Anna Castillo presenta en Málaga 'La vida era eso'. / o. belategui

Anna Castillo: «Los de mi generación somos unos quejicas»

La actriz encarna a una emigrante española en Bélgica en 'La vida era eso', estupenda ópera prima de David Martín de los Santos vista en el Festival de Málaga

OSKAR BELATEGUI Málaga

La lista de películas que tiene pendientes de estreno Anna Castillo incluye los nuevos trabajos de Jaime Rosales ('Girasoles silvestres'), Cesc Gay ('Historias para no contar'), Marcel Barrena y Dani Rovira enrolados en la ONG Open Arms ('Mediterráneo') y una comedia de Paco Caballero ('Donde caben dos'). Antes, esta barcelonesa de 27 años, que ganó el Goya a la mejor actriz revelación por 'El olivo', estrenará 'La vida era eso', vista en el Festival de Málaga.

La estupenda ópera prima de David Martín de los Santos une en la habitación de un hospital belga a dos mujeres. Una emigró hace muchos años y formó allí una familia (la veterana Petra Martínez, homenajeada en Málaga); la otra (Anna Castillo) está sola y ha trabajado de temporera mientras sueña con ser fotógrafa. 'La vida era eso' es un sensible y sutil acercamiento a las raíces de la emigración y el desarraigo, que llegará a los cines el 27 de agosto.

–¿Qué sintió al entregar el premio de honor del festival a Petra Martínez?

–Mucha emoción. Petra vive las cosas desde un sitio tan gustoso y bueno… Tengo la sensación de que a ella este premio le ha hecho muy feliz desde la tranquilidad. Se emocionó varias veces y pensé que es una maravilla que el cine haya llegado a Petra y pueda estar haciendo personajes tan bonitos. Por fin se reconoce su trabajo.

–¿Qué ha aprendido de ella en el rodaje?

–Me llama la atención la energía tan heavy que tiene. Es inagotable. Ella se hacía sus obras de teatro hasta que llegó el cine y la televisión. Petra me pone un espejo delante y me hace pensar que en mi generación somos un coñazo de gente, unos quejicas siempre agobiados por el trabajo y con una ambición a veces mal colocada. La veo a ella, que lleva toda la vida trabajando, y descubro una dedicación y una ligereza que me sorprende y me hace admirarla. Petra le da la importancia justa al trabajo: esto lo tenemos que hacer porque nos gusta y nos hace felices. Porque si no te hace feliz, no tiene ningún sentido.

Vídeo. Clip de 'La vida era eso'.

–Detecta pesimismo entre los jóvenes.

–No sé si es pesimismo o más bien una mala manera de llevar la ambición y el ego. Veo a actores de generaciones pasadas que siguen trabajando y detecto que la sabiduría te enseña a colocar las cosas. Joder, hay que ser más agradecido con la vida y estar más tranquilos.

–Esa actitud derrotista se habrá exacerbado a raíz de la pandemia.

–Sí. Y eso que yo he sido muy afortunada. En 2020 se me pararon muchos proyectos con el confinamiento. Pero desde que terminé la cuarentena empecé a rodar y no he parado hasta ahora. He tenido mucha suerte. Todo mi entorno se dedica a lo mismo delante y detrás de las cámaras. Y se está rodando muchísima ficción. La pandemia ha servido para que nos demos cuenta de que hay que crear contenido de calidad. Dentro de todo lo que ha pasado, que el cine y las series no hayan parado resulta esperanzador.

Petra Martínez y Anna Castillo en 'La vida era eso'.

–¿Qué diferencia hay entre las generaciones pasadas que emigraron y los chavales de hoy que marchan al extranjero a buscarse la vida?

–No lo sé. Quizá ahora estén mejor preparados con el idioma y tal. Pero la gente joven tiene un panorama devastador. Mis amigas que han estudiado todas las carreras y másters posibles, que están súper preparadas, no se pueden independizar hasta que tienen casi treinta años.

–'La vida era eso' toca tangencialmente el tema de los cuidados, que siguen recayendo en las mujeres.

–Las mujeres tenemos marcado a fuego en nuestro ADN la condición de cuidadoras. Por lo menos ahora estamos siendo conscientes de que se nos ha adjudicado un papel que igual no queremos.

–Contó que grabó un videodiario con su pareja para sobrellevar el confinamiento.

–Es curioso. Durante la pandemia lo pasé fatal, sufrí mucha ansiedad y gestionaba fatal mi motivación, el no tener nada que hacer. Sin embargo, recordándolo ahora encontré cierto equilibrio que me sirvió de mucho. Aquello me enseñó a aburrirme, me vino muy bien para estar en paz con el aburrimiento. La cuarentena me enseñó que si no te apetece hacer puto yoga, no pasa nada. No hace falta ser productiva todos los días. En cuanto al videodiario, mi chica y yo tenemos una cámara antigua, como de los 90, y grabábamos todos los días una cosita. Algún día editaremos el material.

–Con 8 años ya estaba metida en talleres de teatro. ¿Tiene la sensación de haber vivido muy deprisa?

–Bueno, quizá he vivido más deprisa que otra gente porque me han pasado muchas cosas en pocos años. He quemado pasos en poco tiempo. Pero lo he disfrutado mucho, no tengo la sensación de atropello. Me he perdido cosas y he ganado otras; mientras mis amigas estaban en la universidad, yo estaba haciendo una gira de teatro.

«No me eché novia para enseñarla. Si mi actitud y mi transparencia hacen que otra gente se sienta mejor de alguna manera, lo celebro. No pretendo ser referencia de nada»

visibilidad

–En Instagram muestra con naturalidad su relación de pareja con Lara Blanco. ¿Se considera un referente de algo?

–No, al menos no lo pretendo. Si mi actitud y mi transparencia hacen que otra gente se sienta mejor de alguna manera, lo celebro. Pero no pretendo ser referencia de nada. La visibilización hasta ahora no ha sido algo tan evidente. La gente necesita tener ejemplos de cosas, y me ha tocado a mí. Pero, vamos, que no me eché novia para enseñarla. He tenido mucha suerte en mi educación y en mi familia, no tengo prejuicios de ningún tipo.

–¿Le asusta el medio millón de seguidores en redes?

–Ni lo pienso. No lo tengo presente, más allá de un cierto respeto y prudencia que antes no tenía.

Florin Piersic Jr. y Petra Martínez en 'La vida era eso'.

Un viaje de Bélgica al Cabo de Gata en busca de ganas de vivir

OSKAR BELATEGUI

De una habitación de hospital en Bélgica a las salinas del almeriense Cabo de Gata. Es el inesperado viaje que emprende la protagonista de 'La vida era eso', una mujer que encontrará al final del trayecto nuevos alicientes para una vida adormecida. El debutante David Martín de los Santos desbarata lo que parece una relación entre dos mujeres emigrantes de diferentes generaciones cuando la más joven de ellas muere al poco tiempo del metraje. Casi como en 'Psicosis', nos quedamos sin protagonista. La mayor tratará en vano de encontrar a su familia en España para entregarle las cenizas.

'La vida era eso' se desarrolla a un ritmo pausado, sin música, entregada a una prodigiosa Petra Martínez, que a sus 76 años se hizo con el premio de interpretación en el Festival de Sevilla y en justicia debería encabezar las quinielas de los Goya. El filme no desdeña el análisis social, por algo está ambientado durante las revueltas del 15-M, que suenan de fondo en la televisión. Sin embargo, su intención es llevarnos sin alzar la voz a las raíces de la emigración y el desarraigo. Paradójicamente, esta madre de familia (casada con un ajustado Ramón Barea) recuperará las ganas de vivir gracias a los otros emigrantes que tratan de buscarse la vida en ese Far West mágico para la cámara que es el Cabo de Gata, en el que una cubana alza un altar yoruba y un motero de un país del Este descubre las bondades de la tortilla de patata. Todos tenemos posibilidad de reinventarnos, sostiene esta hermosa película, solo hay que estar abierto a la energía que los jóvenes desbordan y romper nuestros prejuicios.