Fina García-Marruz, en su casa de la Habana tras recibir el Premio Reina Sofía de Poesía. / Alejandro Ernesto

Se apaga la voz espiritual de Fina García-Marruz, la gran poeta cubana

Deudora de Lorca, Juan Ramón y Neruda, integrante del grupo 'Orígenes' y ganadora del Reina Sofía de Poesía, murió a los 99 años en su Habana natal

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

La espiritual y casi secreta voz poética de Fina García-Marruz se apagó ayer para siempre en su Habana natal. La poeta, ensayista e investigadora cubana fue «una de las más extraordinarias voces de la literatura latinoamericana», según la Casa de las Américas, la institución cultural cubana, que informó de su fallecimiento a los 99 años. Integrada en el grupo 'Orígenes', deudora de Lorca, Juan Ramón y Neruda, se consagró al ganar en 2011 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más relevante en el ámbito hispano. «Su poesía es de gran calidad y tiene una forma sencilla y elegante que transita por la espiritualidad cristiana», apuntó entonces el poeta Luis Antonio de Villena, miembro del jurado cuando se le otorgó el galardón.

Nacida en La Habana en 1923, García-Marruz se sumó al grupo 'Orígenes', integrado en torno a la revista homónima que se editó entre 1944 y 1956 y que aglutinó a intelectuales y escritores como José Lezama Lima, Eliseo Diego, Gastón Baquero o Cintio Vitier, marido de García-Marruz. Muy influido por las poéticas de Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, 'Orígenes' sería el equivalente en importancia e influencia a nuestra Generación del 27 en España.

García-Marruz siempre dijo que era escritora gracias al encuentro que mantuvo con Juan Ramón Jiménez en 1936. Tenía además una especial predilección por la obra de Pablo Neruda, a quien conoció en La Habana en 1942, cuando ella asistió a la «lectura preciosa» de los sonetos de amor y muerte de Quevedo realizada por el poeta chileno en la capital de la isla. También fue una declarada admiradora de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, de quien alababa su «sensibilidad y estilo».

Fue investigadora en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y ahondó en la obra del legendario poeta, político y libertador cubano durante su etapa en el Centro de Estudios Martinianos, al que perteneció entre 1977 y 1987 para realizar la edición crítica de las Obras Completas de Martí.

Según el crítico literario Enrique Saínz, la poesía de García-Marruz «está hecha de estados de ánimo, de intuiciones y de revelaciones de la realidad que no vemos en otros poetas cubanos». Sus ensayos, «revelan una percepción de valores textuales, sin academicismos, y de prosa terminantemente artística».

Reacia a conceder entrevistas o hablar de sí misma, decía sentirse en esos casos «como una violinista a la que le piden un concierto de flauta». Apasionada melómana, solía repetir que su mayor orgullo eran sus hijos, Sergio y José María Vitier, reputados instrumentistas y compositores y ganadores del Premio Nacional de Música cubano en 2014 y 2021.

Traducida a una decena de idiomas, la obra de García-Marruz incluye títulos como 'Poemas' (1942), 'Transfiguración de Jesús en el Monte' (1947), 'Las miradas perdidas' (1951), 'Visitaciones' (1970), 'Poesías escogidas' (1984), 'La familia de Orígenes' (1997), 'Hablar de la poesía' (1986) y 'Créditos de Charlot' (1990). Entre otras antologías, sus versos figuran en la realizada por Carmen Conde en 1967, 'Once grandes poetisas hispanoamericanas', y en la de Margaret Randall en 1982 'Breaking the silence' (Rompiendo el silencio), publicada en Canadá.

Además del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, logró otros importantes galardones, como el Premio Nacional de Literatura cubano que recibió en 1990, convirtiéndose en su segunda ganadora tras la 'cervantes' Dulce María Loynaz. También mereció el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda otorgado en Chile o el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca.