El músico grancanario Chano Gil. / C7

«Nunca temí por mí, pero sí por mis alumnos que se quedaron»

El trompetista Chano Gil fue a Ucrania para participar en un evento cultural. Este lunes aterrizó en Gran Canaria después de más de 80 horas de viaje

B. Hernández
B. HERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

El músico Chano Gil viajó a Ucrania el pasado día 18 para participar en un evento cultural que se había retrasado por la pandemia. Lo que debió ser una experiencia «enriquecedora», dice, «se convirtió en una tortura, algo muy triste». Pocas horas después de volver a Gran Canaria, asegura que «nunca sentí temor por mí, pero sí siento mucha preocupación» por los alumnos a los que fue a dar clase y por los profesores con los que convivió esos días, porque no ha logrado contactar con ellos.

Este lunes a las 10:30 de la mañana, Gil pisó el aeropuerto grancanario. De madrugada había llegado a Madrid en un avión fletado por el Ministerio de Exteriores procedente de Cracovia. Era el final de un viaje que se inició cuatro días antes en Dnipro, en el sudeste de Ucrania. Aunque solo iba a estar el fin de semana en esta ciudad, su vuelo fue cancelado. Consiguió un nuevo billete para el jueves pero ese día empezó la guerra y con ella la odisea para volver. Junto a un compañero músico se dirigían al aeropuerto en taxi y «escuchamos una bomba a un kilómetro de distancia». Sobre la marcha le pidieron al taxista que los llevara a Kiev «y que le dábamos lo que nos pidiera». Eran las 5:30 de la madrugada y llegó a la capital a las 12 del mediodía. En este tránsito intentó llamar a la Embajada de España sin lograr respuesta y decidió, a través de un amigo concejal de Firgas, contactar con el Gobierno canario. «Mi miedo era que se fuera el convoy y me dejara sin poder salir». Señala que no se veían signos de guerra en la calle porque hasta entonces, solo atacaban puntos estratégicos.

Al llegar a la Embajada, dice, «por fin respiré. No solo porque ya nos ofrecían una vía para salir y la seguridad de los GEO, sino porque habia familias, niños... Eso me dio mucha tranquilidad». Su «gran pena» es que desde ese día no sabe nada del músico ucraniano que le acompañaba.

Empezó entonces un largo viaje de 72 horas por carretera hasta llegar a Cracovia. Fueron tres días sin parar ni siquiera a dormir porque los servicios de seguridad entendieron que las carreteras secundarias eran la ruta más segura, aunque fuera más larga. En el camino, indica, lo que se veía era desolador: ciudades a oscuras para dificultar los ataques y ni un alma en la calle.

Llegar a la frontera fue complicado porque «fue muy largo, estábamos muy cansados y la carretera estaba colapsada». A unos 20 kilómetros de Polonia, la cola era tal que ya la gente dejaba los coches y salía andando. «Podías estar hasta tres horas sin moverte nada». En el trayecto solo hubo un momento en el que cundió el pánico, cuando les dijeron que un puente que debían cruzar había sido destrozado. Era una información errónea. El puente estaba en obras y pudieron cruzar. «Es un drama terrible», señala Chano Gil, quien subraya que en la frontera «encontramos mucha gente que quería entrar. Eran ucranianos que volvían a su país para defenderlo del asedio ruso».

Destaca el trato y el trabajo tanto de la Embajada como del Gobierno canario, que mantuvo el compromiso de no publicar su nombre hasta estar a salvo porque «solo mi hermana sabía lo que estaba pasando».