«Supeditar los museos a las exposiciones es casi negligente»

César Ubierna es el director de la Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista, que la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario mantiene abierta en Gáldar desde 1982. Asegura con vehemencia que «supeditar los museos a la celebración de meras exposiciones es casi un acto negligente, porque deben ser generadores de productos culturales para el medio en el que se insertan».

M.C./ LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Durante 13 años lo ha tenido meridianamente claro con respecto a la gestión de este centro situado en un municipio de 25.000 habitantes: «si el museo no ofrecía una oferta cultural renovada cada cierto tiempo con exposiciones, conciertos, proyecciones, conferencias o seminarios, visitarlo de nuevo para los habitantes de Gáldar carecía de atractivo».

Ubierna está contrariado porque la irrupción de la pandemia de la Covid-19 ha trastocado completamente la hoja de ruta del Centenario del nacimiento del pintor Antonio Padrón que se cumple este año 2020. Según el director, al que gusta definir a Padrón como «el cosmógrafo espiritual del campo canario», el intenso programa previsto deberá posponerse a 2021 coincidiendo, afortunadamente, con la celebración del cincuentenario de la creación del museo.

«Durante los años que llevo gestionando el museo he tenido que responder en multitud de ocasiones a la siguiente pregunta: ¿por qué Antonio Padrón es tan poco conocido? En el fondo, cada una de estas preguntas, me remitía a lo que debía ser mi labor: dar a conocer a Padrón. Reconozco que su prematura muerte, en el mejor momento de su carrera, no le ayudó a desarrollar un legado importante -no llegan a doscientas su obra pictórica acabada y firmada-. Sin embargo, su escasa obra, si dejaba entrever que se truncó una trayectoria artística muy singular en la plástica canaria y que, tal vez hoy, estuviésemos hablando de una de las figuras más importantes del expresionismo español del siglo XX», sostiene César Ubierna al referirse a la dimensión creadora del artista galdense.

César Ubierna estima que en su etapa inicial el museo vivía «de espalda a la calle». «Se imponía, como primera medida, que mirase a la calle. En principio, como punto de partida, concebí el museo como un museo de cercanía, de proximidad, y para ello era necesario establecer un dialogo con el entorno más inmediato para conseguir su acreditación social perdida. No quería tener un museo ensimismado y ausente, sin relaciones con su ecosistema social», dice desde Gáldar.

«Había que establecer un diálogo y debía ser entablado con lo más inmediato que teníamos, los vecinos colindantes, para luego y a modo de círculos concéntricos escuchar e incorporar a todas las partes interesadas, los stakeholders, o sea a todas aquellas personas u organizaciones afectadas por las actividades y las decisiones de la empresa museística. Esto es lo que le ha dado la viveza que hoy tiene», reconoce.

Ubierna siempre piensa en un museo vivo proponiendo un sistema abierto que permita su retroalimentación con el patrimonio integral y el establecimiento de una nueva relación con la comunidad, «y para ello debe integrarse una cuarta función: reactivación, entendida como todo lo relacionado con las estrategias que sirven para integrar sectores de la comunidad como socios/aliados del museo. Era preciso sentirnos concernidos del acontecer social. Esta idea es la que se aproxima más al concepto de sostenibilidad, que creo deben aportar los museos».