Investigadores toman muestras de ADN de individuos enterrados en el cementerio londinense de East Smithfield en 1348 y 1349. / Museo de Arqueología de Londres

Ciencia | Genética

Un gen que nos protegió de la peste negra nos hace más propensos a enfermedades autoinmunes

Identifican la variante del ADN que marcó la diferencia entre sobrevivir y morir durante la gran pandemia del siglo XIV

LUIS ALFONSO GÁMEZ

Un gen que nos protegió frente a la peste negra hace casi 700 años nos hace hoy más propensos a enfermedades autoinmunes como la de Crohn y la artritis reumatoide, sostiene un equipo internacional de investigadores en la revista 'Nature'. Los autores del estudio han identificado las diferencias genéticas que determinaron quién vivía y quién no cuando en la Edad Media la muerte negra asoló Europa, y han descubierto que esta propició la expansión de una variante genética beneficiosa entonces, pero no hoy.

Provocada por la bacteria 'Yersinia pestis', la peste negra arrasó Europa y el norte de África en el siglo XIV. La pandemia alcanzó su máximo entre 1347 y 1353. Se calcula que mató a entre 75 y 200 millones de personas. Solo en Europa, a más del 50% de la población en menos de cinco años. Un equipo de investigadores liderado por el genetista portugués Luis Barreiro, de la Universidad de Chicago, ha visto ahora los cambios que la enfermedad provocó en nuestro genoma.

«Se ha especulado durante mucho tiempo con que la muerte negra podría ser una causa fuerte de selección (en nuestro genoma), pero es difícil demostrarlo cuando se observan las poblaciones modernas, porque los humanos han tenido que enfrentarse a muchas otras presiones selectivas desde entonces. La única forma de abordar la cuestión es reducir la ventana temporal que analizamos», ha explicado Barreiro.

Él y sus colaboradores estrecharon esa ventana a solo cien años mediante el análisis de muestras de ADN de huesos de 206 individuos de Londres y Dinamarca que murieron antes, durante y después de la pandemia. Así descubrieron en algunos sujetos una variante de ERAP2, un gen clave para ayudar al sistema inmunitario a detectar una infección, llamada rs2549794.

Una investigadora del laboratorio de Barreiro trabaja con cultivos de células humanas. / Universidad de Chicago

Infectaron con 'Y. pestis' cultivos de células humanas y comprobaron que los macrófagos –las células especializadas en la detección y destrucción de agentes patógenos– con dos copias de esa variante de ERAP2 eran más eficientes a la hora de neutralizar la bacteria de la peste que aquellos sin ella. Los autores calculan que las personas con dos copias de rs2549794 tenían entre un 40% y un 50% más de probabilidades de sobrevivir a la enfermedad y, por lo tanto, de transmitir el gen protector a sus descendientes.

Rápida expansión

«Cuando se produce una pandemia de esta naturaleza –que mata a entre el 30% y el 50% de la población–, es inevitable que se produzca una selección de alelos (variantes de genes) protectores en los seres humanos, es decir, que las personas susceptibles al patógeno sucumban. Incluso una ligera ventaja significa la diferencia entre sobrevivir o morir. Por supuesto, los supervivientes que estén en edad de reproducirse transmitirán sus genes», explica el genetista evolutivo Hendrik Poinar, de la Universidad McMaster (Canadá) y coautor del estudio.

La alta mortandad de la primera oleada de la peste se debió a que nuestros antepasados no habían estado expuestos a la bacteria en siglos. Hasta entonces, la última pandemia conocida asociada a 'Y. pestis' había sido la llamada plaga de Justiniano (541-549), en la que murieron entre 25 y 50 millones de personas. Cuando a partir de 1347 las oleadas de peste se sucedieron en Europa, la rápida expansión de la variante genética protectora –debida a que quienes la portaban tenían más probabilidades de sobrevivir– hizo que la mortalidad fuera cada vez menor.

Pero lo que resultó beneficioso contra la peste durante ahora no lo es tanto. La misma variante de ERAP2 que protegió a nuestros antepasados de la muerte negra nos hace hoy más propensos a enfermedades autoinmunes. «Un sistema inmunitario hiperactivo puede haber sido estupendo en el pasado, pero en el entorno actual puede no ser tan útil», afirma Poinar, para quien «comprender la dinámica que ha dado forma al sistema inmunitario humano es clave para entender cómo las pandemias del pasado, como la peste, contribuyen a nuestra susceptibilidad a enfermedades en la actualidad».