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Francisco se ha dedicado toda su vida a la mecánica y ahora ha venido hasta Telde para rescatar al reloj de la iglesia de San Juan Arcadio Suárez

Al reloj de San Juan todavía no le ha llegado su hora

Dos ciudadanos están arreglando esta pieza de la iglesia de manera voluntaria y harán que vuelva a funcionar más de 15 años después

Sábado, 10 de junio 2023, 23:14

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Al reloj de San Juan todavía no le ha llegado su hora. Aunque haga más de 15 años que sus manecillas se quedaron congeladas marcando las 12.30 horas, su vida no ha llegado a su final. Será así gracias a que se cruzó con la mirada de José Juan Díaz Luján. Este teldense, con residencia en el barrio de Jinámar y raíces en Gáldar y Artenara, al que le gusta visitar la Basílica de San Juan cada vez que puede, no aguantaba ver ni un minuto más el reloj parado y hace unos meses habló con José María Cabrera, párroco de esta iglesia, para ofrecerse a arreglarlo.

Aunque sea el impulsor de esta bonita iniciativa para devolver la energía a las agujas del artefacto, José Juan tan solo se siente un ayudante, pues el trabajo se lo encargó a un amigo suyo, Francisco de Dios Lozada, un gallego que vive desde los años 70 en Canarias. Francisco, mecánico de profesión y con grandes dotes y experiencia para reformar maquinarias de todo tipo, está trabajando con todo su empeño, ganas e ilusión para que la torre vuelva a disponer de un reloj activo.

José Juan junto al motor a la estructura que hace funcionar el reloj. Arcadio Suárez

El deseo de José Juan es que por su santo, el 23 de junio, la maquinaria vuelva a estar funcionando. Sin embargo, su compañero de faena no está tan seguro de ello, pues debido a la calma con lo que se lo están tomando y todo lo que Francisco tiene pensado hacer «para que no se rompa en muchos años», este objetivo no parece del todo realista. La única posibilidad será ponerlo a funcionar ese día y seguir haciéndole mejoras cuando pase la fiesta.

Pero Francisco no tiene prisa. Solo tiene entre ceja y ceja realizar un trabajo limpio para hacer que el artilugio de unos 70 kilos no vuelva a sufrir percances y que su entorno sea el más seguro posible.

Ambos, jubilados y voluntarios en esta labor, visitan cada viernes la basílica del casco antiguo de Telde para estar dos o tres horas dedicados a mejorar este anticuado aparato, aunque en realidad esta no se trata de la pieza original al completo.

Una pieza que no es la auténtica

A mitad delsiglo XIXla Heredad de regantes de la Vega Mayor de Telde siente la necesidad imperiosa de tener un reloj. Tenían uno de agua y otro de arena, pero querían poseer uno grande para colocarlo en la plaza principal de la ciudad.

Para que fuese muy visible a todos los ciudadanos, pensaron que el mejor sitio para ponerlo era en lo alto de la iglesia de San Juan. Para ello, cuenta Antonio María González Padrón, cronista oficial de Telde, «se construye una torre de mampostería y cal blanca, a la que le llaman la torre blanca o torre del reloj, y encargan la compra del artefacto al conde de la Vega Grande, que en aquellos momentos se encontraba en una visita por Londres (Inglaterra).

La mitad del coste del reloj lo paga la Heredad, que en ese entonces era la institución más rica y más importante desde el punto de vista social y económico de la ciudad, ya que esta tenía una sociedad principalmente agrícola y ganadera, lo que generaba que quien poseía el agua poseyera el poder. La otra mitad lo paga el gobierno de la Catedral de Santa Ana de la capital grancanaria.

Vista desde la torre del reloj a la plaza de San Juan. Arcadio Suárez

«El cronista de aquella época, –cuenta González– narró en sus escritos que cuando ya se instala el reloj en la torre de la basílica se empiezan a marcar las horas a partir de las 12.00 horas. Para celebrarlo se sacan papahuevos y se tiran al cielo fuegos de artificio. Es una gran fiesta ese día en la ciudad».

«El reloj que tenemos ahora es de cuando se reforma la iglesia alrededor del año 2000. En ese momento se cambia el mecanismo para automatizar el campanario. Ya no hay que darle cuerda ni hay que tocar las campanas de manera personal», asegura el cronista.

«Como el disco externo del reloj estaba muy maltrecho y muy desgastado, se cambia por uno nuevo. Se coloca una nueva pieza y la parte retirada se guarda y se conserva en una de las dependencias de la propia basílica de San Juan», añade.

El reloj que queda ahora es en parte nuevo y en parte antiguo. La parte visible –el disco y las agujas– es más reciente. Sin embargo, el mecanismo tiene gran parte de la estructura antigua.

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