Margarita Lozano. / MARTÍNEZ BUESO

Adiós a Margarita Lozano, la actriz más hipnótica del cine español

La intérprete lorquina, libre de vanidades y discreta hasta el final, trabajó con algunos de los mejores cineastas de la historia como Buñuel y Pasolini; fue nombrada Doctora Honoris Causa en la Universidad de Murcia y recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes

MANUEL MADRID

Pocos actores pueden presumir de haber trabajado con Buñuel, Pasolini, Nani Moretti, los hermanos Taviani, Mario Camus... A todos estos cineastas regaló Margarita Lozano sus mejores interpretaciones en la gran pantalla. La actriz lorquina, nacida en Tetuán en 1931 en una familia de militares y médicos, falleció este lunes de madrugada en la Casa Azul de Puntas de Calnegre (Lorca), donde vivió un retiro silencioso en las últimas décadas tras una vida ciertamente de película. «No me importa que se olviden de mí; de hecho, yo no hago nada para evitarlo», decía ella, libre de vanidades y discreta hasta el final. Una trayectoria excepcional, «llena de gozosas lecciones de interpretación», como destacó en numerosas ocasiones el periodista de La Verdad Antonio Arco. Siempre presumió de que Miguel de Unamuno le había «bienmaleducado en la rebeldía».

Debutó con el director de cine Domingo Viladomat en la película 'Hermano menor', estrenada en 1953; y, al año siguiente, tomó parte en 'Manicomio', de Fernando Fernán Gómez y Luis María Delgado. Le siguieron 'Alta costura' (1954), dirigida por Luis Marquina; 'Viridiana' (1961), de Luis Buñuel, donde coincidió con el aguileño Paco Rabal; 'Los farsantes' (1963), de Mario Camus; 'Los tarantos' (1963), de Rovira Beleta; 'Diario de una esquizofrénica' (1968), de Nelo Risi; 'Porcile' (1969), de Pier Paolo Pasolini; 'La misa ha terminado' (1985), de Nanni Moretti; 'La noche de San Lorenzo' (1982), 'Kaos' (1984) y 'Good morning, Babilonia' (1987), de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani; 'La mitad del cielo' (1986), de Manuel Gutiérrez Aragón; 'Octavia' (2002), a las órdenes de Basilio Martín Patino... «Margarita es pura magia», dijo, maravillado, el actor argentino Miguel Ángel Sola, que coincidió con la enigmática intérprete lorquina en 'Octavia'.

En teatro tuvo igualmente una trayectoria muy notable. Ya con cuatro años jugaba a esconderse en las cortinas de su casa y gritaba: «¡Va a salir la artista!». Fue meritoria en el Teatro María Guerrero con Luis Escobar, con quien arrancó su carrera teatral. Interpretó obras de Chejov, Ibsen, Lope, Pirandello... Unamuno era su autor predilecto, hizo 'Fedra' y 'Soledad': «No es que me guste, es que lo quiero, me hace cosquillas en la tripa, me maleduca» (El País, 2001). Miguel Narros fue, además de un amigo eterno, su gran valedor. En 2007, el año de su retirada, cumplió uno de sus sueños: dar vida en escena a Bernarda Alba. Fue en 'La casa de Bernarda Alba', de Federico García Lorca, junto a María Galiana. Ese fue el personaje con el que se despidió de las tablas. «Su Bernarda Alba», escribió el crítico teatral de La Verdad Antonio Arco, «se convirtió en la encarnación escalofriante de todos los dictadores y tiranos más o menos disfrazados de corderos o de salvadores de patrias. Su Bernarda Alba imponía temor al tiempo que hipnotizaba, y repelía sin que paralelamente pudiésemos dejar de asombrarnos ante su poder y su fuerza, ante la inmensidad de una figura que recordaba a la de un patriarca, un guerrero legendario, un dios inmisericorde de la Antigüedad, o a toda la ira y la frialdad humanas encarnadas en una mujer».

Estuvo casada con el ingeniero italiano Sandro Magno, agrónomo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación). El matrimonio disfrutó de una vida errante (Alemania, Italia, Madagascar, Alto Volta, Marruecos, Senegal...), que llevó a Margarita Lozano a apartarse de los platós y escenarios, especialmente en la década de los 70. Estaba y no estaba en este mundo de luces y sombras. «[Esa itinerancia] La he vivido como un regalo. De África, por ejemplo, no hubiese regresado... Lo que más me sorprendió de allí, y lo que más recuerdo, es la persona. La persona es siempre lo mejor que hay en cualquier lugar; es siempre lo que más me sorprende y lo que más me da». Experimentó la maternidad, trayendo al mundo a su único hijo, Francisco.

Nunca se dio importancia

A pesar de que ella misma siempre se consideró «una amateur», lo cierto es que Margarita Lozano nunca dio importancia a su trabajo (le parecía aburrido hablar de sí misma), pese a ser mil veces ensalzada por su talento. «Desterrada del espacio reservado a los mediocres y amiga de consuelos verdaderos y de ayudar con las dos manos, disfruta contemplando el esplendor de la naturaleza. Lo hizo en el Alto Volta, lo ha hecho muchísimas veces en su casa cercana a Roma, y ahora lo hace entre nosotros. A veces le gusta madrugar mucho, y también pasar el tiempo en su terraza inundada de aire puro; allí tiene una bañera, con su agua caliente y fría, en la que disfruta de cervezas, silencios y puestas de sol.. Sobrada de ternura, utiliza como nadie los susurros y llega a desconcertar y a fascinar por igual. Resulta imponente», escribió Arco en La Verdad en 2015.

La actriz recibió el 22 de mayo de 2015 el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Murcia, a propuesta del Departamento de Historia del Arte, con el catedrático de Cine Joaquín Cánovas como padrino. «No merezco este reconocimiento; el teatro sí», afirmó la actriz durante la ceremonia, celebrada en el Paraninfo del campus de la Merced. En 2018 el Ministerio de Cultura le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

La Casa Azul que construyó para ella el arquitecto lorquino Simón Ángel Ros siempre respirará su eternidad. Margarita Lozano, la más discreta de las actrices españolas, se fue en silencio, sin darse importancia, pero todos en el mundo escénico sabían que, interpretativamente, era inalcanzable. Como de otro mundo.

Tres días de luto en Lorca

INMA RUIZ. El Ayuntamiento de Lorca decretó tres días de luto oficial por la muerte de la actriz Margarita Lozano. Será velada en su casa de Puntas de Calnegre, sobre su féretro se colocará la bandera de la ciudad y será enterrada en el cementerio de Ramonete, por expreso deseo de la actriz, tras el sepelio que se celebrará el martes por la mañana, dijo a La Verdad el arquitecto Simón Ángel Ros, amigo personal desde hace varias décadas.

«Su corazón se ha ido debilitando poco a poco, no ha sufrido, se ha ido serena y en paz», afirmó Ros, que diseñó hace más de 30 años la casa en la que residía la actriz. Su único hijo, Paco, voló el sábado desde Italia, donde reside, para darle el último adiós a su madre.

En esa casa, conocida como 'Casa Azul', de estilo mediterráneo y africano, «confortable y abierta», ha pasado Lozano sus últimos años, retirada de los focos, y en los que ha recibido visitas solo de sus amigos más íntimos. La actriz tenía «muy decidida su despedida» y en su tumba habrá un epitafio similar al que figura en la tumba del escritor Miguel de Unamuno, por el que sentía admiración. En la tumba de Unamuno aparece inscrito: «Méteme, Padre Eterno en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar».

El alcalde, Diego José Mateos, dijo tras conocer el fallecimiento que «era una lorquina universal». Recordó que fue nombrada hija predilecta de Lorca y que recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su trayectoria como la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura o el nombramiento de Doctora Honoris Causa por la Universidad de Murcia. La actriz «ha dejado una huella profunda tanto en el cine como en el teatro y actuó a las órdenes de los mejores directores de la época como Buñuel o Pasolini», dijo el regidor.