Ansite, en Gran Canaria. / c7

'Atis Tirma' o el final trágico de la sociedad aborigen de Gran Canaria, 1483

Es una gran novela sobre una parte -trágica y apesadumbrada- de la historia de las Islas Canarias, particularmente de Gran Canaria, en el umbral de su Modernidad y que además me ha instruido y sobrecogido.

FERNANDO MARTÍN GALÁN La Laguna

En este tiempo del principio de la postpandemia Covid, nos llega al mundo de la cultura en Canarias una obra literaria especial, una novela histórica sorprendente. Hoy vivimos en el siglo XXI de la era cristiana y hace 543 años en aquella isla se vivió una hecatombe humana sin paliativos. De esto es de lo que trata el argumento de la novela del historiador y escritor Ulises Martín Hernández.

El autor es un canario vecino de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, que ha tenido en su formación tres titulaciones por la Universidad de aquella ciudad: como Maestro Nacional de Enseñanza Primaria, licenciado en Historia y en Pedagogía. Además ha logrado culminar dos tesis de doctorado en Historia y en Pedagogía.

Desde hace más de veinte años Ulises Martín eligió recorrer un camino diferenciado respecto a su ocupación en la Enseñanza y en la producción de estudios históricos, que le encaminó hacia la creación de obras de narrativa literaria sobre temas históricos relacionados con nuestras islas.

Con 'Atis Tirma' el escritor ha llegado a cotas de un versado narrador. Se estrenó en esas lides en 1999 publicando 'Episodios históricos del Puerto de la Cruz' y desde 2004 ha conseguido sacar a la luz seis libros de narrativa histórica y legendaria en la colección 'Canarias Memoria Atlántica', de Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife.

Ahora en una prestigiosa editorial con sede en Tegueste (Tenerife) –Baile del Sol Ediciones– se imprime esta acendrada publicación digna de toda alabanza, por lo que manifestamos nuestro mayor reconocimiento a dicha firma y a su director Tito Expósito.

Una buena novela es una obra de arte literario y este libro lo es. Trata del traumático parto del pueblo prehistórico de Canaria hacia su destino en la Historia. Pero se sustancia en un relato que va más allá de los crudos hechos bélicos y de la encarnación de sus actores principales, encuadrado en el lustro 1478-1483. Y es que también están operativas importantes entidades como la Corte real itinerante de la reina Isabel II y su marido Fernando II, los Reyes Católicos, impulsores de la etapa final de la reconquista cristiana del reino de Granada. Paralelamente la Corona castellana estaba en la perseverancia de su plan por acabar la dominación total de Canarias, para consolidarla como un espacio realengo pues como archipiélago africano era estratégicamente crucial ante las pretensiones expansionistas del vecino reino de Portugal por África y el Atlántico. También, de paso, quedaba encaminado el sometimiento final de las restantes dos islas, La Palma y Tenerife, que se culminaría en 1496 y así se llagaba al fin de la prehistoria de este archipiélago.

En la carátula del libro se dice: «Varias han sido las propuestas literarias que han evocado este acontecimiento, reproduciendo con mayor o menor fortuna los acontecimientos históricos y los móviles de sus protagonistas» y cierto es. En el caso de 'Atis Tirma' uno de los valores que la distingue y como gran mérito del autor, historiador profesional, es el pulcro rigor histórico de los hechos, de los personajes, las geografías y las circunstancias ciertas que concurrieron. En ese sentido es un disfrute, conforme se avanza la lectura, el estar asistiendo al revivir real de aquel mundo de lejano pasado de Canarias. En los sucesivos capítulos se palpa un volver a la vida de aquellos seres, de aquel pueblo aborigen y de la hueste de gente de guerra que quedaron en el olvido a causa del paso de los siglos. Con esta novela el lector se ve seducido al resucitarse el comienzo de la historia de Gran Canaria y de la fundación de la ciudad de Las Palmas, que tuvo lugar con la guerra de conquista castellana. Los capítulos logran mantener al lector dentro de una tensión emocional muy atractiva.

'Atis Tirma' es verdaderamente un microuniverso en el que sucesos, personajes, familias, reyes, soldados, pastores, frailes, aborígenes, autoridades, conquistadores del común, sueños, traiciones, victorias, viajes, ceremonias, vida cotidiana, amores... se suceden en medio de una existencia que discurría al mismo tiempo tanto en la pequeña isla de Canaria —en el Real de Las Palmas y en las montañas y barrancos— como en los lejanos lugares de la península ibérica y del Mediterráneo relacionados con ella.

Esta novela nos llega en un tiempo muy oportuno. Y es que, por fortuna, Gran Canaria en su conjunto ha llegado hasta nosotros como un gran escenario teatral donde se hallan visibles y bien presentados testimonios de enorme valor sobre la cultura aborigen prehispánica. Esta isla ha tenido la sabiduría y el acierto de lograr conservarlos.

A los que lleguen a leer esta novela les puedo asegurar que los lugares, recuerdos o estaciones prehispánicas que hoy se conservan en la isla, como el recientemente declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco de Risco Caído y su paisaje cultural vecino, los almogarenes de Bentayga o Tirma, el Museo y Parque Arqueológico de Cueva Pintada en Gáldar, el Cenobio de Valerón, el parque arqueológico del Maipés de Agaete, las fortalezas de Santa Lucía de Tirajana, etcétera o el mismo Museo Canario, el monumento a Bentejui del escultor Manuel Bethencourt Santana en el parque Doramas de Las Palmas, etcétera se entenderán y se gozarán con mucha más intensidad y con una nueva luz clarificadora que explicará mejor lo que esos lugares o legados significaron para los antiguos isleños.

'Atis Tirma' requiere ser leída con cuidadosa atención. Deslumbra por la fluidez de las acciones con que discurre su argumento, por la claridad narrativa con que queda abordada una realidad histórica que siempre ha estado muy enmarañada en sus datos, por su elevado tono en calidad estética literaria, su muy cuidada riqueza de léxico culto y por el dominio de una prosa poética que en muchas ocasiones es elevadamente sugerente. En suma, se asiste a la contemplación de cuadros de paisajes de vida coetáneos y sucesivos, que se dieron en Gran Canaria, Lanzarote o La Gomera o en Castilla y Portugal o en Roma.

«Mientras duró el paroxismo, los dos canarios permanecieron inmóviles, distantes, contemplando impotentes la escena. Luego, por fin, cuando el tumulto cesó, ellos y la multitud sobrecogida cruzaron alguna mirada embarazosa, esquiva, y todos constataron que ya no había nada que hacer, que el entendimiento era imposible porque nada memorable podían compartir y ningún lenguaje los habría reconciliado. Después, murmurando, el faycán escupió dos veces y les dio la espalda: ya se había despedido de los muertos ideales, de los entrañables y los admirados, de los amusnau y los artistas, de los amantes de dios y los capitanes, de los enamorados y los optimistas, de los pastores de la cumbre y los gigantes, de los brujos y los perlos, de los poetas geniales y los suicidas, de los limpios de corazón y los condenados a muerte... de todos ellos, su último heredero. Arrogante, Ventehuí, el más digno y breve de los guanartemes, le siguió los pasos sin volver la vista atrás, con el pensamiento poseído por la imagen de su rival, el desleal recompensado, descubriendo, aunque tarde, que la honra es privilegio de los hombres y pocas veces de los pueblos. Desencanto, amargura, despecho, repugnancia... ¿Qué emoción recorrió entonces sus entrañas? Acaso fue una suma de todas ellas. ¡Pero, qué importa!, más tarde o más temprano el hombre se enfrenta solo a su destino.

En más de una ocasión los había tentado la gloria, el rito, el vuelo. Sonrieron por el cristalino recuerdo de Guanhaben, por la memoria del temerario Caitafa y la de todos los que alguna vez habían expiado culpas ajenas: ¿para qué otra cosa sirven los héroes? Había llegado el momento. Se tomaron de la mano y, como era costumbre de los viejos, caminaron erguidos hasta el brocal del abismo. Sonrieron de nuevo, lloraron incluso: de pronto había florecido el miedo, ¿qué otra cosa podían esperar? Solo eran hombres —cosa de la carne, pensaron—, dos seres proscritos. Tragaron saliva, un trago amargo, y sonrieron por última vez al verse solos, los dos, en su clamorosa soledad —¡Aquel maldito nudo atravesado en la garganta!— y se abrazaron con un ímpetu rabioso, la vida toda vertida en el abrazo: —¡Se acabó! —dijeron, y entonces, en el último instante, los invadió un frenesí, una embriaguez, el valor que ya volvía—: ¡Ohh dios! —en nada se piensa, el cuerpo tiembla, los llama el vacío, sus labios exclaman:

—¡Atis Tirma! ¡Atis Tirma! ¡Atis Tirma! —y volaron... alto, lento... vuelan, aún vuelan».

Para mí es una gran novela sobre una parte —trágica y apesadumbrada— de la historia de las Islas Canarias, particularmente de Gran Canaria, en el umbral de su Modernidad y que además me ha instruido a la vez que me ha sobrecogido en diversos pasajes, por lo estremecedor en unas ocasiones y por lo resplandeciente en otras.

Y es que el tema que se aborda no es nada insignificante, se trata de la controvertida cuestión atemporal que podría resumirse en seis palabras: la marcha imparable del existir humano.

Acérquese a 'Atis Tirma', le complacerá y enriquecerá.