Un abandono de película en Telde

Okupas, destrozos y vandalismo marcan el presente del edificio de Multicines Telde, cerrado desde 2011 y convertido en nuevo foco de conflicto en plena zona cero de la ciudad

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

En sus salas se tuvieron que ver algunas de las mejores películas de terror de la primera década del siglo XXI, pero, paradojas de la vida, hoy podrían pasar como escenario ideal para el guion de un filme de este género. El edificio que albergó las 7 salas de Multicines Telde, en pleno casco urbano y al lado mismo de los inacabados Palacio de la Cultura y del aparcamiento subterráneo de Arnao, entra por la puerta grande en el selecto club de la desidia y de la decadencia que representa la zona cero de la ciudad. Y lo hace por derecho propio. Porque ya alberga okupas, porque presenta destrozos y porque está a las puertas de convertirse en la nueva meca de los vándalos.

Hasta ahora los cines se habían librado de sus malas artes. Los concesionarios del inmueble, con tres plantas para locales comerciales y el sótano para las salas, le echaron el cerrojo hace mucho tiempo, en verano de 2011, pero habían logrado mantenerlo cerrado a cal y canto, salvo puntuales asaltos. Sin embargo, hace unos días alguien rompió el cristal que tapaba el vano inferior del escaparate de una pizzería que da al vecino, y protegido, Molino del Conde, y puso la primera palabra del guion de serie B que se avecina para el futuro de este edificio si alguien no lo remedia. No en vano, las alarmas saltaron después de que varios jóvenes instagramers se hayan jactado estos días de hacerse fotos y vídeos entre sus paredes.

Alfonso Melo, portavoz de la familia concesionaria de los cines, recordó este martes que su empresa ha demandado al Ayuntamiento por haber incumplido el acuerdo que suscribieron ambas partes para la rescisión del contrato que les vinculaba y que implicaba el reconocimiento, por parte del consistorio, de una deuda con la empresa, valorada en 6 millones de euros, pese a que, como advierte Melo, la inversión fue un millón superior. Por eso, subrayó, hasta que ese contencioso no se resuelva, el edificio ya no les compete y es el Ayuntamiento el que ha de velar por su integridad y por la seguridad de quienes lo transiten. Según el contrato, la empresa lo construía y lo gestionaba por un número de años, pero el edificio es público.

Es público sobre el papel, y ahora también en la práctica, porque a poco que se tenga algo de agilidad, cualquiera puede acceder a su interior. Salvado el obstáculo, casi lo primero que sorprende al visitante es una bobina que aún conserva el rollo de la película. La dejaron, en pie, delante de lo que en tiempos fue la taquilla de estos cines, que apenas duraron abiertos siete años. Los pasos dejan tras de sí el sonido sordo del crepitar de los cristales rotos. Se esparcen a miles por el hall del edificio. La vista desde aquí alcanza la segunda planta. Solo hay silencio. De las balconadas de los pisos altos caen suspendidos rollos de papel como serpentinas de abandono.

Hay destrozos, pero no tantos, no al menos como en otros tristes ejemplos del Telde que soñaron algunos y que quedó en pesadilla. Los amigos de lo ajeno y los vándalos están en ello. Ya han sido retirados varios paneles de los falsos techos para empezar el desmantelamiento habitual de las instalaciones. Están desarmando enchufes y pantallas. Sí hay mucha basura y excrementos de personas. Los rastros más evidentes de vida humana reciente se dejan ver en la última planta. Al okupa que la disfruta le gustan las vistas. Desde aquí son espectaculares, aunque den al mismísimo núcleo de la zona cero. Y también le gusta el cine. Junto al colchón que le sirve de lecho en la cocina de lo que fue un pub se habilitó un friso de carteles de películas. Al menos, así dormirá de cine.