Totoyo Millares. / ARCADIO SUÁREZ

Totoyo, el primer profesional del timple que abrió caminos sonoros a sus sucesores

Los timplistas canarios se sienten deudores del legado de Totoyo, iniciador de una exploración estilística que perdura hasta hoy

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Los timplistas y músicos canarios sienten que el legado de Totoyo Millares les ha abierto muchas puertas, por ello confiesan sentirse deudores del intérprete que logró dignificar un instrumento que, en sus manos, se introdujo en nuevos campos estilísticos sin renunciar a la tradición.

Muchos, además, recibieron de forma directa o indirecta sus enseñanzas. Es el caso de Germán López, discípulo del malogrado timplista José Antonio Ramos (Gran Canaria, 1969-2008), quien, a su vez, heredó su virtuosismo de Millares.

«Totoyo inauguró el timple moderno», asegura López, quien asegura que el intérprete, con su formación musical clásica, le confirió un rigor y un brillo que hasta entonces no había tenido. «Convirtió el timple en lo que es hoy en día. Sin él y sin su legado, nosotros no podríamos dedicarnos a esto», explica el timplista que tuvo ocasión de reconocer al artista en vida con su participación en el proyecto ' Totoyo Millares: La leyenda del timple'.

  • Modernidad Según Germán López, Totoyo inauguró el timple moderno y lo dignificó al punto de iniciar su profesionalización

  • Herencia Althay Páez se nutrió de su música, un legado que lo perpetuará como uno de los grandes maestros del timple

  • Fusión Domingo Rodríguez 'El Colorao' dice que Totoyo fue pionero en llevar el timple a la música de fusión de raíz

  • Pionero Totoyo captó el interés de los jóvenes e inició un nuevo periodo en la historia del timple, según Manolo González

Coincide con él otro colega que también tomó parte en este proyecto; Domingo Rodríguez 'El Colorao'.

«Totoyo es amor al timple y confianza en él. Fue el primero que pensó en el timple como profesión y demostró que se podía vivir con el timple», explica el instrumentista majorero sobre el primer timplista profesional.

Este objetivo lo pudo conseguir con trabajo, empeño y aportando «calidad y clase» al instrumento. «Fue el primero que hizo música de fusión de raíz con melodías de todas las islas mezcladas a su manera», asegura Rodríguez sobre Totoyo, al que conoció hace más de dos décadas tras invitarlo a tocar con sus alumnos. «Accedió. Nos caímos bien. Le gustó cómo tocaba y que no había mala intención. Siempre hubo una actitud de respeto mutuo», explica sobre su relación con Millares, al que muchos atribuyen un carácter agrio. «Llegado al grado de magisterio que adquirió, tenía derecho a patalear cuando le viniera en gana», reconoce.

En todo caso, su fuerte carácter queda eclipsado por su obra y su dedicación a dignificar el instrumento explorando su sonoridad. «Compuso muchas obras que perdurarán. Es un espejo en el que todos los timplistas tenemos que reflejarnos», afirma Domingo Rodríguez.

Por su lado, el compositor, guitarrista y productor de Mestisay, Manolo González, ve en el instrumentista un punto y aparte en la historia del timple. «Totoyo inaugura la historia del timple en Canarias tal y como la conocemos hoy», afirma. Según González, tuvo antecesores destacados como Casimiro Camacho, Jeremías Umpiérrez o Argelio Rojas 'Rojitas' que realizaron grandes aportaciones sin que llegaran a trazar el futuro del timple. «Antes, lo que hubo, no marcó esa frontera entre la prehistoria del timple y lo que luego sería», subraya el productor del espectáculo-homenaje dedicado al instrumentista 'La leyenda del timple'.

Vídeo. Totoyo Millares. Bailes del Vivo y de la Virgen

Magisterio

Su presencia, sostiene González, fue importantísima para entender el origen de la eclosión que experimentó el timple en los años 80 y 90 de la mano de figuras como su alumno José Antonio Ramos o el tinerfeño Benito Cabrera. Esa revolución del timple la alimentó también a través de su actividad pedagógica. «Fui alumno de él, uno de tantos», confiesa el miembro de Mestisay.

Pero, sobre todo, el principal elemento transformador fue su música. «Cuando recreas algo de la tradición, inevitablemente, lo estás cambiando, pero él tenía el talento y la genialidad de conservar la esencia. Su timple sonaba a tradición», añade González.

Esa es la herencia que recibió el Althay Páez. «Mi abuelo me ponía cintas de Totoyo», cuenta el joven timplista. «Fue el maestro del timple y seguirá siéndolo porque sus grabaciones están ahí. Eso va a quedar. Escuchándolo te das cuenta de que tenía magia en sus manos», comenta el instrumentista majorero.