La despedida de un espíritu libre

Juan Hidalgo recibió en su despedida parte del respeto y el cariño que sembró durante su trayectoria vital. Por el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) desfilaron durante toda la jornada artistas, amigos y admiradores que quisieron celebrar su forma de entender la vida y el arte.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

« No mate usted. No sea ignorante. Aparque las religiones, los nacionalismos a ultranza y muchas cosas más que son raíces de todo mal. No sea racista: que haya blanco, que haya negro y que haya blanco y negro. Respete todas y cada una de las opciones sexuales. No robe y límpiese los dientes cada día», escribió Juan Hidalgo en Notas para el milenio (2000). Este fue uno de los muchos consejos desinteresados que el artista ofreció a cualquiera que se acercara a su vida o a su obra. Ayer muchos quisieron mostrar su gratitud.

«Estoy emocionado por tantas muestras de cariño y de admiración hacia Juan. Me reconforta mucho», decía ayer Carlos Astiarraga, su compañero de viaje y cónyuge, palabra que Hidalgo prefería frente a otras como marido o esposo.

«Mi consuelo mayor es saber, primero, que ha vivido 90 años de libertad. Ha vivido como le ha salido de las pelotas -perdón que lo diga así, pero es como él lo hubiera dicho-. No ha rendido cuentas. No ha tenido que salir del armario porque nunca ha estado en el armario. Ha vivido con naturalidad. Ha sido una persona para la que su obra y su vida han sido lo mismo. Están fundidas. Y son 90 años. La oportunidad de vivir 90 años con esa intensidad ha sido maravillosa», dijo Astiarraga, que confesó sentirse afortunado de haber compartido con su «amor» y su «maestro» los últimos 27 años de su vida.

Amigos y allegados se acercaron para celebrar haberlo conocido y compartir las anécdotas y los recuerdos que Hidalgo les había dejado. Mela Campos, Esther Aldaz, Ángel Luis Aldai, Macarena Nieves, José Luis Luzardo, Pepe Dámaso, Paco Rossique, Alejandro Vitaubet, Saro León y muchos otros dejaron constancia del aprecio y la admiración que le profesaban.

«Me parece maravilloso, porque lo que pretendíamos hacer se está produciendo, que era generar un punto de encuentro con Juan; un lugar donde podamos acompañarle, rendirle tributo y homenajearle», comentó el director del CAAM, Orlando Britto, que oscilaba entre la alegría y la emoción al ver cómo el museo estaba recibiendo un goteo continuo de «personas de todas las condiciones que lo respetaban muchísimo como artista y lo querían muchísimo como persona».