una locura quijotesca en güímar

El IES Mencey Acaymo de Güímar esconde un tesoro del que muchos saben pero que pocos conocen: uno de los museos dedicados a El Quijote más importantes del mundo. No está en las guías turísticas de del municipio tinerfeño, ni en las de Tenerife. Solo está abierto en horario lectivo cuatro horas a la semana, pero al año pasan más por él más de 1.000 estudiantes.

El Quijote en el Mundo es un museo peculiar porque, como el de su protagonista, su devenir desde hace más de 20 años es quijotesco. De él suelen presumir en el Ayuntamiento de Güímar, en Cabildo de Tenerife y hasta en la Consejería de Educación, pero lo cierto es que a una de las mayores colecciones del mundo de ediciones adaptadas, totales o parciales, de El Quijote «le falta dar un salto de calidad», asegura su coordinador, el profesor del Instituto Mencey Acaymo José Felipe García. Es «incomprensible», dice, que siga oculto para al gran público.

El museo El Quijote en el Mundo tiene más de 500 ediciones del best seller de Miguel de Cervantes, traducido a 96 idiomas de otros tantos países. «En el mundo hay algo más de 100 ediciones traducidas total o parcialmente de El Quijote y en Güímar -explica orgulloso- tememos 96». José Felipe García lamenta, sin embargo que, aunque las ediciones que les faltan para completar la colección las tienen «localizadas», son «muy caras» para adquirirlas. La «locura más quijotesca» que ha cometido fue comprar por 150 euros una edición agotada en lengua quechua (Perú) y que García calcula que debía costar más de 3.000 euros.

Desde que en el año 1996 el profesor de Lengua Guillermo Millet logró reunir 160 ediciones diferentes para una exposición hasta que en el año 2003 un equipo de 13 profesores coordinados por García decidieron crear el museo e ir ampliando la colección con nuevas ediciones «siempre se ha estado peleando» para lograr que la muestra, además de en el ámbito educativo, se enseñe a todo el mundo. El apoyo institucional es prácticamente nulo y se circunscribe a ayudas puntuales. A juicio de García, «falta visión y perspectiva sobre el museo», sobre todo por parte del Ayuntamiento, que ni siquiera lo tiene en la guía turística. Tampoco está las guías de la Isla, pero eso sí, en el ámbito educativo «es único».

También en el mundo cervantino es un referente y se ha propuesto que Güímar se sume al grupo de ciudades cervantinas, «pero la falta de compromiso del Ayuntamiento frena por completo la iniciativa».

El Quijote en el Mundo es un museo peculiar porque, como el de su protagonista, su devenir desde hace más de 20 años es quijotesco. De él suelen presumir en el Ayuntamiento de Güímar, en Cabildo de Tenerife y hasta en la Consejería de Educación, pero lo cierto es que a una de las mayores colecciones del mundo de ediciones adaptadas, totales o parciales, de El Quijote «le falta dar un salto de calidad», asegura su coordinador, el profesor del Instituto Mencey Acaymo José Felipe García. Es «incomprensible», dice, que siga oculto para al gran público.

El museo El Quijote en el Mundo tiene más de 500 ediciones del best seller de Miguel de Cervantes, traducido a 96 idiomas de otros tantos países. «En el mundo hay algo más de 100 ediciones traducidas total o parcialmente de El Quijote y en Güímar -explica orgulloso- tememos 96». José Felipe García lamenta, sin embargo que, aunque las ediciones que les faltan para completar la colección las tienen «localizadas», son «muy caras» para adquirirlas. La «locura más quijotesca» que ha cometido fue comprar por 150 euros una edición agotada en lengua quechua (Perú) y que García calcula que debía costar más de 3.000 euros.

Horario escolar. Arriba, José Felipe García, coordinador del museo El Quijote en el Mundo, mostrando un ejemplar del best seller de Cervantes escrito en sánscrito. En el museo tiene, entre otros, la edición original del primer Quijote ilustrado en el siglo XIX por Joanot y una traducción al braille, en 17 tomos. Lo lamentable, dice García es que solo esté abierto al público (fundamentalmente escolar) cuatro horas dos días a la semana, el tiempo que la Consejería de Educación le permite a él estar allí.

Desde que en el año 1996 el profesor de Lengua Guillermo Millet logró reunir 160 ediciones diferentes para una exposición hasta que en el año 2003 un equipo de 13 profesores coordinados por García decidieron crear el museo e ir ampliando la colección con nuevas ediciones «siempre se ha estado peleando» para lograr que la muestra, además de en el ámbito educativo, se enseñe a todo el mundo. El apoyo institucional es prácticamente nulo y se circunscribe a ayudas puntuales. A juicio de García, «falta visión y perspectiva sobre el museo», sobre todo por parte del Ayuntamiento, que ni siquiera lo tiene en la guía turística. Tampoco está las guías de la Isla, pero eso sí, en el ámbito educativo «es único».

También en el mundo cervantino es un referente y se ha propuesto que Güímar se sume al grupo de ciudades cervantinas, «pero la falta de compromiso del Ayuntamiento frena por completo la iniciativa».

La importante colección de ejemplares de El Quijote traducidos a idiomas tales como el etíope, el quechua, el ourdu (lengua que se habla fundamentalmente en Paquistán) o el sánscrito (una de las lenguas indoeuropeas más antiguas), que se guardan en el museo El Quijote por el Mundo se complementa con «la mayor de las exposiciones colectivas permanentes de artistas plásticos de Canarias» que comenzó a configurarse en 2003 a partir de la idea de pintor güimarero Andrés Delgado.

El arte en la Ínsula de don Quijote es el título de la colectiva que ya reúne 76 obras de artistas canarios, pero también de la Península y de países como Italia, México, Holanda o Irak que año tras año se han ido sumando a esta iniciativa.

«Abrimos y enseñamos el museo en el ámbito educativo y por él pasan más de 1.000 alumnos de secundaria al año», explica José Felipe García, orgulloso de que este año, además, lo han visitado 100 escolares de Primaria de Guía de Isora. Los niños, dice, «se quedaron fascinados».

Lo lamentable, dice José Felipe García, es que el museo solo esté abierto cuatro horas dos días a la semana y en horario escolar, pese al interés que despierta y a la importancia que tiene en el mundo cervantino.