Tribuna Libre

Resumen de una gran mentira

Mientras todas estas mentiras se sucedían, Pablo Casado cumplía con su responsabilidad y apoyaba la declaración del estado de alarma y sus sucesivas prórrogas, hasta que ya era evidente que Pedro Sánchez le ocultaba información

SERGIO RAMOS

Asistimos a la mayor crisis sanitaria de nuestros tiempos. Una crisis que será recordada por decenas de generaciones porque en ella han muerto casi 50.000 personas en España y no es una cifra sin más; son miles de vidas, de historias familiares y miles de sentimientos rotos. Vaya por delante todos mis respetos a los familiares que ni siquiera se pudieron despedir de sus seres queridos. Eso jamás debía haber ocurrido.

En estas líneas que estoy escribiendo, seré duro, serio y riguroso. Como senador por Gran Canaria y en la oposición, entiendo que debo cumplir con una responsabilidad democrática: controlar al gobierno y si no lo hiciera estaría haciendo dejación de funciones y es algo que no haría jamás.

Todo esto comenzó con un hecho histórico en España: un 14 de marzo se nos confinaba a millones de españoles en nuestras casas. Y, desde ese momento, se produjo una sucesión de mentiras que ha llegado hasta ahora mismo. A decir verdad, la primera gran mentira fue en febrero, porque el gobierno ya tenía documentos que aconsejaban tomar medidas para evitar contagios y nada hicieron. En realidad, sí hicieron algo: ocultar a la opinión pública esa información y decirnos que en España el coronavirus iba a ser insignificante. El Gobierno de Pedro Sánchez estaba entretenido en su campaña de movilización del 8M, algo que tenían que celebrar a toda costa y a pesar de las recomendaciones de la OMS en sentido contrario. Se nos volvió a mentir y el propio Fernando Simón y la Vicepresidenta del Gobierno animaban a toda España a asistir porque «era seguro, incluso para nuestros hijos», según dijeron. Estaban obviando que ya había mil contagiados en España, 17 personas fallecidas y los números en Lombardía adelantaban la tragedia que podría ocurrir con un contagio masivo. Nada más pasar el 8M, dos días después del confinamiento, Pedro Sánchez ya había cambiado de opinión anunciando medidas extraordinarias y una semana después nos confinaban a todos en casa. Se demostraba así que nos habían mentido a todos. «No se podía saber» era la excusa oficial del sanchismo, puesto que lo sabían y tenían documentación.

Casado le ofreció un gran pacto y medidas legislativas para no tener que recurrir al estado de alarma. «No se podía saber» era la excusa oficial del sanchismo, puesto que lo sabían y tenían documentación

El Gobierno cesó de sus cargos a los responsables de la Policía Nacional que desvelaron que había una directriz desde enero para comprar mascarillas y guantes para todos los efectivos (de nuevo, se confirma que lo sabían) y evitaron contárselo a los españoles para que pudieran hacer lo mismo. Al mismo tiempo, tuvimos que conocer por los medios de comunicación y fuentes de China que el Gobierno había comprado test y mascarillas fallidas. El Ministro Salvador Illa tuvo que reconocerlo afirmando que habían sido 9.000, para que después descubriéramos que fueron más de 600.000. Mientras todas estas mentiras se sucedían, el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, cumplía con su responsabilidad y apoyaba la declaración del estado de alarma y sus sucesivas prórrogas, hasta que ya era evidente que Pedro Sánchez le ocultaba información. Casado le ofreció un gran pacto y medidas legislativas para no tener que recurrir al estado de alarma y Sánchez hizo oídos sordos. Hoy de haberlo aceptado otro gallo cantaría.

Durante estos terribles meses, los españoles hemos sido testigos de cosas que no debemos olvidar, como cuando el Ministerio de Sanidad recomendaba no llevar mascarillas porque «no era necesario», según el propio ministro y su 'gurú' Fernando Simón. Lo decían para tratar de ocultar su gran incapacidad de gestión al no ser capaces de hacer acopio de material, como sí hacían otros países. Y si esto es grave, mucho más grave es que se comprara material fallido y se le entregara a los profesionales sanitarios que se jugaban su vida, expuestos al SARS-Cov-2, luchando por las de todos nosotros. Muchas empresas españolas e investigadores de nuestro país se ofrecieron a trabajar para ayudar al Gobierno en una situación tan dura, pero lo único que recibieron como respuesta fue: «gracias pero no es necesario». Todo ello mientras crecía el número de fallecidos y el Gobierno bailaba las cifras de un día para otro, como si todas aquellas familias rotas de dolor, no hubieran sufrido suficiente. Ésta fue, sin duda, la peor y más cruel de las mentiras del Gobierno de Pedro Sánchez: la poca vergüenza de mentirnos con las cifras de fallecidos, que tanto el INE y el Instituto de Salud Carlos III no tardaban en desmentir.

La Organización Mundial de la Salud recomendó a todos los países la práctica masiva de test rápidos a toda la población. Pero el Gobierno de España no facilitó que se hiciera prácticamente ninguno en España a fecha 8 de abril (la peor semana de la pandemia). Por el contrario, en EEUU se estaban haciendo ya más de dos millones, en Alemania más de un millón, en Italia más de 800.000 y en Francia o Reino Unido más de 200.000 test. Si, Sánchez nos volvió a mentir diciendo que según la OCDE éramos uno de los países donde más test se realizaban del mundo, unas semanas después conocíamos que el Gobierno había mentido a la OCDE enviando los datos inflados, al tiempo que el Ministerio de Sanidad tenía que devolver miles de ellos porque les habían dado 'gato por liebre'. Desconozco quien hizo esas compras defectuosas. Quizá fue el 'comité de expertos' en que apoyaban sus decisiones, y que finalmente descubrimos que no existía: ni el comité, ni tampoco los expertos. Otra gran mentira.

Jamás un Gobierno había mentido tanto en tan pocos meses. Y ahora que vuelven los brotes, vuelven también las mentiras. Hace sólo un mes el Ministerio nos decía que había suficiente stock del antiviral Remdesivir -el medicamento necesario para poder hacer frente al covid-19. Pero la semana pasada tuvieron que reconocer que el suministro estaba a punto de terminarse. La improvisación y las mentiras de Pedro Sánchez pueden dejar a miles de contagiados sin antiviral en tan sólo «unos días». Sinceramente, no merecemos todo esto.

Merecemos que nos digan la verdad. No es admisible que Pedro Sánchez en su versión más cínica y triunfalista afirmara textualmente que «habíamos derrotado al virus y controlado la pandemia» mientras los expertos volvían a alertar del rebrote que vivimos, con miles de nuevos contagiados y nuestras familias expuestas. Nos han vuelto a mentir hasta el punto que el propio 'gurú' Fernando Simón reconoce que «las cosas no van bien, sigue habiendo transmisión y cada día tenemos más».

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos exigir al Presidente del Gobierno que deje de mentir y deje de mirar hacia otro lado cuando un millón de españoles han acabado en el paro, 150.000 trabajadores aún no han cobrado el ERTE y miles de emprendedores han tenido que cerrar sus negocios. Es inadmisible que en mitad de la mayor crisis turística de nuestra historia, en especial en Canarias, el Presidente del Gobierno se haya ido de vacaciones haciendo dejación de sus funciones. No, ningún ciudadano merece esto y menos que se le mienta por sistema. Pedro Sánchez comenzó mintiendo al decir que «no dormiría» si Pablo Iglesias se sentase en su Consejo de Ministros, entonces ¿cuántas mentiras de Sánchez nos quedan por aguantar? España necesita otro Presidente y le pido al Presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, que deje de ser cómplice con su silencio de esta gran mentira.

Sergio Ramos es Senador del Partido Polular por Gran Canaria