Álex de la Iglesia, durante la promoción de la película.

Álex de la Iglesia: «Venecia es un lugar que alimenta la necrofilia»

Estrena este viernes en la cartelera 'Veneciafrenia', un 'slasher' que se mira en Dario Argento y que rodó en plena pandemia en la ciudad de los canales

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Con una amplia sonrisa y el WhatsApp abierto -no volverá a ojearlo en los once minutos de entrevista-. Así nos recibe Álex de la Iglesia (Bilbao, 56 años). El cineasta estrena este viernes, en la gran pantalla, 'Veneciafrenia', un 'slasher' que se mira en clásicos de autores como Dario Argento o Mario Bava. Cuenta el realizador que llegó a esta idea cuando estaba de viaje por la ciudad de los canales y se preguntó: «¿Qué ocurriría si alguien se harta de los turistas?». Ingrid García-Jonsson lidera al grupo de turistas que pronto empezará a pasarlo mal.

-No para de trabajar. Estrena 'Veneciafrenia', anda con la postproducción de 'El cuarto pasajero' y, además, rueda la segunda temporada de '30 monedas'. ¿Cómo logra que la ansiedad no se manifieste?

-Estando profundamente medicado (ríe). Creo que es gracias a Carolina. Juntos hemos hecho algo especial, una productora que puede hacerse cargo de un montón de proyectos, y sin ella sería imposible. Yo no podría hacerme cargo de tantas cosas.

-La puesta de largo fue en Sitges, el pasado año, pero el estreno en salas, previsto para noviembre de ese mismo año, se ha retrasado hasta ahora por la pandemia. No sé si un lapso de tiempo así le lleva a uno a distanciarse de la película.

-Es que no es como pensáis. Una película no se acaba hasta que se estrena y no dejas de trabajar en ella. No hay un momento en el que digas: «La aparco». Por lo menos, en mi caso. Igual los demás sí lo hacen. Yo he seguido trabajando en ella y el tener más tiempo yo creo que ha mejorado sustancialmente la imagen.

-¿En qué sentido?

-Etalonaje, por ejemplo, el cuidado de los detalles. Una película es algo que se hace durante un periodo de tiempo y tienes que administrar ese tiempo de la manera que tú crees más racional y le dedicas un plazo a la preparación, otro al rodaje, otro al montaje, etc. Por una cuestión accidental, he podido dedicar más tiempo al tratamiento de la imagen. No he cambiado el montaje, que es el mismo que estrené en Sitges, pero sí que me ha dado la oportunidad de mejorar cuestiones de audio y he hecho como cinco versiones de la película con diferentes tonalidades y ahora estoy muy contento de cómo ha quedado.

Vídeo. El tráiler de 'Veneciafrenia'.

-Ese tiempo extra le habrá llevado a obsesionarse más, ¿no?

-También. Es como el rodaje en un día. Digamos que el rodaje tiene que durar un tiempo determinado por cuestiones de producción, así que planificas un día para rodar una secuencia determinada. Pero yo creo que si tuvieras cinco días, rodarías la misma secuencia. Recuerdo que en '800 balas' estuve una semana rodando tres minutos. Arruiné a mi familia, hipotequé la casa. Pero fue porque yo era productor y decía ¿qué problema hay? Luego descubrí qué problema había (ríe). Tener más tiempo, no significa que vaya a salir mejor. Quiero decir el trabajar con un método que vas puliendo con el tiempo y con los años, te permite controlarlo y hay veces que el hecho de que haya tiempo para hacer una cosa no provoca la misma energía que cuando todo el mundo está con todos los sentidos puestos en ese momento porque no hay más narices que sacarlo adelante en media hora.

-¿Cómo se le ocurrió este 'slasher'? ¿Fue Venecia siempre el escenario o pensaron en otros rincones turísticos?

-Es intercambiable con otras ciudades, podría ser Barcelonafrenia o Madridfrenia, pero Venecia tenía ese punto primero de cadáver exquisito, de lugar mortuorio. Casi casi es como un cementerio, un lugar en el que hay unos recorridos por los que vienen los parientes a visitar las tumbas y son las calles en las que te cuentan que ocurrieron miles de cosas increíbles, con hombres y edificios ilustres. Venecia es un lugar que alimenta la necrofilia y me parecía perfecto para la historia.

Tres fotogramas de la película.

-Con la excusa del rodaje, vieron Venecia como nunca se ve, sin las calles atestadas de gente.

-La vimos sin absolutamente nadie. Fue una experiencia curiosísima y extravagante, una mezcla de fascinación y de terror. Era redundante porque le decía a Goize (Blanco), que da vida a Arantza, «mira, esto es Venecia, es una isla sin nadie». Y la actriz me respondía: «No me lo tienes que explicar, es exactamente eso» (ríe). «Y ahora corres aterrada porque no hay nadie», continuaba. Y entonces nosotros nos íbamos a otra plaza y ella empezaba a correr mucho más lejos para entrar en ese rollo. La hacía correr durante un rato y cuando llegaba estaba histérica porque no sabía si se había equivocado de camino y si nos iba a encontrar. Y ya llegaba alterada.

-No fue el único caso en el que la localización contribuyó al rodaje.

-Hubo cosas que hacían que la película fuera mejor porque las descubríamos en el rodaje. Estábamos rodando y pregunté por Cosimo, que hace el papel de bufón. Me lo señalaron a lo lejos y oí un clak, clak. Era Cosimo, que estaba golpeando el suelo con el bastón. «¿Podéis grabar eso, que es el sonido real de Cosimo solo?», pedí. Y lo utilizamos en la película. Se daba, de pronto, una especie de extraño metalenguaje en todos los movimientos del mismo equipo.

-¿Qué dificultades tuvo un rodaje así? Gran parte del equipo era veneciano, ¿no?

-La película es veneciana, está hecha con ayuda del Veneto y el equipo es veneciano: los que llevaban los botes, casi todo el equipo de cámara. Pero los jefes de equipo eran míos: fotografía, cámara. Y teníamos parte de la producción italiana. Fue complicado porque el rodaje en Venecia es una locura. Tienes que llevar todo el equipo en botes: los trípodes, el travelling, los accesorios de cámara, el maquillaje, el vestuario, la iluminación. Iluminar, por ejemplo, era muy difícil. Necesitabas permiso no solo para colocar luces en un lugar determinado que marcábamos con meses de antelación, sino también para llegar y atravesar ese tejado donde la colocabas. Al final teníamos una especie de iluminación de campaña: utilizamos una cámara con muchísima luz y unos fluorescentes con baterías para agilizar el rodaje.

-Los títulos de crédito son alucinantes y son ya un homenaje al tipo de película en el que parece mirarse 'Veneciafrenia'.

-Muchas gracias. De hecho, el título está en la misma tipografía que 'Suspiria', de Dario Argento.

-Los personajes son bastante odiosos.

-Como en 'Hostel', ¿no? (ríe).

-Sí. ¿Quería que el espectador se pusiera a favor del veneciano?

-Sí y no. Por un lado, todos tenemos esa sensación estúpida de decir: «¡Oh, los turistas están destrozando Venecia! ¿Cómo lo permiten?». ¡Pero si yo soy uno más! ¿Qué estoy diciendo? Por otro lado, forma parte de lo que suele ser una tragedia, los personajes están caricaturizados para que se genere esa sensación. Al final, toda la situación grotesca se desnuda, entiendes de qué va la película y lo que te están contando y en ese momento te sientes avergonzado porque eres uno más. Estos personajes son ridículos y yo soy uno de ellos. Ese era mi objetivo. Lo mismo que yo sentía cuando estaba en Venecia criticando a los turistas y diciendo qué horror, los cruceros. Dándome cuenta de que yo también podía haber llegado en un crucero y no en un avión.

Un fotograma de la película.

-Es la primera película del sello The Fear Collection y es algo menos sangrienta de lo que esperaba. ¿Tiene que ver que una plataforma como Amazon esté detrás?

-Es todo lo sangrienta que yo quería que fuera. Sony me pedía más sangre y yo dije que no. Es una película que yo quería hacer antes de empezar con el sello, así que es algo menos sello que las demás. 'Venus', que será la siguiente y está dirigida por Jaume Balagueró, es el tipo de cine que quiero hacer con The Fear Collection. Es la primera hecha realmente dentro del sello y con la que decimos: «Vamos a hacer una película de horror cósmico». Esperamos que se estrene en Sitges.