'Un coche circula por una carretera de Islandia cubierta de ceniza del volcán Eyjafjallajökull en mayo de 2010. / Reuters

Ciencia | Catástrofes

Vulcanólogos alertan del riesgo de una gran erupción que «devaste la sociedad mundial»

«El mundo está lamentablemente infrapreparado» ante un suceso que podría provocar pérdidas «multibillonarias, comparables a las de la pandemia»

LUIS ALFONSO GÁMEZ

«Los riesgos de una erupción masiva que devaste la sociedad mundial son significativos. La falta de inversión para responder a este peligro es simplemente temeraria», dice Lara Mani, vulcanóloga del Centro para el Estudio del Riesgo Existencial (CSER) de la Universidad de Cambridge. Ella y su colega Michael Cassidy, de la Universidad de Birmingham, afirman hoy en la revista 'Nature' que «el mundo está lamentablemente infrapreparado» ante un suceso que podría romper las cadenas de suministro, causar hambrunas y provocar pérdidas «multibillonarias, comparables a las de la pandemia».

Los dos expertos firman un artículo de opinión en el que llaman la atención sobre ese riesgo. «Los datos procedentes de los testigos de hielo sobre la frecuencia de las erupciones a lo largo del tiempo sugieren que hay una posibilidad entre seis de que se produzca una explosión de magnitud 7 en los próximos cien años. Eso es una tirada de dados», advierte Mani. Esas gigantescas erupciones han provocado cambios climáticos bruscos y el colapso de civilizaciones en el pasado, alertan los autores.

El volcán Tajogaite (La Palma) alcanzó en 2021 un índice de explosividad 3 en la escala de 8 que mide la magnitud de una erupción. De nivel 4 fue la del Eyjafjallajökull (Islandia), que en abril de 2010 obligó a cancelar más de 20.000 vuelos en el norte de Europa. La erupción del volcán submarino Hunga Tonga de enero pasado fue de magnitud 5, como la del Vesubio que arrasó Pompeya y Herculano.

Volcanes y asteroides

El Hunga Tonga, destacan Cassidy y Mani, lanzó ceniza a cientos de kilómetros y causó pérdidas equivalente al 18,5% del PIB de Tonga, además de «tsunamis que alcanzaron las costas japonesas, norteamericanas y sudamericanas. Afortunadamente, solo duró unas 11 horas», indican. «La erupción de Tonga fue el equivalente volcánico de un asteroide que no impacta con la Tierra por poco, y debe ser considerada una llamada de atención», dice la investigadora del CSER.

La caldera de Santorini, cuya erupción de 1628 antes de la era común se vincula con el colapso de la civilización minoica. / Steve Jurvetson

La del Krakatoa (Indonesia) de 1883, que mató a más de 36.000 personas, fue de nivel 6. Y de magnitud 7 fueron la erupción de Santorini (Grecia) de 1628 antes de la era común, que pudo estar detrás del colapso de la civilización minoica, y la del Tambora (Indonesia) de 1815. En esta última, «se calcula que murieron 100.000 personas, y las temperaturas globales descendieron un grado de media, provocando pérdidas masivas de cosechas que causaron hambrunas, revueltas violentas y epidemias en lo que se conoció como el año sin verano (1816)», recuerda Cassidy.

Mani equipara el riesgo de una erupción masiva con el del impacto de un asteroide de un kilómetro, que los astrónomos creen que podría acabar con la civilización. Aunque de efectos climáticos comparables, «la probabilidad de que se produzcan erupciones volcánicas a gran escala durante el próximo siglo es cientos de veces mayor que la de que se registren impactos de asteroides y cometas», señalan los vulcanólogos.

«Cada año se invierten cientos de millones de dólares en la amenaza de los asteroides, pero hay una grave falta de financiación y coordinación mundial para la preparación frente a los volcanes. Esto debe cambiar urgentemente. Estamos subestimando por completo el riesgo que suponen los volcanes para nuestras sociedades», advierte Mani. La del Tambora de 1815 es la última erupción de magnitud 7 registrada, pero ahora, indica Cassidy, «hay ocho veces más población y más de cuarenta veces más nivel de comercio. Nuestras complejas redes globales podrían hacernos aún más vulnerables al impacto de una gran erupción».

Sin datos de muchas erupciones

Los autores creen que hace falta invertir en la predicción y gestión de un suceso de ese tipo, así como en la mitigación de las erupciones menos violentas. Destacan que solo conocemos la ubicación de un puñado de las 97 erupciones de gran magnitud de los últimos 60.000 años. Eso significa, advierten, que podría haber docenas de volcanes peligrosos repartidos por todo el mundo con potencial de destrucción extrema de cuya existencia no tenemos ni idea.

'La erupción del monte Vesubio' (1777), del francés Pierre-Jacques Volaire.

«Es posible que no conozcamos ni siquiera las erupciones relativamente recientes debido a la falta de investigación de los testigos marinos y lacustres, sobre todo en regiones desatendidas como el sudeste asiático», indica Cassidy. «Los volcanes pueden permanecer inactivos durante mucho tiempo, pero seguir siendo capaces de una destrucción repentina y extraordinaria» añade.

Según Cassidy y Mani, nada más que el 27% de las erupciones registradas desde 1950 ha sido controlada con instrumentos como sismómetros. Además, solo un tercio de esos datos se ha volcado en la base de datos mundial sobre disturbios volcánicos (WOVOdat), cuando controlar la sismicidad, la emisión de gases y la deformidad del terreno podría servir para prever erupciones. Y recuerdan que, entre otras cosas, la comunidad vulcanológica reclama desde hace más de 20 años que un satélite se dedique al seguimiento de estos fenómenos.