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El veterinario Pascual Calabuig, director del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre (CRFS) de Tafira. C7
El veterinario Calabuig es juzgado por un delito contra la integridad moral

El veterinario Calabuig es juzgado por un delito contra la integridad moral

Una empleada del Cabildo lo denunció por, presuntamente, «humillarla y menospreciarla». El acusado negó este jueves los hechos en la vista oral

CANARIAS7

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 19 de mayo 2023, 02:00

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Este jueves se celebró un juicio que sentó en el banquillo al veterinario Pascual Calabuig, director del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre (CRFS) de Tafira, acusado de haber presuntamente humillado y despreciado a una compañera suya durante años. La también veterinaria lo denunció y ayer fue la vista en la que la Fiscalía Provincial interesa una condena de dos años de prisión e inhabilitación para empleo y cargo público y el pago de 40.000 euros por la supuesta comisión de un delito contra la integridad moral. Por su parte, Calabuig lo negó todo y su abogado pidió la libre absolución.

Los supuestos hechos que acusó el Ministerio Público se produjeron en un contexto en el que el acusado desarrollaba funciones de coordinación y dirección en el centro del Cabildo donde se desarrollaba la cría en cautividad del pinzón azul. Calabuig era superior jerárquico de la denunciante, técnica veterinaria en ese estamento y, según esta parte, actuó «con la intención de humillarla y menospreciarla cada vez que tenía ocasión».

El fiscal entendió que el denunciado «realizó acciones» como «insultarla, hablarla de forma grosera, le obligaba a estar más tiempo en el trabajo del que le correspondía y aún así le decía que no trabajaba lo suficiente». También, supuestamente, «hizo correr el rumor de que mantenía relaciones con personas del centro», «le incomodaba para que no pudiera realizar operaciones quirúrgicas de forma adecuada e incluso, en una ocasión, en el año 2013 le tiró por las escaleras», sostiene el escrito.

Insiste el fiscal en que «era habitual que el acusado comentara con el personal» que la denunciante «era incompetente», usando expresiones del tipo: «No vale lo que haces», «vaya chapuza» y «rechazaba, por sistema, cualquier tipo de aportación o propuesta que realizaba».

Incluso, destacó el Ministerio Público en su informe final, que el acusado, «en presencia de algunos compañeros de trabajo», quitaba «importancia al trabajo que hacía» esta trabajadora, «la criticaba duramente» y tenía «un comportamiento brusco y violento» en el ámbito laboral.

En el año 2017, la acusación sostuvo que Calabuig «insistía constantemente» a la denunciante «que los pollos de pinzón se morían como consecuencia de que ella ponía bacterias en el agua de riego», y que luego «se valía del sexo», para conseguir que el técnico de laboratorio del agua informase «lo que ella le decía». También «le decía que se inventaba las cosas y que estaba loca».

Refiere también la acusación a un correo que supuestamente envió Calabuig a compañeros, también a una publicación que colgó en un tablón de anuncios y a un artículo de opinión que escribió en un periódico, todos ellos hablando mal de la veterinaria.

El juicio, celebrado por el Juzgado de lo Penal número 1 de Las Palmas de Gran Canaria, quedó visto para sentencia.

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