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Teresa Reyes, en la casa de una de sus hijas en Arinaga. ARCADIO SUÁREZ

Teresa, la mujer que prosperó sin soltar sus raíces

La fundadora de un supermercado y del restaurante El Labrador recibirá un homenaje este sábado junto a otras cuatro mujeres de Fataga

Gaumet Florido

Agüimes

Jueves, 21 de marzo 2024, 01:00

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Ahora, a sus 90 años, vive en Arinaga (Agüimes), pero su corazón y su memoria están ligados a Fataga. Allí se crio y allí pasó toda su vida, hasta hace solo 7 años. Ni ella lo olvida ni este caserío tampoco. La historia de este pueblo de San Bartolomé de Tirajana no se entiende sin el carácter emprendedor y el compromiso con el trabajo y con sus vecinos de María Teresa Reyes López, la mujer que llevó las riendas, junto a su marido, Manuel Pérez Melián, del supermercado de Fataga y el restaurante El Labrador.

Teresa, o Teresita, como la conocían, es historia viva de la generación que se deslomó por sobrevivir entre condiciones entonces muy precarias y que, a base de sacrificio, no solo sacó adelante a su propia familia, sino que contribuyó al buen nombre de Fataga. Teresa no fue la única. En ese podio de honor también figuran Caridad Moreno Artiles (93 años), María del Pilar Moreno Falcón (92), María del Rosario López Reyes (77) y Clara María Cabeza González (71).

Son las cinco vecinas a las que el Ayuntamiento, en colaboración con la asociación de vecinos Arteara de Fataga, pretende homenajear este sábado en el marco de la I Feria de la Mujer Rural, que se celebrará, de 10.00 a 15.00, en el pago tirajanaro de casas blancas. El reconocimiento tendrá lugar entre las 12.30 y las 13.00 horas, casi el colofón a una jornada en la que habrá un taller de garrote canario y varias actuaciones musicales.

Su potaje de berros tuvo fama insular

Teresa anda nerviosa. Quiere dar las gracias y le impone. «Dice que le da vergüenza», apostilla su hija Sonia. Pero no tiene por qué. Teresa es profeta en su tierra. Prosperó dando prosperidad a su pueblo. Fue aquí donde emprendió varios negocios, algunos de los cuales ayudaron a poner a Fataga en el mapa. Su potaje de berros le dio fama en la isla. Y su tienda de artesanía ha decorado casas de media Europa.

Teresa Reyes y Manuel Pérez, junto a dos de sus nietos.
Teresa Reyes y Manuel Pérez, junto a dos de sus nietos. C7

«Yo fui la más chica de 10 hermanos», recuerda. Su madre, Carmen Vera, ama de casa, y su padre, Jacinto Reyes, albañil. «Si se entera que ahora vivo aquí...». Estuvo trabajando en los hornos de cal de Arinaga y no le dejó precisamente buenos recuerdos. Lo cierto es que Jacinto murió pronto y Carmen se quedó sola con tantos hijos.

«Hambre no pasamos, pero sí necesidades». Su nieto Miguel Ángel Sánchez le pide que cuente la anécdota de la gallina, «una de esas de cuello pelao que tenían en la casa». Entonces un animal era un tesoro y en aquel hogar, más. Una de esas aves se zampó hasta casi atragantarse tal volumen de pipas de albaricoque que el cuello se le hinchó como un tonel. «Pues mi madre la abrió, se las quitó y la cosió, ¿tú quieres creer que la salvó?».

Primero fue una tienda de aceite y vinagre

El hermano de Manuel le alquiló un cuarto a la madre de Teresa para montar una tienda de aceite y vinagre y Manuel acabó trabajando con él. Allí lo conoció Teresa. Tenía 25 años. A los 27 se casaron y juntos formaron una familia con cuatro hijos: Manolo (que ahora regenta el supermercado), Jacinta, Miguel (que falleció con 18 años al precipitarse en un vehículo por una presa) y Sonia.

Manuel se acabó quedando con la tienda y desde 1958 la llevaron los dos. Ayudaron mucho a sus vecinos, que solo pagaban cuando cobraban. Aún conserva las libretas de los fiados. Pero Teresa quería emprender. Le echó un ojo a un solar que era de un cubano. Tanto se empeñó que logró comprarlo. Allí levantó un supermercado y en mayo de 1977, El Labrador, con una tienda de artesanía.

Los comienzos no fueron fáciles. Sonia recuerda cuatro o cinco años de ver a sus padres angustiados por las deudas, pero salieron adelante. Sin saber idiomas llenaban el restaurante y la tienda con las excursiones de turistas. Y Teresa era la que se fajaba en el Puerto a la caza y captura de artesanía. Eso sí, durante décadas vivieron para trabajar. También les ayudaban sus hijos. Todo sumaba. Manuel murió en 2004, pero Teresa mantiene vivo el legado de aquel esfuerzo conjunto. Por ese se merece que su pueblo le tribute un reconocimiento. Teresa emprendió sin olvidar ni soltar sus raíces, como a ella le gusta recalcar.

Otras cuatro luchadoras que levantaron Fataga

Entre las cinco mujeres que homenajeará Fataga figuran Caridad Moreno, la abuela del pueblo, de 1931. Con 19 años emigró al sureste para trabajar en los tomateros. En 1964 se casó con Carlos Vera, con el que tuvo dos hijos, pero enviudó pronto, a los 4 años. «He pasado mucho y he sufrido mucho. No tuve una juventud muy agradable», afirma. Es una mujer muy querida en el pueblo.

Caridad Moreno, abuela de Fataga.
Caridad Moreno, abuela de Fataga. C7

María del Pilar Moreno (1932) estuvo muchos años trabajando en la agricultura, incluso después de que su marido, Sixto García, con el que se casó en 1961, entrara como policía local. Tuvieron cuatro hijos.

María del Rosario López Reyes nació en el Ingenio de Santa Lucía en 1947. En la tienda de sus padres conoció a su marido, el fataguero Antonio Vera, con el que crio tres hijos. Montaron juntos el Bar Los Giles, que el pasado martes cumplió 42 años, y tres meses más tarde abrieron la actual gasolinera del pueblo.

María del Pilar Moreno (foto superior), debajo, María del Rosario López Reyes y Clara Cabeza. C7
Imagen principal - María del Pilar Moreno (foto superior), debajo, María del Rosario López Reyes y Clara Cabeza.
Imagen secundaria 1 - María del Pilar Moreno (foto superior), debajo, María del Rosario López Reyes y Clara Cabeza.
Imagen secundaria 2 - María del Pilar Moreno (foto superior), debajo, María del Rosario López Reyes y Clara Cabeza.

Y Clara Cabeza, natural de Agüimes, trabajó como empaquetadora de tomates en el Cruce de Arinaga y en 1974 se casó con Ángel Mejías. Tuvieron 3 hijos. Hacía calados canarios y ahora se encarga de limpiar la iglesia.

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