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Aspecto que presentaba ayer la carretera a su paso por Tajuya, una de las poblaciones más próximas al volcán de la zona no evacuada. EFE

La mayor magnitud de los seísmos alarma a la población de Mazo y Fuencaliente

Los científicos del Pevolca explicarán mañana a los vecinos de ambos municipios el origen de los terremotos para tranquilizarles

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 8 de octubre 2021, 02:00

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El volcán sin nombre de La Palma es impredecible. Si el miércoles presentaba una menor sismicidad y los tubos volcánicos conducían la lava hacia el mar aportando tranquilidad a los propietarios de fincas y casas aledañas a la colada, ayer volvió a sobresaltar a la población que reside a los pies de Cumbre Vieja con un aumento de la sismicidad sentida. De hecho, sobre el mediodía, se produjo el terremoto de mayor magnitud de los registrados en La Palma desde el inicio del enjambre sísmico el 12 de septiembre: un seísmo de magnitud 4.3 a 35 kilómetros de profundidad en la dorsal de Cumbre Vieja, al oeste del pago de Malpaises, en el municipio de Villa de Mazo.

La inquietud sembrada por el terremoto, sentido incluso en la otra punta de la isla, en Las Tricias, en Garafía, ha empujado a las autoridades locales a pedir a los científicos del Pevolca que expliquen a la ciudadanía de Mazo y Fuencaliente el origen de estos temblores, cada vez más acusados. Este encuentro tendrá lugar mañana, a las 16.00 horas, en el polideportivo municipal de Mazo, y, a las 19.00 horas, en el Centro Cultural Los Canarios, en Fuencaliente.

«La intención es que, ante lo que todos estamos sintiendo bajo nuestros pies, podamos informar a los vecinos con el afán de tranquilizarlos», señaló en rueda de prensa el director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende, sobre el objetivo de estas charlas que también se retransmitirán en directo por internet.

Morcuende resaltó que estos seísmos se están produciendo en la zona donde se inició el enjambre sísmico a profundidades superiores a los 10 kilómetros y, pese a que son más sentidos, están disminuyendo en frecuencia. Además, recalcó que no hay ningún indicador que apunte a la posible aparición de un nuevo centro emisor alejado del cono volcánico. «Por el momento, con las condiciones actuales de sismicidad, de deformación del suelo y de presión de gases, no parece nada probable que aparezca un centro emisor distinto al del actual volcán», subrayó el técnico.

En todo caso, Morcuende se mostró cauto ante el dinamismo del proceso eruptivo y no descartó totalmente esa remota posibilidad. «Hay que hablar siempre con prudencia respecto a los datos, porque lo que decimos hoy, a lo mejor mañana, no es», reconoció el director técnico del Pevolca.

De hecho, la tranquilidad que supuso la constatación de que la lava principal discurría por tubos volcánicos hasta el mar duró poco y ayer surgió un nuevo ramal que se desvió hacia el sur alcanzando la zona de Las Hoyas y destruyendo invernaderos, fincas de plataneras, depósitos de agua y algunas edificaciones. En total, ese dedo de lava, surgido el miércoles sobre las 17.00 horas en Los Barriales, ha arrasado cerca de 50 hectáreas, según indicaron fuentes del sector platanero. Además, se espera que la lengua de lava alcance el mar en las próximas horas a la altura de la playa de El Charcón, atravesando el llano de la fajana creada en 1949 por el volcán de San Juan.

Según Morcuende, lo esperable es que el espacio atrapado entre la morrena de la colada principal y el nuevo dedo se vaya rellenando paulatinamente de lava, lo que aumentaría la superficie dañada en esta zona de alto valor productivo.

El volcán nacido hace ya 20 días en Cabeza de Vaca se ajusta al guion que se está fraguando en las entrañas de la tierra, justo bajo la corteza sobre la que descansa la isla. Sin embargo, parte de lo que allí ocurre escapa al conocimiento de los científicos, quienes vigilan con atención el desarrollo del proceso eruptivo.

Lo que sí se sabe es que la emisión de dióxido de azufre (SO2) se mantiene en valores altos y el volcán expulsó el miércoles unas 13.100 toneladas de este gas, lo que significa que el fin de la actividad eruptiva aún no se atisba en el horizonte.

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