Les Luthiers, con López Puccio el segundo a la izquierda, llevan en los escenarios desde 1967, cuando se conocieron en un coro universitario. / R. C.

Les Luthiers, humoristas

«Con los años nos hemos vuelto unos ancianos quisquillosos»

Reanudan su gira en España después de interrumpir sus actuaciones a causa de la pandemia

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Su arte es todo un juego de palabras, puro ingenio verbal en el que no cabe el juego sucio. Los miembros de Les Luthiers dotan al lenguaje de ingenio y a la música de estrafalarios instrumentos de cuerda, viento, percusión y lo que se tercie. Suyos son artefactos tan celebrados como el nomeolbídet, una oda a la memoria de la higiene de las partes íntimas, y la gaita de de cámara, construida con el neumático de un tractor. El sexteto dejó al público con la sonrisa helada cuando apareció la pandemia, circunstancia que obligó a la suspensión de las actuaciones que los argentinos estaban realizando en España. El 29 de enero reanudan en Burgos la gira que quedó interrumpida hace dos años cuando representaban el espectáculo 'Viejos hazmerreíres', un recorrido que terminará 26 de marzo en Palma de Mallorca.

Medio siglo llevando la diversión al público es tan meritorio como cansado. Quizá por eso Les Luthiers procuran verse poco, aunque cuando coinciden en el escenario el resultado es una juerga. Suelen viajar cada uno por su cuenta y se hospedan en hoteles diferentes. En un encuentro por vía telemática, Carlos López Puccio, el hombre de pelo de plata, y Roberto Antier, que ha sustituido en el grupo al inolvidable, Marcos Mundstock, fallecido en mayo de 2020, los humoristas desgranan las vicisitudes del conjunto.

El grupo humorístico ha logrado una sorprendente longevidad gracias a la psicoterapia, y no es broma. Durante 17 años, muy tocados por la temprana muerte por leucemia de Gerardo Masana, uno de los fundadores de la formación, los componentes de Les Luthiers decidieron ir a la consulta de un especialista. «Fue como la muerte del padre. Coincidió con cierto destello de popularidad del grupo, que era ínfimo con lo que vino después. Realmente nos fue muy útil: ayudó a sanar nuestra diferencias e ir encontrando caminos, pero con un buen juez que ejerció de árbitro y que pudo aclararnos cosas que no podíamos ver», explica López Puccio.

¿Cuál la razón de que le guste verse lo justo y necesario? «El olor», contesta con guasa Puccio. «Con los años nos hemos convertido en unos ancianos quisquilloso, nos hemos vuelto más caprichosos. Uno prefiere el hotel con una habitación pequeña, otro con una más grande, un tercero con vistas al mar. ¿Por qué no respetar las individualidades para ser más felices cuando nos encontremos?». Ellos se ufanan de tan veteranos como los Rolling Stones, solo que sin «agregados químicos».

A Les Luthiers no les salen imitadores porque su humor es difícil de emular. Lo que sí ha surgido a rebufo de su talento es una estela de grupos tributo que replican sus momentos más hilarantes. «Lo bueno sería que hayamos estimulado líneas de humor, que es lo que creo que hemos hecho a lo largo de estos años», apostilla Roberto Antier.

Con su largo pasado, ya quedan pocos miembros originales. Han muerto Masana, Mundstock y Daniel Rabinovich; Carlos Núñez Cortés se retiró a los 75 años, de modo que solo permanecen dos históricos López Puccio y Jorge Maronna. Su supervivencia estriba en que han sabido renovarse con las incorporaciones de Tato Turano, Martín O'Connor, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier, quien ha sustituido a Marcos Mundstock. Llama la atención que ninguna mujer haya entrado en el grupo, una cuestión que no implica discriminación alguna, según López Puccio. «Un grupo masculino tiene una definición 'per se' y eso no supone ningún tipo de sexismo. 'Sexo en Nueva York' era una serie de cómo veían la realidad un grupo de mujeres. En nuestro caso, los textos fueron escritos específicamente para hombres, de modo que sería muy difícil que entraran mujeres reemplazantes para hacer roles masculinos», aduce Carlos López.

Visitaron por primera vez España en 1974. Y fue la primera vez que tuvieron que someter el libreto a la censura previa. «Fue muy liviana, porque no nos comprometíamos nada en ese espectáculo», evoca López.

De haber un Nobel del Humor, López Puccio se lo daría a Chaplin, mientras que Roberto Antier se lo entregaría a su maestro, Marcos Mundstock.

Woody Allen

Ganadores del Premio Príncipe de Asturias en 2017, Les Luthiers se impusieron a Martin Scorsese, lo que no es poca cosa para unos veteranos que se conocieron en los remotos tiempos universitarios, cuando cantaban en el coro de la Universidad de Buenos Aires. Ninguno podía imaginar entonces que en el Teatro Campoamor de Oviedo, escenario de la entrega de los galardones, que se codearían con tres Premios Nobel y recibirían la misma distinción que Woody Allen, Daniel Barenboim o Quino.

Las cosas se han puesto tan locas que los cómicos tienen que competir con políticos como Boris Johnson. La razón de su éxito está clara para los integrantes del sexteto. No abordan asuntos de actualidad y abjuran de cuestiones locales. Su idiosincrasia es el esmoquin, la pajarita y los malabares del lenguaje. Nada más. Solo eso y, claro está, tener callo de tanto pisar escenarios. No saben ni quieren saber las singularidades que hacen reír a cada país. Con su quehacer han logrado ser el referente del humor en español. ¿El secreto? La inteligencia y la vocación de universalidad.

La gira tiene un punto amargo. Es la primera vez que no estará en ella el maestro Mundstock, que ejercía un gran liderazgo en el grupo.