La playa, ya vacía de hamacas. Sobre la arena, los chiringuitos que caerán. / C7

«Esto es una vergüenza, ¿cómo dejan la playa así?»

Puerto Rico, sin servicios. Empleados y usuarios se movían ayer entre la indignación y la incredulidad. Ni hamacas ni aseos ni socorristas en plena temporada

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Mogán

Diez de la mañana. 25 de noviembre. Temporada alta de turismo en Canarias. La Avenida Tomás Roca Bosch, la principal calle de la trama urbana de Puerto Rico, es un ir y venir de turistas. Pero la playa, una de las más señeras de la isla y de Mogán, luce vacía. La mañana fría no invita al baño. Tampoco la falta de servicios en la cala. No hay ni hamacas ni sombrillas. Y los aseos, bajo el paseo marítimo, están cerrados a cal y canto. «Esta mañana ya vinieron varios turistas a preguntar», apuntó una trabajadora del local de al lado.

Antes lo atendía una persona que cobraba 60 céntimos de euro. Desde este jueves ya no está ni va a estar en su puesto de trabajo. Tampoco los socorristas ni los hamaqueros. Los que estaban, andaban de arriba para abajo acarreando tumbonas. Las trasladaban de la arena, donde estaban apiladas desde el miércoles al mediodía, al paseo.

Nadie sabe muy bien qué ha pasado, y lo poco que saben, lo saben por los medios de comunicación. La Demarcación de Costas de Canarias, organismo que depende del Ministerio de Transición Ecológica, revertió el miércoles la concesión de la gestión de la playa que asumía Puerto Rico SA desde 1972, y se la pasa ahora al Estado, pero no ha dejado resuelto, al menos a tenor de los hechos, quién coge el testigo en la práctica, quién limpiará la playa y quién asumirá los servicios de temporada, desde las hamacas a los aseos o el socorrismo. El Ayuntamiento de Mogán pidió asumirlo hace años, desde que Costas le denegó a Puerto Rico SA la prórroga que pidió. Sin embargo, todavía no ha recibido respuesta oficial.

Arriba, un empleado del Golden Beach improvisando unas sillas-hamacas para sus clientes. Abajo, trabajadores retirando de la arena las tumbonas que habían apilado el miércoles, y estampa de los aseos cerrados a cal y canto. / C7

«Es una vergüenza que hayan dejado la playa así», se lamentaba un trabajador. «Con lo que hemos pasado...». Ni una notificación. Ni un comunicado. Y eso que entre los afectados figuran los dos chiringuitos que están sobre la arena, para cuya demolición Costas ha dado dos meses. Uno lo gestiona directamente la hasta ahora concesionaria y ya está informada, pero el otro no. Tampoco saben nada los gestores de los locales que tienen un uso y disfrute concedido en su día por Puerto Rico SA, a los que Costas, por cierto, y según esta entidad (porque Costas aún no ha atendido a este periódico), les manda a echar el cierre. La lista de empleados que está a un paso del paro puede ser muy larga. Solo de manera directa, entre socorristas, hamaqueros y limpiadores, hay 25 trabajadores afectados.

«Estaba comiendo y de repente veo a los hamaqueros quitando las tumbonas», se queja otro empleado, aún atónito ante la escena que vivió el miércoles. «Que en plena temporada alta le quiten este servicio a las 1.500 o 2.000 personas que acuden a diario a esta playa...». Muchos hablan, pero nadie quiere revelar su identidad. No quieren problemas. « Es una locura, porque el 80% de los turistas que viene a Puerto Rico pide tener hamaca», apunta un empresario, que asegura haberse tomado todo esto como si le hubiese caído «un balde de agua fría». Uno de los restaurantes, el Golden Beach, optó por ofrecer a sus clientes una alternativa: una silla-hamaca. Temen que tanta ausencia de servicios les vacíen las mesas. Con todo, lo peor, para otro, es la ausencia de los baños. «¿Cómo se niega un servicio tan básico? ¿Pero qué imagen estamos dando?».

La patronal reprocha a Costas su «falta de sensibilidad»

La patronal turística no compartió este jueves la forma en la que Costas ha gestionado la reversión de la concesión de la playa. José María Mañaricua, presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo (FEHT), se quejó, primero, de la «falta de transparencia» con la que suele actuar Costas en Canarias, y ello pese a que sus decisiones afectan seriamente a terceros, como en este caso. De hecho, un día después de la firma del acta de reversión, la mayoría de los posibles damnificados de la playa, desde empresarios a trabajadores, todos vinculados al turismo, desconocía cuál va a ser su futuro. Si podrán seguir abiertos o no.

Y en segundo lugar, criticó «la falta de sensibilidad» con la que Costas ha manejado esta reversión. «Lo sensato, como hace cualquier administración pública, es que la Demarcación hubiese arbitrado medidas para un traspaso ordenado de la gestión de la playa», se explica. Eso habría evitado que Puerto Rico se haya quedado sin servicios en plena temporada alta. Puso de ejemplo el traspaso, por ejemplo, de un servicio público de recogida de residuos de una concesionaria a otra. «La empresa que estaba lo sigue prestando hasta que lo asuma la nueva». Por eso lamenta el perjuicio que se le causa a residentes y turistas, y el daño que le puede provocar al destino. «Lamentablemente a Costas le importan muy poco esas cosas».