Dar el paso y romper con lo establecido

02/06/2019

Hay momentos en los que el individuo tiene dos opciones. Dejarse arrastrar por el entorno, la rutina y las convenciones o rebelarse y tomar las riendas de su vida. Sean cuales sean las consecuencias. Este es el punto neurálgico de la reflexión que propuso el escritor Stefan Zweig con su novela 24 horas en la vida de una mujer, que se publicó en 1927 y que llega el próximo día 27 de junio, a partir de las 20.00 horas, al escenario del teatro Pérez Galdós de la capital grancanaria, dentro del ciclo Música y Literatura, fruto de un montaje escénico-musical producido y protagonizado por la actriz Silvia Marsó.

«A veces, el destino te pone en una situación en la que te ves obligada a tomar las riendas. En el caso de la Señora C, mi personaje, se encuentra en un momento de profunda depresión. Ha perdido a su marido y sus hijos se fueron. Ve que su vida no tiene sentido. Hasta que encuentra con un muchacho que acaba de perder una fortuna en la ruleta del casino de Montecarlo y al que decide salvar del suicidio. Desde ese momento, la vida de ambos cambia por completo», apunta Silvia Marsó, desde Madrid, sobre este montaje cuya gira nacional culmina a final de año.

Su personaje, pieza fundamental de la obra, es una aristócrata que asume que «su vida es una farsa». «La novela de Stefan Zweig y este montaje proponen una reflexión sobre los momentos en los que el ser humano toma conciencia de que el destino, en algunas ocasiones, nos sitúa en un cruce de caminos. En esos casos, solo si rompemos con los condicionantes externos lograremos vivir en libertad y con plenitud», apunta.

Que su personaje sea de clase alta no es una cuestión baladí dentro de esta ficción, reconoce Silvia Marsó. «Stefan Zweig buscó al ser más sometido que podía existir en aquella época. Una mujer, a la que encima le da la condición de aristócrata, un estatus en el que no se le permite elegir. Por ejemplo, la casaron con 18 años con un hombre al que no amaba», desvela.

Defiende que se trata de un texto muy «contemporáneo» que aborda la «ausencia de libertad» que aún hoy padece la mujer en la sociedad.

La actriz reconoce que antes de comenzar con este proyecto ya había leído algunos libros del austriaco Stefan Zweig, genio literario del pasado siglo XX que falleció en Brasil en 1942.

«Cuando rodábamos Gran Hotel, el actor Eloy Azorín me regaló esta novela. Me gustó mucho cuando la leí. Después me enteré de que se representaba en París, como un musical, y el montaje me fascinó. Sobre todo la música, de Sergei Dreznin», rememora sobre la primigenia adaptación de Christine Khandijian y Stéphane Ly-Coug.

El montaje español cuenta con la dirección escénica de Ignacio García. Junto a Silvia Marsó están sobre el escenario los actores Felipe Ansola y Germán Torres. «Interpretamos y cantamos todo el rato. Sobre el escenario están los músicos, que tocan en directo, son unos personajes más», reconoce Marsó.

Sobre su papel como productora, dice que ha sido una experiencia dura y gratificante. «Tenía experiencia, pero no como productora en solitario. He aprendido mucho y he podido cuidar el proyecto desde el principio. Pero me ha exigido un enorme esfuerzo económico y personal. Es muy complicado salir de gira con un montaje con seis personas sobre el escenario, más tres técnicos», dice sobre este reto económico.