la habilidad de la cría para sacudir el 'shaker' elevan la canción al nivel del puro placer. A Mafalda le pasaba lo mismo con 'She loves you'. Los Beatles siempre han invitado a volar con la imaginación. Yeah, yeah!

El cuarteto de Liverpool fue una estrella fugaz, apenas ocho años, entre 1962 y 1970. Más que suficiente, no obstante, para deslumbrar al personal y revolucionar el panorama musical. Bien lo saben las ciudades donde vivieron, desbarraron y levitaron (o casi). Las rutas beatlemaníacas son un mundo aparte. A medio camino entre la realidad y la fantasía psicodélica. No son tiempos de coger aviones ni submarinos amarillos, pero sí de recordar que el 9 de febrero se cumplen 60 años del primer concierto de los Beatles en el Cavern Club (inaugurado el 16 de enero de 1957). Es una de las paradas obligadas en Liverpool. Allí se arremolinan todos los años lo mismo canadienses que panameños o rusos, aunque ahora los guías turísticos están muy aburridos en casa, silbando 'Hey Jude' si todavía les queda algo de humor.

Mientras tanto, siempre se pueden sondear otros mundos musicales relacionados con los Beatles. Como las versiones brasileiras de sus temas más populares. Basta aferrarse a 'Help', con la voz cadenciosa de Caetano Veloso, para llegar plácidamente a julio. Un mes con otras fechas clave para los beatlemaníacos. El 6 de julio de 1957 se conocieron John Lennon y Paul McCartney; y el 10 de julio de 1964 el grupo regresó de una gira apotéosica por Estados Unidos, justo a tiempo para asistir en Liverpool al estreno en el Odeon Cinema de la comedia 'A Hard Day's Night' que disparó más si cabe su popularidad. Cerca de 300.000 personas estaban esperándolos en el aeropuerto.

Plaza de los Beatles, en Hamburgo. / Carmelo Paulo R. B.

Solo ellos han sido capaces de convertir un paso de cebra en un icono pop, sociológico y artístico. Esas humildes rayas blancas, a la entrada de los estudios de Abbey Road en Londres, se han ganado el estatus de patrimonio protegido. Reflejan una época y una épica. «Su música, a fin de cuentas, protestaba por ti», resumió en su día el historiador y escritor inglés Tony Judt (1948-2010), que tenía 14 años cuando lanzaron su primer sencillo, 'Love me do'. Faltaba muy poco para que aparecieran las primeras minifaldas y Estados Unidos no dejaba de intensificar sus ataques en Vietnam. «La década de los 60 fue una buena época para los jóvenes. Vivíamos muy cómodos en nuestro inconformismo», apuntalaba el intelectual inglés, autor de 'Pensar el siglo XX'.

Un año igual que veinte años

¿Cuál era el secreto del cuarteto de Liverpool? ¿Qué les hacía galvanizar el ambiente? En palabras de George Harrison, todo era una cuestión de intensidad: «Cada año de los Beatles equivalía a veinte años». Él apenas tenía 17 cuando llegó con la banda a Hamburgo. Allí se foguearon como músicos en el barrio de St. Pauli, donde no había más que pubs, burdeles y clubes de strip-tease. Como otros grupos y solistas ingleses que pululaban por ahí, se mataban a trabajar y se reponían con albóndigas, cerveza y anfetaminas. Ofrecieron cinco series de actuaciones entre 1960 y 1962. Superada esa etapa, ya de vuelta en Reino Unido, despegaron a toda pastilla. Ahora se organizan tours por los locales y tugurios de Hamburgo donde tocaban y salían de fiesta. Ojo, en los itinerarios guiados solo admiten a mayores de edad.

Ya son cuatro las generaciones que celebran la existencia de los Beatles. Sin grititos histéricos ni lloros a moco tendido. Todo se ha moderado. También los fans. En el centro espiritual de Chaurasi Kutia, al norte de India, siempre se dejan caer los curiosos. Quieren ver con sus propios ojos el lugar donde el cuarteto de Liverpool compuso en 1968 la mayor parte del material de 'The White Album' (el favorito, dicho sea de paso, de Frank Sinatra). Aquel periodo esotérico no acabó nada bien -por desavenencias con el gurú- pero al menos les sirvió como estímulo para volcarse en el trabajo. La música era lo que realmente les motivaba.

En Nueva York hay un mosaico con la palabra 'Imagine', en Central Park, cerca de los Dakota Apartments, donde vivía John Lennon. Allí se recuerda que hace más de 40 años cuatro disparos segaron la vida del más soñador y rebelde de todos. El que cantaba en el tema 'God', perteneciente a su primer disco en solitario: 'No creo en los Beatles, solo creo en mí'. Lennon era un tipo sin límites. El más beatle de los Beatles.