Las fotos de hospitales de campaña con camas ordenadas y médicos y enfermeras atendiendo «solícitamente» a los soldados enfermos fueron pura propaganda, según el historiador Anton Erkoreka. La realidad fue mucho más cruel. / Otis Historical Archives

Ciencia | Medicina

La gripe en circulación es una cepa heredera de la que causó la pandemia de 1918

El análisis de muestras guardadas en museos de la medicina de Austria y Alemania permite recomponer la historia de la crisis sanitaria de hace un siglo

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El virus gripal en circulación desde 2009, el famoso H1N1, es una cepa heredera del que causó la pandemia de 1918, la última que azotó al mundo hasta la llegada del coronavirus de Wuhan. Lo dice un exhaustivo estudio publicado en 'Nature Communications', que ha sido dado a conocer esta misma tarde. Desde 2005 existía la sospecha, fundada, de que la crisis sanitaria de hace un siglo se desató a partir de este tipo de gripe. Ahora lo ratifica el análisis genómico de varias muestras recogidas en Europa durante aquellos años y conservadas en museos de la medicina y centros de investigación.

«El hallazgo acaba por confirmar lo que ya se sospechaba y, sobre todo, pone de manifiesto la importancia que tiene la conservación de restos biológicos», ha destacado el director del Museo Vasco de Historia de la Medicina, Anton Erkoreka, autor, entre otros trabajos, del libro 'Una nueva historia de la gripe española. Paralelismos con la covid-19' (2020). Según recuerda el experto, el hallazgo en Alaska de una tumba colectiva con unos 80 cadáveres de esquimales muertos por la gripe de 1918 permitió identificar la década pasada la presencia de restos del H1N1 en sus cuerpos.

Rastreo en Europa

Faltaba por saberse si fue un único virus gripal, aunque con pequeñas variantes, o fueron varios los causantes de más de 50 millones de muertes entre 1918 y 1920. Los cálculos más aterradores hablan incluso de 100. La respuesta es que sí, fue sólo uno, el H1N1, y la ha dado un potente equipo investigador del que forman parte algunos de los mayores expertos del mundo en el estudio de la gripe, como Sebastién Calvignac-Spencer y Jeffery K. Taubenberger.

El grupo analizó 13 muestras de pulmones de diferentes pacientes, que se encontraban almacenadas en archivos históricos de Alemania y Austria. Habían sido recogidas entre 1901 y 1931 y, entre ellas, se incluían seis de 1918 y 1919. Con ellas pudieron secuenciar otros dos genomas parciales localizados en Berlín y un tercero, completo, recogido en Munich en 1918.

De su análisis, los autores del estudio concluyen que los restos analizados son «coherentes con una combinación de transmisión local y eventos de dispersión a larga distancia». El análisis de muestras anteriores a la gran pandemia de aquellos años permite explicar la manera en que este nuevo virus, el H1N1, se adaptó a los humanos. Quizás lo más novedoso del informe sea, sin embargo, tal como apuntan los investigadores, cómo las distintas formas de gripe que se extendieron partieron de una cepa inicial de 1918.

Como el covid

Esta nueva hipótesis contradice a la idea vigente hasta ahora, que sugería que fueron apareciendo distintos virus estacionales por reordenación. Es decir, mediante el intercambio de segmentos de genoma de diferentes virus. Por lo sabido a partir de las nuevas investigaciones, el proceso resultó ser prácticamente calcado al que se ha vivido con el coronavirus pandémico. Partió hace dos años de la ciudad china de Wuhan y luego fue transformándose en nuevas formas del SRAS-CoV-2, causantes de las distintas oleadas.

La 'gran gripe' del siglo pasado fue casi igual. Arrancó de forma tímida en España durante la primavera de 1918 y en otoño se convirtió en el resto de Europa en una nueva forma terriblemente virulenta. Los virus, por norma, se van atenuando, pero a veces de golpe se vuelven violentos. «Las pandemias no son previsibles», resume el director del Museo Vasco de Historia de la Medicina. «La de covid –alerta– está otra vez cogiendo fuerza». «Está contagiándose gente joven con sintomatología muy débil, pero también está afectando, de una manera más preocupante, a los segmentos de población de 60, 70 y 80 años», advierte Anton Erkoreka.