1. Elena Sánchez, dueña de Molino de Fuego, posa con el gofio ganador del doble galardón. / ARCADIO SUÁREZ

El oro molido del Molino de Fuego mantiene su esencia desde 1903

El gofio de millo del histórico negocio teldense ha sido galardonado con la Gran Medalla de Oro en el Concurso Oficial de Gofios Canarios Agrocanarias 2022

Juan Pérez Benítez
JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

A pocos meses de llegar a los 120 años de vida, el legendario Molino de Fuego sigue manteniendo su actividad intacta desde que comenzase en enero de 1903. El sabor y el aroma de sus gofios mantienen la esencia y el cariño del primer día. Como recompensa se ha llevado recientemente la Gran Medalla de Oro y una mención a Mejor Gofio de Grano Local 2022 en el Concurso Oficial de Gofios Canarios Agrocanarias de este año, celebrado en Lanzarote, con su producto estrella hecho a base de millo cosechado en tierras de Gran Canaria.

Elena Sánchez, la dueña, y Santiago Rocha, su marido y gestor del comercio, presentaron en este certamen varios tipos de moliendas realizadas con diferentes semillas como la cebada o el trigo. Pero fue su joya de la corona, el gofio de millo local, el que se llevaría la palma como uno de los mejores gofios de Canarias.

Un premio a la constancia y al bien hacer de un producto identitario en el archipiélago. Este llega tras superar un bache por malas gestiones internas que casi le cuesta el cierre justo antes de que explotase la pandemia de coronavirus. Si a la gran mayoría de los comercios el confinamiento les perjudicó considerablemente, a este negocio familiar que ya vive su cuarta generación le hizo remontar el vuelo. «La gente mayor, sobre todo, compraba mucho gofio pensando en un posible desabastecimiento de comida en las islas», cuenta la dueña.

Elena recuerda a sus padres toda la vida en este local de la calle María Encarnación Navarro, número 25, en San Gregorio, la cual sigue manteniendo tras más de un siglo el olor característico del gofio recién molido. Es por ello que estos galardones se los dedica en este caso a su madre, Celia Fontaine, quien justo falleció cuando la tienda parecía que iba a cerrar definitivamente a causa de los problemas económicos.

De su padre también se acuerda. Fue él quien reformó entorno a la década de los 80 el almacén, donde por supuesto muelen el gofio ellos mismos. Sustituyó los viejos y costosos molinos de piedra por una maquinaria más moderna que se mantiene hasta día de hoy.

El proceso que llevan a cabo para sacar del millo local un reluciente y sabroso gofio, es tan simple como efectivo. Primero se limpia el grano. Se le quita todo el polvo, los carosos y las piedrillas que pueda tener con un máquina especializada. Se deja secar y de ahí va directamente al horno, donde se tuesta para darle su rico sabor. Se deja enfriar un día y transcurrido ese tiempo estará listo para moler, servir y degustar.

Su éxito es tal que cada día venden 200 kilos de gofio a granel en su tienda, sin contar la gran cantidad de producto que envían a los restaurantes y en otros tipos de pedidos a diario.

Está claro que este alimento que lleva acompañando a las Islas desde los primeros pobladores aborígenes no ha pasado de moda. Su alto valor nutritivo, su bajo coste, su carácter perecedero y su delicioso sabor siguen haciendo que sea el rey en las mesas canarias y un símbolo culinario y cultural del archipiélago. Por ello es importante que negocios centenarios como el Molino de Fuego sigan mimando de esta manera este producto para desayunar con la leche, hacer las pellas del sancocho, quemarse la lengua con los escaldones, acompañar el potaje o crear todo tipo de postres.

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