La iniciativa privada va a la Luna

16/07/2019

Volver a la Luna o llegar a Marte ya no es solo cosa de agencias espaciales nacionales. Nombres como Elon Musk, Jeff Bezos o Morris Kahn han decidido ponerse manos a la obra para ser también los protagonistas del próximo «gran salto para la Humanidad».

Si el sector privado se ve atraído por los viajes espaciales «es que hemos hecho bien el trabajo. Hemos abierto camino para que cada vez más personas vengan detrás de nosotros», dijo recientemente en Madrid el astronauta de la Agencia Espacial Europea Thomas Pesquet.

Y por el momento no son muchos, pero es que embarcarse en vuelos espaciales, y más con el objetivo de llegar a otros planetas, no es fácil ni barato.

El hombre más rico del mundo y dueño de Amazon, Jeff Bezos, es uno de esos nuevos emprendedores espaciales privados, desde que en 2000 creara la compañía Blue Origin, que financiará con la venta de 1.000 millones de acciones de Amazon.

Blue Origin es una firma aeroespacial que ofrece servicios de vuelo suborbitales con la meta de permitir el acceso humano al espacio y trabaja en un vehículo de despegue y descenso verticales. En mayo, Bezos, de 55 años, presentó en un centro de convenciones de Washington la maqueta de su cápsula Blue Origin, diseñada para llevar inicialmente equipos científicos a la Luna y eventualmente transportar también a personas.

Por su parte, Elon Musk, fundador del fabricante de automóviles eléctricos de lujo Tesla, puso en marcha su programa SpaceX de vehículos espaciales en 2002. También en mayo pasado, SpaceX lanzó al espacio los primeros 60 satélites de su proyecto Starlink, con el que busca crear su propia red de internet satelital de alta velocidad. El objetivo es crear con futuros lanzamientos una constelación de satélites que brinden internet a velocidades parecidas a las de la banda ancha a todo el planeta.

Elon<b> </b>Musk<b>, </b>fundador del fabricante de automóviles eléctricos de lujo Tesla.
Elon Musk, fundador del fabricante de automóviles eléctricos de lujo Tesla.

La inmersión en el mercado de internet de SpaceX, compañía que se dedica principalmente al transporte aeroespacial de carga para la NASA y empresas privadas, tiene como meta final financiar la llegada del hombre a Marte, anhelo de Musk.

El empresario calcula que el negocio de internet puede generar a SpaceX ingresos de 30.000 millones de dólares anuales (26.500 millones de euros), lejos de los 3.000 millones (2.650 millones de euros) que produce actualmente con el transporte de carga.

Morris Khan es el presidente de SpaceIl, que el pasado abril llevó a la Luna el módulo espacial israelí Bereshit (Génesis, en hebreo), aunque fracasó en su intento de aterrizar en ella, pues perdió el motor principal en el último momento y se precipitó en un descenso incontrolado.

La primera misión lunar de iniciativa privada fracasó, pero SpaceIL anunció poco días después la construcción inminente de una nueva aeronave y la pasada semana hizo publico el siguiente anuncio:

«Esta vez, no iremos a la Luna. El viaje de Bereshit ya se recibió como un viaje exitoso que batió récords. En su lugar, buscaremos otro objetivo significativo para Bereshit 2.0. Continuaremos informando...», fue lo único que desveló sobre el próximo proyecto.

La organización SpaceIL, sin ánimo de lucro, fue la única entidad privada israelí en participar en 2015 en el concurso de Google Lunar, XPRIZE Competition, que proponía llevar a la Luna un vehículo espacial no pilotado por humanos con iniciativa privada.

Google decidió cancelar el concurso en marzo de 2018 pero SpaceIL se alió con la Industria Aeroespacial Israelí (IAI) para continuar con el proyecto, que recaudó los cien millones de dólares (88,6 millones de euros) necesarios para su construcción, a través de varios donantes, como el magnate estadounidense Sheldon Adelson.

Su objetivo principal era educativo, para generar un «efecto Apolo»: inspirar a futuras generaciones a estudiar y dedicarse profesionalmente a la ciencia, ingeniería, matemáticas y tecnología.

La nave contenía una memoria del tamaño de una moneda con archivos digitales de una Torá (Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia), una copia del himno nacional israelí, una bandera de Israel, literatura, fotos y canciones israelíes, ante la posibilidad de convertir al país en el cuarto en posar un aparato en el satélite, tras Estados Unidos, la URSS (hoy Rusia) y China, todos mucho mayores y potencias económicas.

«Si no lo consigues, lo pruebas otra vez», declaró el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tras ver en directo cómo estallaba la nave tan cerca de la Luna.

Bereshit no sólo ha sido la primera misión lunar sufragada enteramente por donaciones privadas, sino la más barata y pionera en utilizar lanzamientos comerciales para poner en órbita una de las naves espaciales más pequeñas jamás construidas, apenas 585 kilos y 1,5 metros.

Pero además de las gestas individuales, hay muchas otras empresas privadas que colaboran con las agencias nacionales en su proyecto de volver a la Luna y desde allí saltar a Marte.

En lo inmediato, la NASA tiene contratos con compañías privadas para tres sistemas de exploración con astronautas: el vehículo tripulado Orion, el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) y los Sistemas de Exploración en Suelo.

Además eligió a Maxar Technologies como socio comercial en el desarrollo de «Gateway», la base que orbitará alrededor de la Luna por 15 años.