Imagen de archivo de la zona de Cumbre Vieja, al sur de La Palma, donde se han registrado 2.900 sismos desde el pasado sábado. / EFE

El terreno de Cumbre Vieja se deforma 1,5 centímetros y los sismos crecen en magnitud

Los temblores fueron menos frecuentes ayer en La Palma. El mayor de ellos, de 3,5 grados en la escala Richter, fue sentido por la población

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

La actividad sísmica en el sur de La Palma continuó ayer con un ligero aumento en la magnitud de los temblores, llegando a registrarse uno de 3,5 grados en la escala Richter que fue sentido por la población. Este terremoto, el mayor de los 2.935 detectados entre el pasado sábado hasta las 8 de la mañana de ayer, tuvo su hipocentro localizado al sur de El Paso, a una profundidad de nueve kilómetros, y su intensidad despertó a muchos isleños a las 7 de la mañana.

No obstante, aún se desconoce si este enjambre sísmico de origen volcánico, que ha obligado a declarar la alerta amarilla en las localidades de Los Llanos de Aridane, Fuencaliente, El Paso y Mazo, desembocará en una erupción. « Hay varios escenarios posibles. Esto podría quedar en nada, terminar hoy, mañana o dentro de una semana o acabar en una erupción. No es imposible, pero lo que tenemos ahora mismo es un enjambre sísmico a 10 u 8 kilómetros de profundidad, acompañado de una ligera deformación del terreno de 1,5 centímetros», explica el sismólogo del Instituto Geográfico Nacional, Itahiza Domínguez, quien recuerda que este enjambre es el noveno que se produce en Cumbre Vieja desde 2017, si bien los anteriores se registraron a mayor profundidad. «El magma estaba acumulándose en el manto, ahora hay una intrusión magmática en la zona baja de la corteza de la isla», explica el sismólogo que, a la vista de estos datos, no puede descartar una erupción en poco tiempo, si bien tampoco existe ninguna garantía de que vaya a ocurrir.

Por su parte, la directora del Centro Geofísico de Canarias y miembro del comité científico del Plan Especial ante el Riesgo Volcánico del Gobierno de Canarias (Pevolca), María José Blanco, explica que la situación requiere de un seguimiento exhaustivo de la frecuencia y la profundidad de los terremotos, de los cambios en los patrones de la deformación y la geoquímica del suelo para «tener una foto más aproximada del proceso que está en curso en La Palma».

El director del área de Vigilancia de Involcan sostiene que habrá una erupción «en semanas, años o décadas»

En este sentido, Blanco señala que en las últimas horas la frecuencia de los terremotos ha sido menor, si bien han aumentado ligeramente de magnitud.

Para que el enjambre se convirtiera en el prólogo de una actividad preeruptiva, los terremotos deberían acelerarse con un aumento significativo de su magnitud, además de provocar una mayor deformación del terreno y la emisión de ciertos gases, explica Domínguez.

Estos son algunos de los parámetros cuya observación ocupará en los próximos días a los vulcanólogos del Instituto Geográfico Nacional, del que depende el Centro Geofísico de Canarias, y al grupo de vigilancia volcánica encargado de recabar desde Madrid los datos de la red sísmica durante las 24 horas del día.

Por su parte, el director del área de Vigilancia Volcánica del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), Luca D'Auria, está convencido de que esta actividad sísmica está involucrada en un proceso eruptivo, si bien este fenómeno puede durar un periodo de tiempo impredecible. « Cumbre Vieja es un volcán activo, antes o después habrá una erupción. Puede tardar semanas, años o décadas», explica el experto.

En todo caso, la intensidad de los terremotos sería un síntoma claro del proceso preeruptivo. «Sabemos que antes de la erupción del Teneguía hubo teremotos bastante fuertes. No había instrumentación científica, pero hubo bastante intensidad. Posiblemente llegarían a magnitud 5, lo suficiente para sentirlo muy bien pero insuficiente para causar daños importantes, en todo caso, superiores a 4 en la escala de Richter».

Otro de los elementos de un escenario preeruptivo sería el incremento de la sismicidad superficial que provoque fracturas para dar salida al magma. Un escenario que, en opinión de Luca, es posible pero, de momento, muy improbable.

Además, en este escenario preeruptivo, la deformación del terreno debería alcanzar entre los 10 y 15 centímetros. «Estamos analizando los datos para ver si hay una deformación de entidad, pero aún es de muy pocos centímetros», dice.

A la espera

En todo caso, la incertidumbre es la norma en el inicio de cualquier proceso volcanológico. « En las fases finales la previsión y el pronóstico es mucho más sencillo», sostiene la directora del Centro Geofísico de Canarias que confía en que el análisis de los datos ofrecidos por las redes y sistemas de vigilancia sísmica aclare el panorama en los próximos días.